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Feria del Libro - Anecdotario (III)

Pero, ¡si es Carmelo Gómez!

Fue el sábado 14 por la tarde. Firmaba Carmen Guaita su libro Los amigos de mis hijos. Es su primer libro, y era la primera vez que firmaba. Estaba emocionada. Y había convocado a muchos familiares y amigos para estar arropada en ese importante momento. Entre ellos, una sorpresa: el actor Carmelo Gómez, que es amigo de Carmen y de su familia. Pasó toda la tarde bien ante la caseta, bien en el paseo, frente a nosotros, bien en el chiringuito que hay justo enfrente. Las camareras del local, revolucionadas con su presencia, casi me riñen cuando les dije que estaba en mi caseta, que era amigo de "mi" autora. Logré que nos firmara un autógrafo dedicado a la editorial: en un marcapáginas que representa a una hormiga tumbada, el autógrafo decía: «De cigarra a hormiga, muchos libros y mucho teatro». Al día siguiente, busqué el autógrafo y había desaparecido. Sin darse cuenta, alguien lo dio como un marcapáginas más, sin percibir la firma en el dorso, o lo tiró, al verlo escrito. El caso es que ahora la presencia de Carmelo Gómez en la Feria depende sólo de mi testimonio, pues las pruebas "volaron".

¿Me lo cambias?

Una chica comienza a mirar libros infantiles con interés, apreciando mucho los dibujos, pidiendo consejo, contándome que le gusta leerlos con sus sobrinas y hacer que observen las ilustraciones y pinten. La desesperación casi se apodera de ella cuando, uno tras otro, casi todos los libros que le enseño le encantan. Pero casi no tiene ya dinero en efectivo, no podemos cobrar con tarjeta y falta menos de media hora para cerrar caseta y concluir la feria. Al final se lleva sólo un libro, encarecidamente recomendado, perteneciente a nuestra colección «La Brújula». Y con él, su póster, sus marcapáginas y un puñadito de caramelos. Cinco minutos después, y cinco minutos antes de cerrar la caseta, viene corriendo, con la lengua fuera y acompañada de un chico, pidiéndonos cambiar el libro por otro. Como fuera que nunca me ha pasado nada semejante, me quedé un poco descolocado, pero al final hizo el cambio, pagando la diferencia de precio. Incluso me ofreció devolverme los "objetos promocionales" que entregamos con los libros de la colección «La Brújula». ¡Qué cara debí de poner, qué actitud más poco favorable para que me quisiera devolver hasta los caramelos! Definitivamente, debo corregir ante el espejo mi expresividad.

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