martes, 30 de diciembre de 2008

Un deseo para el año 2009

Que cuidemos cada día nuestro pequeño planeta, separando los baobabs de las rosas.

Que seamos para los demás no la rosa vanidosa, sino el zorro domesticado.

Que aprendamos cada día a ver lo esencial, que es invisible a los ojos.

Que conservemos siempre vivo nuestro Principito interior.







lunes, 22 de diciembre de 2008

Feliz Navidad


Si en tu pecho anida la paz
y en tu corazón habita el amor;
si en tu mente reside la cordura,
si es cordial y pura tu sonrisa,
si de tu mano abierta mana
la misericordia, si tu mirada
irradia al mundo la concordia,
es señal de que pronto,
muy pronto, nacerá en ti,
la ternura del amor de Dios
hecho niño, la rotunda
amabilidad divina
de un pequeño Niño
con el corazón de Dios.

Feliz Navidad

viernes, 12 de diciembre de 2008

Un pensamiento de Theodor W. Adorno

Buenos días, amigos.

Venía yo pensando que ya toca ir poniendo un mensaje de tipo navideño, por las fechas, y mira tú por dónde, llega Proverbia.net y me da una solución alternativa pero sin olvidar el arbolito:

«Sólo con quien te ama puedes mostrarte débil sin provocar una reacción de fuerza» (Theodor W. Adorno).

Se me acaba de ocurrir: igual que hay bombones que traen un papelito con un breve pensamiento en el envoltorio, igual que hay periódicos que encabezan su mancheta con un pensamiento diario, igual que hay gente que envía un pensamiento semanal a sus amigos, podemos colgar pensamientos de adorno en el árbol esta Navidad. ¿Y por qué sólo de Adorno, me diréis? Pues tenéis razón: de adorno y como un voto, una promesa, un propósito de mejora para el año que se inaugura el día 1 de enero, pero al que acaba de llegar nuevamente la esperanza en forma de niño Dios. Así las frases de Adorno que decoren el árbol pueden ser no sólo de Adorno, sino de cualquier pensador, de cualquier escritor, de cualquier persona que tenga la capacidad de expresar un pensamiento que diga algo, que motive algo, que mueva a algo positivo y bueno.

Por ejemplo, esta gran verdad que hoy nos proclama Adorno (una cosa más: se llama Teodoro Adorno, es decir, Adoro a Dios y [por ello] Adorno): sólo con quien te ama puedes mostrarte débil sin provocar una reacción de fuerza; sólo el que te ama no se aprovechará de tu debilidad cuando la perciba, sino que te advertirá de ello, y te ofrecerá su apoyo en esa debilidad; sólo ante el que te ama te puedes mostrar tal cual eres, con tus debilidades al descubierto, para que así pueda sanarte y seguir amándote; sólo ante quien te ama puedes explotar de ira, derramar tu llanto, proclamar tu dolor sin miedo a que esa exposición te aporte otra cosa que más amor, o, en el peor de los casos, un silencioso acompañamiento, puede que lleno de incomprensión, pero también respetuoso y, por ende, sanador.

Sólo ante quien te ama te puedes mostrar débil y tu debilidad será sólo un adorno más en ese amor, nunca causa de desamor ni de violencia.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Contigo aprendí, de Carmen Guaita

El pasado día 4 se celebró en el Aula (así llaman al salón de actos) San Pablo la presentación del libro Contigo aprendí, de Carmen Guaita. Se trata de un interesantísimo libro de entrevistas a personalidades de la vida cultural y social española sobre educación y valores. La presentación, un hito para San Pablo, contó con la presencia de Nicolás Fernández Guisado, presidente nacional del Sindicato de Profesores ANPE, Ignacio Calderón, director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (ANPE), Pastora Vega, actriz (todos ellos entrevistados en el libro), y Luis Fernando Vílchez, profesor de Psicología Evolutiva y de Educación en la Universidad Complutense.
En el acto, al que asistieron más de ciento cincuenta personas, estuvieron presentes también otras personalidades entrevistadas en el libro: el actor Carmelo Gómez, el bailarín y coreógrafo Víctor Ullate, las periodistas María Ángeles Fernández, presentadora de Últimas preguntas en TVE y Eugenia Adam, presentadora de El despertador en Fiesta FM, y Juan Carlos López magistrado del Tribunal de Cuentas. Pudo distinguirse, además, entre el público, al presentador Miguel Ángel Tobías, al escritor Apuleyo Soto, y también a Amador Bañón.
El broche a la presentación lo pusieron tres músicos que homenajearon a Carmen Guaita cantando dos tangos y un bolero, Contigo aprendí, precisamente, un detalle que encantó a todas las personas allí reunidas.
Todo el mundo se mostró encantado con la presentación, y fueron varias las personas que se dirigieron a mí (y a otros compañeros también) par felicitarnos por la organización y desarrollo de la presentación. Para mí, sinceramente, fue un gusto estar allí, y poder colaborar en la preparación del evento, y sobre todo entregar a Pastora Vega un hermoso ramo de flores que yo mismo encargué, a petición de mis jefes. Las fotos que acompañan este comentario no son sino otro punto más para inflar mi hinchado ego (la lástima es que la foto con Pastora Vega está muy desenfocada, pero seguramenteno tengo otra posibilidad de hacerme un retrato al lado de la mujer que simboliza en el libro de Carmen Guaita nada menos que la Belleza, con mayúsculas).
Con Pastora Vega


