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Mostrando las entradas etiquetadas como Jonathan Swift

Un pensamiento de Adolphe Triers (y otro de Jonathan Swift)

Hola, corazones. No sé por qué ni por qué no, pero desde que me he levantado esta madrugada antes de que los últimos botelloneros de la calle hubieran desaparecido ya me están llorando los ojos. Y me esperan hoy siete horas de intensa actividad pegado a la pantalla. Así que habéis de perdonarme mi brevedad, y sobre todo los errores y erratas que encontréis, que posiblemente habrá, porque siempre los hay. Yo quería hablar esta mañana de cosas como los monos bonobos, la profesión más feliz del mundo y la (o las) más denostadas en España (sacerdotes, militares y periodistas, ¿a alguien le sorprende?), la insumisión impositiva de algunos caraduras, la impresentabilidad de ciertos personajes públicos, el sexismo y el género en el lenguaje, incluso de las Fallas, pero no puedo, y mira que lo siento, pero me lloran los ojos. Pensaba, incluso, tomar una frase-cita de la impresionantemente maravillosa Agenda San Pablo 2012 , concretamente la del día de hoy («Un hombre nunca debe avergonzarse po...

Un pensamiento de Jonathan Swift

Después de tener aguantar los típicos manidos tópicos de la depresión posvacacional y la vuelta al cole/curro como un sufrimiento, comienza de nuevo este envío periódico. He de confesar que yo no creo que exista tal depresión posvacacional, a no ser que uno sea de los que se deprime por todo lo que no se puede cambiar y que se sabe de antemano: las rosas se marchitan pase lo que pase, y es del género bobo deprimirse por ello, pues a una rosa primorosa sucede otra rosa, quizá con espinas, pero con más belleza si cabe en su incipiente corola. Por otro lado, la vuelta al cole/curro puede molestar y hacer llorar a algunos, sí, lo vemos todos los años en los telediarios (¡estos periodistas!), pero también es lo que hay; mientras no descubramos que la diosa Fortuna nos ha acariciado el paquete, digo el bolsillo, no hay modo de evitar la vuelta al curro. Y no todo es amargo, seguro, en esa vuelta. Además, qué caralho, los sabores amargos, como la tónica o la cerveza, acaban por gustar, por mu...