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Mostrando entradas de febrero, 2011

Un pensamiento de Enrique Jardiel Poncela

Hola, corazones. Choco contra un muro muchas veces al día. Un muro que se construye cuando la gente alrededor de uno te oye pero no te hace caso, hace como que te escucha pero cuando se da la vuelta se ha olvidado, te responde hasta con halagos a la buena idea que has aportado y a continuación dispone las cosas para que todo vaya, precisamente, en la dirección contraria. El muro que te plantifica quien, una vez tras otra, después de oír tus quejas sobre un asunto y darte aparentemente la razón, poniendo alguna excusa benévola para justificarse, continúa en sus trece y no modifica un ápice aquello de lo que tú te estás quejando y que sólo está en su mano modificar. No sé si estaré siendo muy críptico, o quizá no, pero me resulta recurrente esta sensación de volver impotente sobre el mismo punto, caer en el mismo error (no, no es un error, al menos no mío, cuando denuncio una y otra vez que algo no funciona en el engranaje), repetir «sisífeamente» (al modo de Sísifo , al estilo de Sísifo

Un pensamiento de William Shakespeare

Hola, corazones. He leído esta mañana en el periódico una carta al director metiéndose con el alcalde de Madrid, alegando, entre otras cosas, que Madrid está sucio. No seré yo quien defienda al alcalde. No voy por ahí, de todas formas. Lo primero que he pensado al leer la carta es: “mira, otro como yo”, y a continuación me he dicho: “por lo que dice, este debe de ser vecino de Comendadoras o alrededores”. Pensamientos que han sido influidos, sin duda, por la elegante decoración festiva que mostraba hoy mi calle: bolsas de plástico de supermercado barato (o de tienda de alimentación de barrio regentada por oriundos de Xi-Nan o de Nan-Xi) colgando artísticamente de los bolardos que dividen la acera en dos incómodas mitades de unos 25 centímetros cada una; varios charcos de una combinación líquida de agua de lluvia (¡poca!), cerveza, combinados alcohólicos y orín de civilizadas y acérrimas [nótese el parecido sonoro de las palabras acérrima y acémila] hordas de seguidores del grupo musi

Un pensamiento de Woody Allen

Hola, corazones. Desde mi observatorio sociopsicológico particular, es decir, desde la atalaya del asiento que ocupo en el autobús camino del trabajo, y aunque voy leyendo o al menos mirando el periódico, puedo percibir algunos rasgos de las personas que, día tras día, me acompañan o hacen conmigo parte del recorrido. Ya os hablé de aquella mujer de dignísimo porte y paupérrimo aspecto que me inspiraba una mezcla de ternura y rechazo; no la he vuelto a ver, no sé qué habrá sido de ella; quizá, simplemente, ha dejado de tomar el autobús a esas intempestivas horas de la premadrugada. En el primero de los dos autobuses que tomo, los viajeros somos todos seres solitarios, callados, absortos en nuestros pensamientos, libros, periódicos o auriculares. Sólo el retraso de un autobús permite alguna vez que se oiga dentro de la cabina alguna palabra, y esta suele ser airada. Puro contraste con el segundo autobús. Allí, normalmente, un coro de dulses y melosas voses silabean incesantes seseando c

Un pensamiento de Confucio

Hola, corazones. Mi horóscopo del día (no es que haga mucho caso de lo que cuenta, pero me resulta gracioso leerlo, a ver qué suelta) me dice lo siguiente: «Expone sus ideas con inesperada facilidad, dando muestras de diplomacia, habilidad y flexibilidad, cualidades que provocan la aprobación ajena». ¡Glups! (quiere decir ¡ostras!), he pensado inmediatamente. Así que voy a exponer mis ideas con facilidad. Por si las moscas, antes de llegar a la oficina ya había invocado en mis oraciones a san Francisco de Sales , pidiéndole claridad expositiva y orden en mis ideas; a santa Tecla , pidiéndole agilidad y precisión en mis digitaciones; a san Juan de la Cruz , rogándole que la belleza literaria adorne mi expresión; al beato Santiago Alberione , implorando un fruto adecuado y lógico a mi pensamiento; incluso al beato Juan XXIII , ya puestos, para que me otorgue esa diplomacia que dice el horóscopo y de la que suelo carecer. Pero, ¡un momento! Vuelvo a mirar el horóscopo, porque algo en mi