Con María Ángeles Fernández

Con Carmen Guaita
Más información sobre el libro Contigo aprendí, en:

Rafael Alfaro, premio Fernando Rielo de poesía mística

Rafael Alfaro, salesiano, poeta, acaba de obtener el premio Fernando Rielo de poesía mística. En homenaje reconocido a su obra, magnífica, traigo a mi blog un poema suyo, que ya recogí en Mi Agenda 2006:

Tu Espíritu, Señor, envíanos
tu Espíritu.
Es la presencia de tu Espíritu
la que tremola en todas las criaturas
banderas de alegría.
Aquí entrena su gracia el ruiseñor.
No es un entrenamiento: ¡es ya el prodigio
de la celebración
el aire de su canto!
Aquí estalla el regalo de estas flores:
¡Ah, si pudieras contemplar las manos
ocultas, que lo traen a tus ojos.
¿Y el infinito fuego artificial
de esta noche? ¡Que tiemble el corazón
de dicha! ¡Que la fiesta ya ha empezado!
Tu Espíritu, Señor,
tremola en nuestros ojos
páginas de alegría.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Un pensamiento de Gloria Fuertes

Buenos días, amigos.



Hoy mi reflexión va a ser un homenaje, un reconocimiento a todos aquellos que entregan tiempo, capacidades y dones a los demás, aun sin que nadie lo sepa, aun sin saberlo ellos mismos. Porque mañana, sábado 5 de diciembre, es el Día internacional del voluntario. Y para hacer este homenaje, nadie mejor que el pensamiento de una mujer que ha hecho de cada palabra una donación, sencilla y humilde, a los demás:



«El voluntario no ha pintado un cuadro, no ha hecho una escultura, no ha inventado una música, ni ha escrito un poema, pero ha hecho una obra de arte con sus horas libres» (Gloria Fuertes).



Gracias por tu tiempo, gracias por tu capacidad, por tu habilidad, por tu ternura, por tu capacidad de escucha, por ser los ojos/pies/manos de otros… Gracias.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Adopción, de María Ángeles Fernández

El pasado miércoles, 26 de noviembre, se celebró en el Aula San Pablo una rueda de prensa con motivo de la presentación de un libro: Adopción, escrito por la periodista María Ángeles Fernández. Durante el acto, la autora estuvo arropada por Luis Fernando Vílchez, profesor de Psicología, y por el actor Eduardo Verástegui, productor y protagonista de la película Bella.
Un hermoso libro, que aborda el tema de la adopción desde el punto de vista del amor y la vocacíon a la maternidad, escrito por una hermosa mujer que tiene una bellísima vocación: la de ser madre por la vía de la adopción. Su libro, una auténtica preciosidad, no podía tener, desde luego, mejor padrino que Eduardo Verástegui, no tanto porque sea un guapo padrino, que lo es, sino porque es bella su intención y bella su lucha: defender la vida humana, ofrecer oportunidades de vida, y de vida plena, combatiendo el aborto, favoreciendo medidas que, como la adopción, son respuestas de vida y no de muerte.
Mi granito de arena en este tema quizá sea poco: una discreta y callada labor de corrección del libro y de redacción de los textos de contraportada y solapa, y la preparación y desarrollo de esta rueda de prensa. Pero estoy orgulloso y más que satisfecho de mi trabajo, y por eso lo muestro.
Mª Ángeles Fernández escucha la intervención de Eduardo Verástegui durante la presentación

Saludando a Eduardo Verástegui a su llegada a San Pablo

Entregando la documentación de prensa a Jesús Bastante, periodista

Mientras Mª Ángeles me firma un libro, Carmen Guaita, Mª Ángeles y yo estuvimos charlando

Un pensamiento de John Kenneth Galbraith

Buenos días, amigos.

