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Mostrando entradas de septiembre, 2009

El sello del pensador

¡Ya tengo logotipo! Eso es lo que podría deducirse del sello que me regalaron este fin de semana. Comoquiera que yo enlazo la casualidad con la voluntad de Dios y también con la capacidad de raciocinio del ser humano, no creo que el hecho de que un servidor lleve meses pensando en crear su propio ex libris y este regalo estén encadenados sólo por el azar. Si llevo años dedicado a la organización de una biblioteca y manejando un programa informático de gestión de bibliotecas y los códigos numéricos de la CDU (Clasificación Decimal Universal), si siempre he dedicado tiempo a ordenar mis propios libros y colocarlos cuidadosamente en las estanterías disponibles, siempre escasas de espacio, si llevo ya varios años remitiendo pensamientos de autores ilustres con mi peculiar comentario a muchos amigos míos, hasta el punto de que llegué a generar este blog, el hecho de que ahora haya llegado a mis manos el ex libris imaginado, y que sea precisamente la figura del Pensador la que lo acompaña, n

Un pensamiento de François de La Rochefoucauld

Buenos días, queridos amigos. Ando preocupado en tantas cosas mundanas de poca monta (asuntos concernientes al desarrollo de mis capacidades laborales o al sostenimiento de mi hogar, por ejemplo) que no he tenido ocasión de pensar siquiera en qué profunda carga voy a lanzar esta semana desde esta mi trinchera. Así que no tengo más remedio que aceptar, aun a regañadientes, la frase-cita procedente de mi buen surtidor Proverbia.net, que me habla de las pasiones humanas (pasiones son aquellas perturbaciones o afectos desordenados del ánimo) y de los pecados capitales, que no por ello dejan de ser humanos, ni afectar a los que hemos nacido en provincias. Esto es, pues, un cambio de tercio y un quiebro respecto de la semana pasada. «La verdadera prueba de que se ha nacido con grandes cualidades estriba en haber nacido sin envidia» (François de La Rochefoucauld). Si esto es cierto, querido amigo Francisco de la Rosfucol, me temo que hay pocos, muy pocos seres humanos (y no digamos ya por

Un pensamiento de Rubén Darío

Buenos días, queridos amigos. Hoy me he levantado lírico, es decir, un poco melancólico, un poco rítmico y cadencioso, un poco elegíaco y un poco sensible. Y por eso he querido buscar un pensamiento o frase-cita salido de la pluma de un poeta. De alguna manera lo de hoy es, pues, más que una frase-cita, un verso, una inspiración del estro en la mente creativa del autor. Un autor del que pensamos siempre que todo lo decía a saltitos, casi como Henrique Zimmerman, el corresponsal de Antena 3 en Tel Aviv. Un autor al que se le llenaba la boca de suspiros de fresa pensando en sensuales princesas o que caminaba elevado el mentón y paso firme al son de los clarines del cortejo. Pero no. También dijo y escribió con sencillez verdades como puños. Porque la verdad es, en sí misma un acto de sencillez. No me lío más y doy paso al poeta: «Sin la mujer, la vida es pura prosa» (Rubén Darío). Algunos pensarán bueno y qué, total, para lo que sirve la poesía, qué cursilada, donde estén un buen par

Un pensamiento de William Faulkner

Buenos días, queridos amigos. No sabía yo muy bien qué contaros esta mañana, con qué originalidad hacer un esfuerzo por sorprenderos, qué palabra inventar para obtener de vosotros una respuesta en modo de sonrisa o de exabrupto. Finalmente, he decidido no anticiparme y dejar que el destino, el tiempo o las cosas siguieran su curso habitual. Así que después de la travesía de Metrosauna, sudando como un pollo pero al menos sentado desde Diego de León, y de mi encuentro diario con mi ciego y su encantadora novia, he llegado a la oficina con la mente en blanco, como un documento nuevo de Word. Y al iniciar el ordenador y ver el correo, me ha venido sola la solución a la planicie de mi electroencefalograma. En forma de frase-cita. Ha sido esta vez un escritor americano el que me ha dicho que ya está bien. «No te molestes en ser mejor que tus contemporáneos o tus predecesores, intenta ser mejor que tú mismo» (William Faulkner). Dos cosas interpreto en esta doble recomendación de Güili: por u

Un pensamiento de Thomas Carlyle

Buenos días, queridos amigos. La vuelta al cole ha llegado, y a mí me ha pillado con un una invasión vírica que me está empezando a fastidiar. Tranquilidad, que no es el HINI, ese virus de moda que te provoca un subidón de fiebre y un palarrastreo de varios días (eso si no tienes complicaciones previas). No, mi virus es otro, lo sé: me ha atacado por dos frentes, a saber: garganta y sistema evacuatorio, pero fiebre, al menos de momento, no tengo. Hecho este aviso, a ver si soy capaz de seguir escribiendo sin salir corriendo y tengo una jornada laboral tranquila. Y como empiezo la mañana, el mes, el curso y la temporada quejándome y dando cuenta pública de mi malestar privado, me encuentro con que mi (ya) querido portal suministrador de frases, Proverbia.net, me regala una que me viene como anillo al dedo no sólo en este momento, sino siempre, que la queja es consustancial a mi ser, o al menos a mi actuar. Dice así la frase en cuestión: «Nunca debe el hombre lamentarse de los tiempos en