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Mostrando entradas de mayo, 2010

Feria del Libro 2010: «Ha dicho mamá que los libros no se abren»

Ya ha arrancado la Feria del Libro , y como siempre la caseta más divertida, animada y simpática es la de San Pablo . Este año hemos tenido mucha suerte en el sorteo: la 145 está cerca del Pabellón Infantil, centrada en el Paseo, en zona de sol de tarde y bajo las copas de los árboles, con el bar casi enfrente y los servicios cerca pero no pegados. Y por si fuera poco, en esquina, lo que nos permite un cierto desahogo en la aglomeración del público. Quien haya visto el telediario de las nueve del domingo, habrá podido comprobar que San Pablo cada vez está más presente en los medios: en la información sobre la Feria del Libro , que comienza hacia el minuto 40 del vídeo, salen en la caseta 145 Marinella Terzi , autora de los maravillosos Estornudos mágicos , y también con un simpático vendedor hablando con un niño. El vendedor soy yo, y salgo en el minuto 41:40, unos dos o tres segundos. Este es el enlace para disfrutar de mi estrellato: http://www.rtve.es/alacarta/la1/#786217 Estar

Un pensamiento de Nicolás de Maquiavelo

Hola, corazones. Ayer cuando llegué a mi casa y guardé en el armario la corbata y la camisa que me acababa de comprar, tuve una especie de pálpito relacionado con la ropa. Esta misma semana, al sacar por fin los pantalones de verano del altillo y probármelos, había tenido más o menos la misma sensación. Veréis, creo que las prendas son capaces de comunicarse entre ellas, y de alguna manera también con nosotros, sus dueños o portadores. Si no, ¿cómo se explica que, tras medio año guardaditos en una caja, más de la mitad de los pantalones hayan decidido a la vez reducir la cintura y, encima, decírmelo, todos, el mismo día? Considero una grosería y una auténtica revuelta por su parte, que ha acabado con muchos de ellos en el contenedor. ¿Por qué cada vez que una nueva camisa entra en el armario, las otras comienzan a gritar pugnando por su espacio, quejándose de que se arrugan, y arrugándose de mala manera para manifestar su disgusto por tener que cederle su sitio a «la nueva, esa adven

Desconocidas

Ya he hablado en otras ocasiones de Carmen Guaita . Es de esas personas que te atrapa desde que la conoces, que te inspira una confianza y una tranquilidad admirables, y enseguida te encuentras compartiendo con ella cosas que ni siquiera te habías atrevido a reconocer hasta ese momento. Es simpática, amable, bella, inteligente. Ayer un invitado a la presentación de su libro dijo que si tuviera que definirla en una palabra, sería «dulce». No discrepo, pero yo utilizaría otra palabra, un sustantivo: Carmen Guaita es «gracia». Es gracia porque posee un conjunto de cualidades que la hacen agradable, porque además de la hermosura de sus facciones su fisonomía posee un atractivo que emana de su interior, porque es afable en el trato con las personas, porque es benevolente y amigable, porque tiene sentido del humor, porque maneja la escritura (fondo y forma) con habilidad y soltura, porque hablar con ella (o leer sus libros), siempre, de alguna manera, te reconduce, te sitúa en el camino ade

Un pensamiento de Antoine de Saint-Exupéry

Hola, corazones. Vengo hoy con doble (o triple) resaca. Ayer tuvimos la presentación de un libro (más adelante, quizá hoy mismo, colgaré un post sobre el asunto, que merece mucho la pena), lo que significa que trabajé mucho, tanto que el reloj de fichaje no ha querido esta mañana reconocer la hora a la que salí ayer. Tengo, pues, la resaca de la satisfacción del deber cumplido, y la del cansancio, que suelen venir unidas. Añádase a esta la resaca de haberme entregado ayer a la cerveza en un grado ligeramente superior al habitual. No es que acabara la noche como las bodegas de una abadía belga, pero algo sí que me tomé, lo suficiente para que el cansancio acumulado y las pocas horas de sueño no hayan permitido al oro líquido su completa y perfecta asimilación. Por último, y quizá esto sea lo peor, esta mañana el autobús tenía un contundente olor a amoniaco, gracias al cual me siento entre intoxicado y nebulizado. Por todo esto, y porque me esperan por un lado un montón de textos que red

Un pensamiento de Ralph Waldo Emerson

Hola, corazones. Hoy he tenido en el autobús una de esas sensaciones a caballo entre el recuerdo y el «esto ya me ha ocurrido», que los franceses llaman dejavú (sí, ya sé que no se escribe así, pero suspendí el francés, con él siempre me he atragantado). En el asiento contiguo al que yo he ocupado viajaba una señora, absorta en su lectura, cuyo rostro era el mismo retrato de mi abuela. El moño gris recogido y las gafas hacían su parte, pero el rostro era idéntico, incluso la misma expresión, más bien adusta. Y me he puesto a pensar en los recuerdos, esas evocaciones que hacemos de la gente con la que hemos convivido y de las circunstancias pasadas, que de repente, sin saber por qué, reflotan, y lo hacen siempre con diferente intensidad, tamizadas por nuevas experiencias, por nuevos recuerdos, por nuevas personas. Y en esas estaba, tan profundo, cuando el autobús ha llegado a destino y yo a mi puesto. Y el tiempo ha vuelto a apremiarme, que vuelvo a estar con las agendas, para el dos mi

Un pensamiento de Platón

Hola, corazones. Hoy no he podido comprar el periódico al lado de casa, como acostumbro, y he tenido que hacer la mitad del trayecto del autobús sin lectura. Para poder adquirirlo, me he bajado una parada antes y he caminado un poco, entre la parada, el quiosco y la parada siguiente. El relente de la mañana me ha animado un poco en una semana que estaba siendo dominada por mi dolor de espalda (no es que haya desaparecido, sino que estas pequeñas y nimias circunstancias me permiten relacionarme con mi inquilino «álgico» con algo más de indiferencia). Me enrollo como las persianas. Al abrir el periódico, me encuentro casi de sopetón con que hay una nueva modalidad de conciertos, que acercan la música hasta el salón del potencial público de los grupos que actúan. Como ejemplo, un concierto de un grupo llamado Love of Lesbian en el salón de un interiorista cuyo nombre no he memorizado, en su casa, un ¡palacete! madrileño, con un aforo de unas ¡cien personas! «¡Genial!», he pensado inme