Proverbia.net es un buen portal. Proverbia.net es un gran portal. Proverbia.net me proporciona genialidades como la que sigue, incluso cuando yo no tengo en la cabeza nada bueno:

«Aunque todo lo demás falle, siempre podemos asegurarnos la inmortalidad cometiendo algún error espectacular» (John Kenneth Galbraith).

Este eminente economista estadounidense, recientemente fallecido (2006) nos permite echar una sonrisa al viento sin perder por ello la inteligencia crítica. Señal de que era un hombre inteligente, a pesar de ser economista (que nadie se ofenda, esto no es más que una pequeña boutade por mi parte). Pero analicemos su afirmación.

«Aunque todo lo demás falle, siempre podemos asegurarnos la inmortalidad…». Vamos que el error espectacular que vayamos a cometer debe estar orientado a un fin concreto: alcanzar la inmortalidad, esa quimera que el viejo dicho traduce en tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Aunque se puede haber escrito un libro que nadie haya leído, perdido entre los anaqueles de una biblioteca que sólo el bibliotecario visita, y eso por unos pocos euros a la hora (o peor, que sea un auténtico esperpento, como el del gran «literato» vasco que redimió pena en la cárcel escribiendo un libro con la sangre de sus víctimas como tinta); se puede haber plantado un árbol que nadie haya cuidado después, hasta haber sido pasto de las llamas, de los vándalos, de los especuladores inmobiliarios (o de esos inconscientes sentimentales navideños que plantifican un árbol junto al radiador y lo llenan de bolas y cintas de espumillón para que su casa parezca la recepción de un saloon de película del oeste americano), y se puede haber tenido un hijo que repita la operación y no perpetúe tu propia inmortalidad (o peor, que lo haga, pero de forma contraria: «yo soy la madre del que quiso exterminar a tu pueblo» es la peor pesadilla que puede salir de los labios de una mujer).

Tenemos con esto que la inmortalidad, al menos la que concedemos las personas humanas, no es un valor último, en contraposición a la inmortalidad que conceden las personas divinas: la inmortalidad de gozar plenamente de la presencia del Señor, esa es la única inmortalidad que se puede buscar; la otra, la de los hombres, sólo podemos aceptarla con humildad y pies de plomo cuando nos llega, si es que nos llega antes de que estemos, ya, en el atrio de la casa de Israel.

¿Y qué hacer para alcanzar la inmortalidad, según Galbraith? Pues cometer un error, pero no un errorcillo, ni un errozuelo, ni siquiera un errorcete, sino un error espectacular, magno, grandilocuente, altisonante, colorido, vistoso, llamativo, memorable (precisamente, memorable, de ahí la inmortalidad).

Y ojo, que esto puede significar que todos los que conservamos en la inmortalidad están en ese estante porque cometieron en su vida un error monumental (mira, una nueva manera de leer la historia: si nos acordamos, un suponer, de Luis XIV de Francia, es porque metió la pata hasta el fondo cuando dijo esa patraña de L’État cest moi, o como se escriba; si nos acordamos, otro suponer, de René Descartes, otro francés, qué coincidencia, es porque no cayó en la cuenta de que su Cogito ergo sum no es verdad sin el axioma previo: Amo ergo sum).

Quizá, puede ser, vete tú a saber, acabo de cometer el error que me instale a perpetuidad en la repisa de inmortales, sección bobos (pero con mayúsculas, espero).

lunes, 24 de noviembre de 2008

Un pensamiento de Thomas Carlyle

La brevedad, característica que soléis solicitar de mi persona y que difícilmente puedo proporcionaros, me ha invadido. O pretende hacerlo, al menos. He aquí, pues, sin más preámbulos, el Pensamiento de hoy:

«Puede ser un héroe lo mismo el que triunfa que el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate» (Thomas Carlyle).

