Buenos días, queridos amigos. Me piden que sea optimista, alegre, desenfadado, después de una larga temporada, como atestiguaron varios de mis lectores, de pesimismo y descarga de dolencias anímicas, psíquicas y físicas. Y mi predisposición a obedecer a tal sugerencia era grande, pues no me lo dijeron de manera perentoria ni impositora, sino como petición o imprecación anhelante. Y comenzó la semana bien, aportando noticias gratificantes y situaciones agradables. Pero nada es perfecto. Y llegó de nuevo una afección que, si bien no me ha cortado el pesimismo, me tiene a la vez dolorido y envarado, rígido no tanto en lo moral o en lo intelectual, que eso siempre ha sido así, sino principalmente en lo corporal. Así que no prometo nada. Aunque la frase seleccionada (tomada de la excepcional Agenda San Pablo, día 7 de noviembre de 2009), invita a la felicidad, no estoy demasiado inspirado, lo siento. «La clase de felicidad que necesito es menos hacer lo que quiero que no hacer lo que no qui...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.