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Mostrando las entradas etiquetadas como Fiodor Dostoievski

Un pensamiento de Dostoievski

Una amiga y compañera de trabajo me contó hace poco que existe un interesante reto personal que se está difundiendo entre la gente de bien de un modo casi viral. La cosa consiste en lo siguiente: uno se pone una pulsera, o un anillo, o un pendiente, o cualquier otro adornito susceptible de cambiar de sitio. Y cada vez que protesta, se queja, rezonga, critica o piensa mal de alguien, conocido o no, debe cambiarse el adornito de lado. El desafío es alcanzar los 21 días sin que el adornito sufra mudanza. ¿Os imagináis, 21 días sin que yo critique a nadie, ni me queje de nadie (ni de nada, hasta Metrosauna se salvaría), ni rezongue por nada, ni piense mal de nadie? Inaudito. Eso no es un reto alcanzable, es una llamada a la santidad, casi. ¡Ah!, pero, ¿acaso tú no estás llamado a la santidad? Y sin pulserita o pendientito por medio… Así que, si el chirimbolito de adorno te recuerda el camino, ¿por qué despreciarlo? Al fin y al cabo, pulserita ya llevo, casi siempre (algunas son sol...

Un pensamiento de Fiodor Dostoievski

Carissimi   Antes de que lo olvide, quiero desearos a todos una feliz Pascua. Un tiempo de alegría, de satisfacción, de entusiamo compartible. A ver si es verdad.    ¡Ah! Y también os deseo una feliz primavera. Cierto es que lo que tenemos de momento, a pesar del cambio de hora, de que hay más luz cada día que pasa, de que cuando conseguimos ver un rayo de sol notamos ya su calorcito acogedor, de que cada día parece que estornudamos un poco más que el anterior, no parece todavía una verdadera primavera. ¡Pero si todavía no hemos visto ni una chancla! (salvo a esas turistas rubiotas de corte corporal vikingo-eslavo-sajón que sólo se ponen calcetines el día de Navidad). ¡Pero si no para de llover! Cierto, y además tenemos la dicha, los que vivimos en Madrid, de vivir, en meses pluviosos como estos, como en ciudad costera: en cada esquina o rincón, en cada calle, plaza o avenida, una pequeña costa evoca los litorales, desde las suaves playas de las aceras rebajad...