¿Es un héroe el que triunfa? Pues así es visto muchas veces por los suyos, por quienes le admiran. Y en ocasiones, también por quienes simplemente pasaban por ahí y se han encontrado de bruces con uno que triunfa. Pero la heroicidad quizá no radique en su triunfo…

¿Es un héroe el que sucumbe? Normalmente quien fracasa, cae, pierde, sucumbe, como dice Carlyle (no entraré en la consideración del verbo, pero la palabra se las trae), no es considerado como héroe por nadie. Salvo desde la óptica de quien sabe que el grano de trigo que muere en la tierra da fruto abundante. Pero la heroicidad tampoco radica siempre en el fruto de la pérdida, quizá la heroicidad no radique en el fruto venidero del fracaso…

¿Es un héroe quien abandona el combate? No, definitivamente. Puede ser un hombre sensato, prudente, temeroso, mojigato, cobarde, listo, sagaz, despierto… pero no un héroe. La heroicidad, según nos manifiesta Carlyle, radica no tanto en vencer o perder el combate, sino en no abandonarlo, en seguir adelante, en mantenerse firme.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Un pensamiento de Voltaire

Buenos días, amigos. Hoy es un día como todos, quizá algo distinto porque los demás días son mañana, o ayer, pero sólo hoy es hoy. Así que comencemos a caminar en este singular y único día que nos ha tocado vivir: hoy.

La verdad es que esta extraña introducción no tiene razón de ser, pero ha sido. Y así se queda, que la rara inspiración matinal es, como digo, rara. Como la inspiración se me ha acabado con el saludo, tengo que recurrir al envío diario de Proverbia.net, que hoy nos habla de la discreción, esa entelequia que a mí me han contado que existe, pero que busco y busco y nunca la encuentro (al menos, no conmigo ni dentro de mí):

«El que revela el secreto de otros pasa por traidor; el que revela el propio secreto pasa por imbécil» (Voltaire).

Hombre, monsier, traidor, traidor, es muy fuerte, ¿no le parece? Yo diría que depende de qué tipo de secreto sea, cuánto de veraz haya en esa revelación, quién sea el posesor de ese secreto, qué alcance y repercusiones tenga su revelación, etc. Estaréis de acuerdo conmigo en que no es lo mismo contarle a tu colega de pupitre que el de delante está colado por la profesora de inglés que contarle a un periodista que un subsecretario de Estado ha desviado millones de euros en fondos a la cuenta corriente de su suegra.

Hay secretos que son delitos, otros son sólo vergüenzas, o descréditos, pero otros son reservados por humildad, y su revelación no produciría más que el reconocimiento de un dato importante. Estoy pensando, por ejemplo, en la revelación de la identidad de un donante anónimo, que oculta su nombre por humildad. Revelar su nombre puede estar mal, ciertamente, y hacerle pasar un mal trago, pero en el fondo para la sociedad será, al menos para la mayoría, una buena persona, doblemente, pues al hecho de su donación une su anonimato. Ya sé que sólo es un ejemplo, y quizá no el mejor, pero creo que “se me” entiende lo que quiero decir: que Voltaire se pasa un pelín cuando llama traidor a cualquiera que revela cualquier secreto. No, no no.

Y en cuanto a revelar los propios secretos, pues es cierto que para muchos, Voltaire incluido, puede resultar una imbecilidad. También una presunción, una moda, un deseo de hacerse notar, una salida de armario, una llamada de atención sobre alguna realidad oculta, un intento de romper un tabú… Desvelar un secreto propio tiene infinidad de motivaciones en las que no vamos a entrar. Lo que sí es cierto, en la mayoría de las ocasiones, es que cuando uno revela su propio secreto este no lo es tal para mucha gente.

Y contarle a la gente lo que ya sabe, pero como si estuviera descubriéndoles una verdad oculta por los siete velos de Salomé, ¿no es, ciertamente, una imbecilidad?

viernes, 7 de noviembre de 2008

Un pensamiento de Alphonse Karr

Buenos días, amigos. Tras el parón provocado por la gira de conciertos Pablo Gira, volvemos a las andadas.

La frase-cita de hoy la acabo de encontrar en el correo electrónico, en el envío diario de Proverbia.net. Y me viene al pelo, porque estoy viendo últimamente mucho un doble rasero, una manera diferente de mirar según a qué, que me preocupa. Y seguramente yo no estoy exento de tal actitud. Así que aquí os dejo la reflexión de este escritor francés del XIX:

«Nos gusta llamar testarudez a la perseverancia ajena pero le reservamos el nombre de perseverancia a nuestra testarudez» (Jean Baptiste Alphonse Karr).

