Hola, corazones. Llego tarde a mi cita, sí, lo sé, pero ha sido por causas justificadas que no voy a justificar. Pero este retraso me ha servido para darme cuenta de qué diferentes se ven las cosas si cambias la manera de mirarlas. Me explico. Como yo normalmente salgo de casa a esas horas en las que toda la ciudad, la que está en la calle, que es poca aún, es un suspiro con legañas y el silencio sólo lo rompe el cabreo de la rubia despelujada porque el autobús llega tarde o los gritos desafinados de un coro de adolescentes que regresan de una juerga mal digerida, no me doy cuenta de lo que sucede un poquito más tarde. Tan sólo una hora después. Tan sólo una hora después, digo, resulta que la calle está poblada de rubias bellísimas con un bolso grande colgado del brazo, o de papás estupendos con barba y corbata, acompañando a sus hijos, de uniforme, camino del colegio; adolescentes y preadolescentes empeñados en redecorar la uniformidad con faldas arremangadas, chaquetas de chandal, ca...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.