Hola, corazones. El otro día comentaba con una amiga, que fue quien me lo hizo notar, lo incómodos que son los pavimentos especiales para que las personas invidentes detecten cuándo se están aproximando a esquinas, cruces y pasos de cebra. Una idea que es excelente, y absolutamente necesaria, pero que se está convirtiendo, cada día, en una tortura mayor para mí. Resulta que el pavimento en cuestión está formado por unos topos, abultamientos cilíndricos, que se clavan de forma casi lacerante en la planta del pie, sobre todo cuando llevas suelas blandas. Confieso que cuando mi amiga comenzó a hablarme mal de ese suelo, yo pensaba que era una exagerada, pero me he debido de volver más delicado con la edad (o es que ahora peso más y claro, se me clavan más), y cada vez los aguanto menos. Me pregunto yo si no habría alguna manera para que las personas que lo necesitan puedan percibir dónde pisan sin necesidad de destrozarse los pies (porque a ellos también se les clavarán los «pivotitos»,...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.