¿Digo doble rasero? Digo bien. En el fondo, esto es, como diría una buena amiga mía, más viejo que el hilo negro, aquel con el que Caín confeccionaba sus pañuelos. Y nos recuerda mucho, también a lo de la paja, la viga y los ojos ajenos y propios. En política, cuando se trata de un duelo (ellos lo llaman diálogo), viene a ser como el "Y tú más", o, lo que es lo mismo, "Cuando yo lo hago, lo justifico y cuando lo haces tú es una ofensa inconmensurable al pueblo soberano". En la vida personal, es constante: uno cruza a un metro de un paso de cebra y, a continuación, le ladra al coche que se salta un semáforo por delante de sus narices, justo cuando iba a pasar.

Pero me he ido. Porque Karr habla de perseverancia y testarudez, no de un momento concreto. Igual es que estoy empeñado, obcecado en hacer decir a los señores a los que invoco a mi foro a decir lo que yo quiero que digan. ¿Perseverancia o testarudez, entonces? Pues es lo mismo: no cejo en un empeño, no desisto de una actitud, no me apeo de una idea, porque lo considero excepcional, perfecto, maravilloso, o, simplemente, lo único aceptable. Y no acepto a aquellos que no cejan en su empeño, a mi juicio equivocado, no desisten de su actitud, a mi juicio errónea, no se apean de su idea, a mi juicio falsaria. Todo viene, pues, de no dialogar, de no abrir los ojos ni el corazón, de no contemplar al otro como a uno mismo, de no ver en el prójimo un igual sino un diferente extraño y amenazador.

No obstante, sólo en una cosa deberíamos perseverar, y es, precisamente, en vencer nuestra testarudez y volvernos a los demás, y por ende a nosotros mismos, porque no podemos hacer a los demás más que lo que nos hacemos a nosotros mismos, para respetarlos, conocerlos, aprender de ellos, en definitiva, para amarlos.

Místico que está uno tras una experiencia religiosa…

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Pablo Gira

Con este nombre se ha dado a conocer la gira de presentación de dos discos, Pablo íntimo, del cantautor mexicano Martín Valverde, y Saulo vive hoy, del español (zamorano, por más señas) Rogelio Cabado. Dos discos grabados expresamente para conmemorar el segundo milenio del nacimiento del apóstol Pablo.
Cuatro días: del 31 de octubre al 3 de noviembre; tres ciudades: Valencia, Madrid y Sevilla; tres escenarios: los salones de actos del colegio de las Esclavas en Valencia y del colegio de Nª Sra. de la Consolación en Madrid, y del Seminario Diocesano de Sevilla; muchas horas, quince en ocasiones, de trabajo; pocas horas, nunca más de seis, de sueño. Cientos de experiencias, de recuerdos, de momentos que no soy capaz de resumir aquí.
Cuatro días de intenso y cansado trabajo que me han reportado, sin embargo, grandes experiencias:
  • La sensación de estar embarcado en un proyecto grande, intenso, magnífico.
  • La emoción, contagiada por los artistas y, sobre todo, por las risas, los aplausos, los agradecimientos, las miradas del público.
  • La alegría que me ha proporcionado, siempre, mi compañera inseparable durante esta experiencia, Sara Loro; hemos viajado juntos, hemos trabajado juntos, hemos comido juntos, hemos dormido… en habitaciones contiguas y, sobre todo, nos hemos reído juntos.
  • El compañerismo, la camaradería vivida con todos mis compañeros, paulinos (especialmente Pepe Pedregosa) y no paulinos (Maite, Nacho, Paloma, Fernando, Eduardo, José María, Carlos, Carmen… temo olvidarme alguno), que no han hecho sino animarme y reforzarme en la convicción de que estoy donde tengo que estar.
  • La convivencia con los artistas, que me han prodigado un trato más que agradable: Rogelio Cabado, siempre amable y atento a todos; Marian Alonso, su esposa, con una permanente sonrisa llena de dulzura en su boca, ocultando el sufrimiento y el cansancio; José Luis Murrieta, el bajista, un travieso y divertido mexicano afincado en Barcelona que nos ha obligado a tener el cerebro siempre despierto, avizor; Kiki Troia, teclista, cantante y compositor argentino, maestro en humildad y en humor; Santi (Alberto Santiago), siempre practicando con las flautas para que todo salga perfecto; sin olvidar los geniales comentarios, mitad catequesis, mitad humorísticos, de Martín Valverde.
  • La sensación primero, convicción después, de que estos días van a quedar en mi recuerdo, en mi cerebro y en mi corazón, como una verdadera experiencia religiosa.
Ciertamente, resuenan muchas cosas en mi cabeza, y afloran muchos recuerdos. Muchos de ellos se reflejan en estos estribillos, que se me han quedado dentro, muy dentro:
  • Cristo, Maestro, tú eres el camino, vida verdadera y eterna verdad.
  • Nada me separará, del amor de Dios que me ha mostrado en Jesucristo; nada me separará jamás, del amor de Dios que me ha mostrado en ti, Señor.
  • Y me basta tu amor (y me basta tu amor), tu gracia me das (tu gracia me das), cuando débil soy (cuando débil soy), fuerte soy (fuerte soy).
Gracias, Dios mío, por haberme permitido vivir esta experiencia única.

