Ir al contenido principal

Un pensamiento de Samuel Johnson

Hola, corazones.

Según me dirigía, en el autobús (¡he dicho adiós a metrosauna y soy feliz!), al trabajo, se ha cruzado con nosotros, en la calle de Alcalá (pero no en la parte noble, antigua, sino ya bien pasada la Plaza de Bienes de Interés Cultural de la Ventas), un coche de la policía, a toda velocidad, con sirena y luces azules (en ese momento del día en que no sabes si es de noche o de día y la luz asoma entre nubes y tinieblas, las parpadeantes luces azules de la policía tienen un fulgor especial, único, casi mágico; quizá toda luz es mágica a esa hora, también la que sale tímida por las ventanas, tras las cortinas semiechadas…). Quiero contar una anécdota y me sale la vena lírico-poética, no tengo remedio. El caso es que el coche de la policía me ha provocado un no sabría muy bien decir qué. He pensado «Dios mío, que no sea nada grave, que lleguen a tiempo, que sólo haya sido un susto, nada más». Siempre que veo una ambulancia me santiguo mentalmente ofreciendo una especie de oración por «el bicho», como dicen unas amigas mías, por el ser doliente que va dentro, y algo parecido me ocurre cuando veo a la policía. Que cojan a «los malos», si es que son malos de verdad, y no tristes víctimas de la injusticia o de la necesidad, y que sean buenos con ellos.

Y en estas estaba cuando de repente la masculina y firme voz del señor que va en todos los autobuses a todas horas me avisó de que estaba a punto de llegar la próxima parada, la mía. Fue como despertarme de un sueño, pero no era tal, sino una reflexión orante, un respeto solidario, una misericordia ciudadana.

...

Dicho todo esto, ¿cómo justifico yo ahora la elección de una frase-cita –tomada, esta vez, de la excelsa Agenda 2010 de San Pablo, confeccionada con amor, ternura y exquisita dedicación profesional por un tipo simpático y un poco pedante como yo– que no tiene nada que ver con esta larga introducción que os he colado? No hay justificación: nada tiene relación (o sí, quién sabe). La frase-cita de hoy, pues, podéis encontrarla al pie de la página correspondiente al domingo 7 de marzo de esta mi genial agenda. Y dice así:

«Las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la perseverancia» (Samuel Johnson).

Para ver si don Samuel Juánez tiene o no razón, vamos a imaginar una gran obra y estudiar cómo ha sido hecha. Pongamos como ejemplo las Pirámides de Egipto, o la Gran Muralla China, o el Goden Gate. Obras todas ellas en las que la fuerza y la perseverancia han trabajado unidas (y sobre todo la multitudinaria mano de obra con la que contaban, y la fuerza de los ingenios y maquinarias empleados en su construcción). Pero, ¿son estas las grandes obras a las que se refiere don Samuel? ¿O son las grandes obras del espíritu, del intelecto, de la conciencia humanas? «Ahí le has dao».

¿Recordáis las obras de misericordia? Casi nadie habla ya nunca de eso. Quizá sean estas las grandes obras: actos, gestos, acciones que, a fuerza de hacerlas, de repetirlas, de perseverar en ellas, construyen en tu interior una gran persona. Porque grande es quien enseña al que no sabe, quien da buen consejo al que lo necesita, quien corrige al que yerra, quien perdona las injurias (anda que no hace falta ser grande y perseverar para hacer esto), quien consuela al triste o quien sufre con paciencia los defectos del prójimo. Y grande es quien ruega a Dios por los vivos y difuntos, quien visita y cuida a los enfermos, quien da de comer al hambriento y de beber al sediento, quien da posada al peregrino, quien viste al desnudo, quien redime al cautivo o quien entierra a los muertos.

Será la Cuaresma, que al final ha acabado por entrarme, pese a mi resistencia inicial (bueno, más que la resistencia, diría que han sido la indiferencia o la indolencia quienes han influido en mi actitud), será que era eso lo que quería decir, pero creo que la frase-cita de don Samuel, referida a las obras de misericordia, es bastante más certera que referida a las obras de ingeniería.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un pensamiento de Aristóteles

Buenos días, queridos amigos. No tengo hoy demasiadas ganas de pensar, espero que sepáis perdonarme. Así que me he enganchado al envío diario de Proverbia.net y he agarrado la primera frase que he visto, que responde a la categoría de «sueños» (un día hablaremos de cómo en Proverbia.net clasifican las frases según temas y categorías de una forma que a veces me resulta aleatoria: «Dios te lo pague», un suponer, lo clasificarían en «Dios», lógicamente, pero tampoco sería nada raro que apareciera en «paga», «sueldo», o «retribución»). Y aunque la frase-cita no habla más que de un tipo de sueños, y yo estoy ahora más cerca de las pesadillas o del insomnio que del onírico placer o de la eternidad de la ensoñación, he apuntado la frase, a ver qué sacamos de ella. «Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo» (Aristóteles). Ya digo que no tengo muchas ganas de pensar. Y para quien no desea p...

Si amas a Dios, de Amado Nervo

Este es uno de los más hermosos poemas en prosa de Amado Nervo; pertenece a su obra Plenitud. Si amas a Dios, en ninguna parte has de sentirte extranjero, porque Él estará en todas las regiones, en lo mas dulce de todos los paisajes, en el limite indeciso de todos lo horizontes. Si amas a Dios, en ninguna parte estarás triste, porque, a pesar de la diaria tragedia Él llena de jubilo el Universo. Si amas a Dios, no tendrás miedo de nada ni de nadie, porque nada puedes perder y todas las fuerzas del cosmos, serían impotentes para quitarte tu heredad. Si amas a Dios, ya tienes alta ocupación para todos los instantes, porque no habrá acto que no ejecutes en su nombre, ni el mas humilde ni el mas elevado. Si amas a Dios, ya no querrás investigar los enigmas, porque lo llevas a Él, que es la clave y resolución de todos. Si amas a Dios, ya no podrás establecer con angustia una diferencia entre la vida y la muerte, porque en Él estás y Él permanece incólume a través de todos los cambios.

Un poema de José Luis Martín Descalzo

Queridos Gracias por vuestras oraciones, por vuestra empatía, por vuestras llamadas y por vuestro silencio. Gracias por vuestra cercanía, incluso en la ausencia. Seguid, por favor, aguntándome, sosteniéndome con vuestro cariño como estáis haciendo. No tengo ganas de poner frase-citas, ni de hacer comentarios, ni de nada. Sólo quiero, ¡necesito!, creer que sigo creyendo lo que creo, creer que es cierto lo que dice José Luis Martín Descalzo : « Y entonces vio la luz. La luz que entraba por todas las ventanas de su vida. Vio que el dolor precipitó la huida y entendió que la muerte ya no estaba.   Morir sólo es morir. Morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba. Acabar de llorar y hacer preguntas; ver al Amor sin enigmas ni espejos; descansar de vivir en la ternura; tener la paz, la luz, la casa juntas y hallar, dejando los dolores lejos, la Noche-luz tras tanta noche oscu...