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Mostrando las entradas etiquetadas como Eugene Ionesco

Un pensamiento de Eugene Ionesco

Hola, corazones. Pues parece ser, según dicen, que ha llegado ya la primavera. Yo me adelanté ligeramente, como el tiempo (recuérdense las agradables temperaturas del fin de semana pasado), y ya el viernes establecí la primavera en mi casa. Compré un pequeño ramo de flores, concretamente cinco iris muy cerraditos y una esplendorosa flor de cardo, y los puse en un estrecho y alto jarrón de cristal, en mi salón, junto a la ventana. El sábado por la mañana la alegría de los iris abiertos llenaba por completo mi casa, minúscula pero muy agradecida. Y así han estado, abiertos, hermosos, con «la color morada» y su veta amarilla, hasta encogerse y marchitar a final de la semana. Los iris, porque el cardo sigue ahí, lustroso, vigoroso, recio y hermoso a la vez (¡Jesús, qué adjetivos he adjudicado al cardo! ¿Y me atrevo a compararme a él, yo, que no soy ni vigoroso, ni recio ni hermoso?). Esta costumbre de comprar flor cortada fresca y componerla yo mismo en un jarrón es algo que tengo aprendid...