Colocando los paneles de publicidad antes del concierto de Valencia.



Martín Valverde en el concierto de Madrid.


Rogelio y su gente en el concierto de Sevilla.



Con Maite y Sara, al finalizar el concierto de Sevilla.
Puede escucharse alguna de las canciones de ambos discos en el siguiente enlace:

viernes, 24 de octubre de 2008

Un pensamiento de Pablo Neruda

Buenos días, amigos, saludos desde este fresco despacho.

Hoy no sé de qué hablar, y Proverbia.net no me ayuda con su envío diario, sobre la televisión, algo tan anodino, tan poco interesante, tan inconsistente. Así que acudo a la genial Agenda San Pablo 2008, bendito sea su autor por los siglos, que me facilita un consejo sobre el pecado el día 24 de octubre y una poética reflexión el día 25. Esta es, pues, la frase, una vez desestimada la del santo padre Claret:

«Conocer el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida» (Pablo Neruda).

Si yo amo a alguien, cabe la posibilidad de que ese alguien, esa alguien, si preferís, me ame, pero también la contraria, es decir, que no me ame; cabe incluso que no sepa de mi amor, o que el desconocimiento sea recíproco, es decir, que tampoco yo sepa del amor de ese o esa alguien. ¡Qué lío! No. Es sencillo. Si yo no manifiesto mi amor, si no manifestamos nuestro amor, este amor no será conocido ni transmitido, y no habrá fuego que alimente nuestra vida, y el fuego se apagará. Y no estamos hablando aquí ni sólo ni principalmente del amor pasional, del amor conyugal o del mero amor erótico, sino del acto de amor que debemos, por mandato divino, mejor por recomendación divina, a todos los hombres por el mero hecho de serlo. Amor que se trasluce de una manera más nítida en aquellas personas a las que conocemos, tratamos, en aquellos con quienes convivimos, incluida, si la hubiere, nuestra pareja, es decir, nuestro amor conyugal, unitivo.

Nada más puedo comentar de una frase que en poco dice tanto y lo dice tan bien como sólo un grande entre los grandes, un corazón entre los corazones, un poeta, Pablo Neruda, puede decirlo.

viernes, 10 de octubre de 2008

Un pensamiento de Guy de Maupassant

Buenos días. Esta mañana me he levantado sensiblón, a juzgar por la cancioncita que, de improviso, me ha venido a la mente y ha asaltado mis labios: «Te amaré, te amaré como no está permitido; te amaré, te amaré como nunca se ha sabido; porque así lo he decidido, te amaré» (Miguel Bosé). ¡Puagh!, pensaréis algunos. C’est la vie!

Hoy voy a incluir dos pensamientos. ¿Por qué? Para extenderme, jaja. No, veréis. El primero no lo voy a comentar, es simplemente un pensamiento que encontré ayer en el maravilloso libro que estoy preparando ahora mismo (no escribiendo, ¿eh?), y que quiero dedicárselo a una amiga mía, porque le viene como anillo al dedo o cucharadita de caviar al canapé:

«Los niños que tienen la posibilidad de convivir con sus abuelos tienen una riqueza personal que no tienen los demás» (Alejandra Vallejo-Nágera).

El segundo pensamiento es el que voy a comentar, espero que brevemente, y tiene que ver con la Soledad, en mayúsculas, con el estado personal, anímico, moral y espiritual de Soledad. La frase es así:

«Nuestro gran tormento en la vida proviene de que estamos solos y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad» (Guy de Maupassant).

