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Un pensamiento de William Faulkner

Buenos días, queridos amigos.

No sabía yo muy bien qué contaros esta mañana, con qué originalidad hacer un esfuerzo por sorprenderos, qué palabra inventar para obtener de vosotros una respuesta en modo de sonrisa o de exabrupto. Finalmente, he decidido no anticiparme y dejar que el destino, el tiempo o las cosas siguieran su curso habitual. Así que después de la travesía de Metrosauna, sudando como un pollo pero al menos sentado desde Diego de León, y de mi encuentro diario con mi ciego y su encantadora novia, he llegado a la oficina con la mente en blanco, como un documento nuevo de Word. Y al iniciar el ordenador y ver el correo, me ha venido sola la solución a la planicie de mi electroencefalograma. En forma de frase-cita. Ha sido esta vez un escritor americano el que me ha dicho que ya está bien.

«No te molestes en ser mejor que tus contemporáneos o tus predecesores, intenta ser mejor que tú mismo» (William Faulkner).

Dos cosas interpreto en esta doble recomendación de Güili: por un lado me está diciendo exactamente que no me compare con nadie, que las comparaciones son odiosas, que no debo pretender ser mejor que nadie, sino simplemente yo mismo, que no sea envidioso ni rencoroso, ni pretencioso (puestos a ser oso, debería ser, por ejemplo, más generoso); por otro, me dice que debo superarme cada día, que debo crecer, mejorar, evolucionar.

Claro que estas recomendaciones parecen contradecir, incluso romper, el precepto olímpico del citius, altius, fortius, que nos llevan a mirar constantemente al otro para superarnos a nosotros mismos.

No es tal, sin embargo, la contradicción si introducimos un elemento que, sin estar presente en la frase-cita faulkneriana, sí podría pertenecer a su espíritu interno: la envidia. No te mires en el espejo de los otros con envidia, no pretendas ser mejor que los otros por envidia, o simplemente para ser mejor que ellos. Eso no funciona. Si te vas a mirar en ellos, si vas a intentar hacerlo todo (o algo) citius, altius, fortius que ellos, que no sea para hundirlos, para machacarlos, para quedar por encima de ellos, para tu propia vanagloria. Hazlo sólo si con ello tú creces, si con ello tú mejoras, si con ello tú avanzas.

Porque, en el fondo, sólo tú puedes llegar a ser mejor que tú mismo.

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