Una amiga y compañera de trabajo me contó hace poco que existe un interesante reto personal que se está difundiendo entre la gente de bien de un modo casi viral. La cosa consiste en lo siguiente: uno se pone una pulsera, o un anillo, o un pendiente, o cualquier otro adornito susceptible de cambiar de sitio. Y cada vez que protesta, se queja, rezonga, critica o piensa mal de alguien, conocido o no, debe cambiarse el adornito de lado. El desafío es alcanzar los 21 días sin que el adornito sufra mudanza. ¿Os imagináis, 21 días sin que yo critique a nadie, ni me queje de nadie (ni de nada, hasta Metrosauna se salvaría), ni rezongue por nada, ni piense mal de nadie? Inaudito. Eso no es un reto alcanzable, es una llamada a la santidad, casi. ¡Ah!, pero, ¿acaso tú no estás llamado a la santidad? Y sin pulserita o pendientito por medio… Así que, si el chirimbolito de adorno te recuerda el camino, ¿por qué despreciarlo? Al fin y al cabo, pulserita ya llevo, casi siempre (algunas son sol...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.