Estos franceses, ¡qué exageraditos que son siempre! Depende, monsieur, depende, de qué soledad estemos hablando, de cómo hayamos desembocado en ella, de si ha sido elegida libre y conscientemente o nos viene impuesta, incluso en ese caso, depende de cómo hayamos aceptado, asumido, hecho propia esa imposición de soledad. Sobre la soledad siempre he entendido mejor una frase, que no sé citar con precisión literal, de ahí que no la entrecomille, y cuyo autor no recuerdo, que dice algo así como que los hombres huimos de la soledad cuando no sabemos estar a gusto con nosotros mismos. Esa es la auténtica soledad: no saber estar consigo mismo, es decir, no conocerse y, no conociéndose, no mostrar el mínimo interés por hacerlo; no estimarse, no apreciarse, no quererse, hasta el punto de no aguatarse a sí mismo y querer estar huyendo de uno mismo. Nada más esquizofrénico, nada más imposible, nada más erróneo. Esa es la soledad de la que dice Maupassant que huimos. Pero la soledad aceptada, la soledad callada, la soledad sonora de san Juan de la Cruz, por ejemplo, no es para huir de ella, es para solazarse, refrescarse, tomar fuerzas y, después, salir de ella recargado y convivir humanamente, divinamente casi, con tu prójimo.

miércoles, 8 de octubre de 2008

¡Ya está aquí!

Bueno, pues ya está aquí, ya ha llegado el hijo esperado. Para quienes no conozcáis la historia, hago un breve resumen: hace ya bastante tiempo, Nacho, un compañero de trabajo, me comentó la posibilidad de que yo preparara una serie de materiales didácticos para un proyecto educativo sobre la paz basado en una canción y su correspondiente vídeoclip. La canción se titula Desaprender la guerra, y su autor es Luis Guitarra, cantautor que tiene ya varios discos publicados cuya distribución contribuye a la financiación de una ONG: Como Tú, Como Yo. El vídeoclip es de David de la Morena. Cuando acepté la propuesta, me puse en contacto con Luis Guitarra, en el que he encontrado no sólo un apoyo constante, multitud de sugerencias interesantes y un ilimitado y sincero agradecimiento, sino, además, un voto de amistad basado en que, por encima de que ambos tenemos diferentes sensibilidades, estábamos embarcados en un proyecto común con un único objetivo: la educación en el valor de la Paz, con mayúsculas. Y transcurrido el tiempo lógico de redacción, revisión, maquetación e impresión, ya están en la calle el libro impreso y un completo DVD que contiene el vídeoclip, los materiales de la Guía didáctica y un montón de cosas más. Ambos, libro y DVD, se pueden adquirir a través de las páginas web de Luis Guitarra y de la ONG Como Tú, Como YO:
http://www.luisguitarra.com/02_discos/pedidos.html
http://www.comotucomoyo.org/20_sentidosur/material.php?id=14 http://www.comotucomoyo.org/20_sentidosur/material.php?id=15



viernes, 3 de octubre de 2008

Un pensamiento de David Lloyd George

Esta mañana venía pensando en proponer directamente la frase que hoy me enviara Proverbia.net. Pero me ha parecido demasiado fácil reflexionar sobre la amistad verdadera con mis amigos verdaderos. Un poco recurrente. Así que acudo al archivo para darle vueltas a la cabeza:

«La libertad no es simplemente un privilegio que se otorga; es un hábito que ha de adquirirse» (David Lloyd George).

David Lloyd George (1863-1945), político británico, fue primer ministro de 1916 a 1922. Y habla de libertad quizá porque es político, y la considera un hábito quizá porque vivió en otra época, en la que uno se gobernaba con responsabilidad y autocontrol, y mirando alrededor, es decir, teniendo en cuenta al prójimo.

Dicho esto, yo quiero hacer un par de breves reflexiones al hilo de la frase. Paa empezar, considero que la libertad es algo intrínseco al ser humano, algo que puede verse menguado por infinidad de circunstancias: por nosotros mismos, por el ambiente, por el espacio físico en el que uno se desarrolla, por los demás, por lo que recibimos y por lo que nos es negado; pero, en cualquier caso, la libertad sigue existiendo, sigue siendo una pertenencia inherente a nuestra condición humana.

Por lo tanto, no es un privilegio que se otorga (o sí: el privilegio que nos otorga Dios al hacernos humanos, al darnos la vida, en definitiva).

