Hola, corazones Ayer, cuando me estaba aplicando hielo sobre mi maltrecha cadera, recibí no una, sino al menos seis llamadas de teléfono para comunicarme una mala noticia: el fallecimiento del padre de una familia numerosa muy querida (al menos he estado presente en las bodas de cinco de los nueve hermanos) para mí y para muchos de mis amigos. Mucho me ha pesado no tirar el hielo al fregadero y salir cojeando, ya que no corriendo, al tanatorio, pero la prudencia y el dolor físico me han podido. Mando, pues, desde aquí un beso a toda la familia y pido por todos una oración y un silencio lleno de fe. Claro, ya lo he dicho: el miércoles pasado me caí. Tropecé con un bordillo, con tan mala fortuna que debí de salir volando y giré sobre mí mismo hasta caer, con todo mi peso, incluidos esos kilos sobreros que se han enseñoreado de la plaza, sobre mi cadera derecha. Resultado: bursitis, inflamación, equimosis (qué tremendo suena un simple cardenal) y dolor, mucho dolor. Tratamiento: reposo, h...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.