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Un pensamiento de Charles H. Spurgeon


 
El otro día, al salir de trabajar, me asomé a una tienda de la Gran Vía, para echar un vistazo a la ropa que tenían. Despropósitos aparte, que tiene muchos, siempre se puede encontrar un pantalón relativamente normal, un jersey monocolor de cuello caja o una camiseta no demasiado estridente. De hecho, me quedé mirando un rato una americana (¡cómo me gustan y qué poco tiempo se pueden usar en Madrid sin congelarse o asfixiarse!) que conjugaba con bastante acierto originalidad, ponibilidad y asequibilidad. Pero cuando la iba a descolgar de la percha me sobresaltó un sonoro grupo de pavos de primero de preadolescencia que iban a grito pelado comentando lo mucho que les molaba cada prenda de esa marca. No suele preocuparme, pero de repente me entró un sudor frío y una incómoda sensación de estar fuera de lugar, como si tuviera no treinta, que sí, sino trescientos treinta años más que ellos. Pies para qué os quiero, puerta y a otra cosa. Pero la americana esa me ha dejado un come come que no sé yo… Igual acaba cayendo…
 
Esta anecdotilla inicial me daría pie a entrar con una frase-cita sobre el paso del tiempo, sobre la edad, sobre el pavo, sobre el consumismo o sobre el gusto o el disgusto en la moda (esto me hace recordar que el otro día una joven bloguera de estilismo y moda me escribió al trabajo pidiéndome que le enviara productos de mi empresa para promocionarlos en su blog y estuve a punto de mandarle un par de vidas de santos y un manual de teología dogmática). 
 
Pero no. Voy a apelar a la Agenda San Pablo 2012 (producto que debería ponerse de moda, igual se lo mando a esta niña, a ver qué hace), a la semana que concluye, para recomendar una frase-cita que ya ha sido recomendada en Facebook por alguno de mis amiguitos en esa red social (gracias, macho, en realidad me has puesto Bastante fácil la jugada). Pero me da igual. Ahí va la frase, contundente y elogiosa:
 
«Ahora es el lema de los sabios» (Charles H. Spurgeon).
 
Una de las cosas que me gusta de esto de comentar las frase-citas es enterarme de quién es el señorín o señorina que dijo la cita en cuestión, investigar un poco su vida (confieso que no soy el Cousteau ni el Amundsen de las biografías, con una pasadita rápida por internet me basta para hacerme una ideílla ligera). Y este señor Spurgeon, de quien no tenía el gusto, resulta que es un pastor baptista famoso por su multitud de sermones. Y si tantos dijo y tanta gente le escuchaba, algo debían de tener. Como la frase.
 
Contundencia, por ejemplo. Brevedad, también, y concisión. A mí, que doy más rodeos a las palabras que vueltas sobre mí mismo en mis abundantes noches de insomnio (y eso que hace años que hago todo lo que dice el periódico que dice el doctor Estivill ese que hay que hacer), en el fondo me gusta la capacidad de la gente de decir mucho en poco. Será porque yo no digo nada por muchos folios que rellene…
 
El refrán dice que no dejes para luego lo que puedes hacer ahora. Esto tiene una base bíblica: que el luego nadie te lo garantiza es uno de los mensajes recurrentes desde el principio hasta el final. También tiene una base práctica: si haces ahora lo que puedes hacer ahora, ya lo tendrás hecho y luego podrás hacer otra cosa.
 
A mí, particularmente, eso de hacer las cosas inmediatamente, de obedecer al ahora (no, no es obediencia, no quiero un ahora imperativo, sino un ahora concesivo, que me permite disfrutar de una oportunidad) cada vez me gusta más. Tanto, que le dediqué uno de mis momentos, concretamente el número 278, y ese, junto con el número 1, fueron los únicos que tenían lugar asignado: el libro debía abrir con una sonrisa y cerrar con una invitación a la acción inmediata, al ahora. No puedo resistir la tentación de reproducirlo aquí ahora:
 
278
«Ahora» es siempre un buen momento para comenzar aquello que te has propuesto, iniciar una terapia de choque contra los defectos que quieres modificar en tu vida o dar comienzo al asalto del escollo que te obstaculiza el camino. No retrases el proceso con frases del tipo: «Tan pronto como pueda», «En cuanto tenga tiempo», «En enero empiezo a...». Si ya estás decidido, «Ahora» es la palabra.
 
¡Adelante!

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