Hola, corazones. Pues parece ser, según dicen, que ha llegado ya la primavera. Yo me adelanté ligeramente, como el tiempo (recuérdense las agradables temperaturas del fin de semana pasado), y ya el viernes establecí la primavera en mi casa. Compré un pequeño ramo de flores, concretamente cinco iris muy cerraditos y una esplendorosa flor de cardo, y los puse en un estrecho y alto jarrón de cristal, en mi salón, junto a la ventana. El sábado por la mañana la alegría de los iris abiertos llenaba por completo mi casa, minúscula pero muy agradecida. Y así han estado, abiertos, hermosos, con «la color morada» y su veta amarilla, hasta encogerse y marchitar a final de la semana. Los iris, porque el cardo sigue ahí, lustroso, vigoroso, recio y hermoso a la vez (¡Jesús, qué adjetivos he adjudicado al cardo! ¿Y me atrevo a compararme a él, yo, que no soy ni vigoroso, ni recio ni hermoso?). Esta costumbre de comprar flor cortada fresca y componerla yo mismo en un jarrón es algo que tengo aprendid...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.