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Mostrando entradas de marzo, 2011

Un pensamiento de Eugene Ionesco

Hola, corazones. Pues parece ser, según dicen, que ha llegado ya la primavera. Yo me adelanté ligeramente, como el tiempo (recuérdense las agradables temperaturas del fin de semana pasado), y ya el viernes establecí la primavera en mi casa. Compré un pequeño ramo de flores, concretamente cinco iris muy cerraditos y una esplendorosa flor de cardo, y los puse en un estrecho y alto jarrón de cristal, en mi salón, junto a la ventana. El sábado por la mañana la alegría de los iris abiertos llenaba por completo mi casa, minúscula pero muy agradecida. Y así han estado, abiertos, hermosos, con «la color morada» y su veta amarilla, hasta encogerse y marchitar a final de la semana. Los iris, porque el cardo sigue ahí, lustroso, vigoroso, recio y hermoso a la vez (¡Jesús, qué adjetivos he adjudicado al cardo! ¿Y me atrevo a compararme a él, yo, que no soy ni vigoroso, ni recio ni hermoso?). Esta costumbre de comprar flor cortada fresca y componerla yo mismo en un jarrón es algo que tengo aprend

Un pensamiento de Hesíodo

Hola, corazones. Una mañana fresca (pero no fría) y luminosa como la de hoy vino precedida por una tarde sencilla (pero no aburrida) que me deparó alguna que otra sensación agradable. Después de una sesión de plancha de unas dos horas y media, me dispuse a ver el informativo y a cenar [si hemos de atenernos a los tópicos, no soy humano: planchar me entretiene, me relaja, ¡y lo hago bien!; si seguimos en tópicos, se podría dudar de mi género, ya que pocos somos los hombres que confesamos sin pudor que la plancha no nos resulta una actividad imposible]. Y cuál no fue mi sorpresa cuando, en medio de un informativo (vale, era Telemadrid , no sé qué pasaría en otras cadenas), me encontré con una improvisada lección de cultura religiosa, con tintes de hagiografía, de historia de la Iglesia y de, pásmense todos, ¡teología trinitaria! Cierto es que la cosa (la lección) era muy rudimentaria, y estaba expresada, además, en un horroroso español con marcado acento insular (no canario, no, de más a

Un pensamiento de Francisco J. Castro Miramontes

Hola, corazones. Ayer estuve en un acto de empresa. O en un acto de vida interior. ¿Te has vuelto majara, me diréis? Pues no. O sí. En estas cosas no sabe uno cuándo está tocado y cuándo lo que oye, lo que ve, aquello de lo que es testigo, le toca la fibra y se convierte en parte de su vivencia. Y eso es lo que me ocurrió ayer. Eso es lo interesante que tiene un trabajo como el mío, que uno puede estar leyendo un día un pesadísimo tratado escatológico repleto de citas bibliográficas, y a continuación encontrarse con una nueva versión de Caperucita Roja o con una vida rica y compleja como la de Edith Stein, por ejemplo. O como ayer, uno puede leer, y escuchar de viva voz de sus autores, algunas Historias que curan el alma. Se trata de un libro que han escrito mano a mano dos sacerdotes, de esos que uno conoce y no se cree que existan, viendo lo que hay por ahí. Uno es un franciscano, Paco Castro , gallego, que es todo un lujo de cercanía y espiritualidad, que trasmite serenidad sólo co

Un pensamiento de Fernando Savater

Hola, corazones. Esta semana he leído un interesante libro. No puedo revelar su contenido, porque es algo que está relacionado con mi trabajo, pero sí puedo mencionar, creo, un comentario que aparece en él. En un momento determinado de la historia, el protagonista recuerda unas observaciones que hizo Viktor Frankl acerca del comportamiento humano en casos de extrema dureza. Decía Frankl , que como sabéis sobrevivió a Auschwitz y se convirtió en un personaje afamadísimo por sus libros, sus palabras y su trabajo, que los seres humanos, en situaciones como la que él mismo vivió en Auschwitz, sobreviven en mayor medida cuando tienen una gran fe, un gran amor por sus seres queridos, una gran esperanza y una gran ilusión en el futuro, ilusión que se materializa y define en hechos concretos. De la misma manera, los pacientes que, sufriendo una enfermedad, tienen una meta, una esperanza, una ilusión, se enfrentan a la enfermedad de otra manera, y a veces, más de las que nos pensamos, logran