Claro, esto siempre que no estemos hablando de libertad sólo como de la condición del que no está entre rejas y puede moverse con autonomía.

Vamos con la segunda proposición: es un hábito que ha de adquirirse. Tampoco lo veo yo así, exactamente. La libertad es una cualidad, una condición humana, que, como tal, hemos de conocer y asumir, y conforme a ella debemos actuar. En este sentido, sí es un hábito, sí se adquiere: se adquiere el hábito de actuar conforme a esa libertad que habita (permítaseme el juego de palabras entre la costumbre y la residencia) dentro de nosotros.

Ahora bien, ¡qué difícil se nos hace, amigos, actuar conforme a esa libertad, es decir, ser auténticamente libres! Quizá sea porque, siendo condición de primera magnitud, no es la primera de las especifidades del ser humano a la que debemos hacer caso. Quizá la libertad está hermanada (o encadenada, mejor, concatenada) con otros conceptos, como el amor, la verdad… En fin, no sé qué pensaréis vos.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Un pensamiento de David Starr Jordan

Buenos días, amigos y familiares de amigos.

Hoy venía pensando que no sabía qué deciros, pues ni siquiera me ha pasado esta semana nada relevante digno de mención. Lo único que me ha llamado la atención en toda la semana es la cantidad de gente que los viernes por la mañana temprano, cuando yo salgo de casa en dirección al cráter de metro-sauna en la Glorieta de Bilbao, está desayunando en la calle, y además desayunan cerveza (y deben de ser todos extranjeros, porque nnno she lesh ennnntiennnndde nada, hablan muy wrawro). La cosa es, volviendo al origen, que después de dos semanas con esta nueva temporada de envíos, no sé cómo seguir. Hasta que esta mañana he leído en Proverbia.net:

«La sabiduría consiste en saber cuál es el siguiente paso; la virtud, en llevarlo a cabo» (David Starr Jordan).

Según Proverbia.net, este señor es estadounidense, murió en 1931 y es (era, mejor) educador e ictiólogo.

Pues el caso es que da que pensar este señor. Porque si saber cuál es el siguiente paso es de sabios, y de virtuosos el darlo, los que caminamos en la vida a trompicones, no somos ni sabios ni virtuosos; y tampoco los que caminamos según nos va, o por inercia, o porque no hay más tutía, o porque tenemos una hipoteca que pagar, o porque tenemos (tranquilos, no es mi caso, creo) hijos que mantener, o porque nos han dicho que vayamos por ahí, que por el otro lado no se puede, y además nos lo hemos creído.

Es decir, que según este educador de peces, hay muy pocos sabios, y menos aún virtuosos, en el mundo. No sé vosotros, pero yo creo que este señor se está pasando un pelín en sus exigencias. Vosotros diréis. Yo, de momento, para no equivocarme, me voy a pasar toda la mañana sentado delante del ordenador, sin moverme ni dar un solo paso, y así no me equivoco…

viernes, 19 de septiembre de 2008

Un pensamiento de Jorge Santayana

Buenos días. Mi cantante del metro-sauna, ese señor con voz rasgada y estilo melódico que tanto me gusta, me ha deleitado hoy con una canción de Roy Orbison, un clasicazo de estos que sale en mil pelis pero que no sé cómo se llama. Cabeza la mía.

El caso es que escuchar a un hombre así por las mañanas (por su voz, por su repertorio y por lo que significa estar ganándose la vida micrófono en mano en los pasillos de metro-sauna) me hace sentirme más humano. Así que la frase que esta mañana me ha proporcionado Proverbia.net me viene al pelo:

«Los amigos son esa parte de la raza humana con la que uno puede ser humano» (Jorge Santayana).

Jorge Santayana es un filósofo, poeta y novelista estadounidense de origen español. Y no sé si estar muy de acuerdo con él. Porque, veamos, si resulta que uno sólo es humano con los amigos, el cantante de metro-sauna es mi amigo porque me hace sentirme humano. Hombre, quizá lo que ocurre es que debo revisar a la ampliación mi concepto de la amistad, pero no sé, me parece mucha ampliación.

Me inclino más por pensar que los amigos te hacen humano, te aportan humanidad, y que es esa humanidad la que te permite ser humano con el resto de las personas con las que te cruzas.

Claro que lo de ser humano hay que entenderlo como ser un buen humano, cargado de las virtudes positivas que hacen que la vida de uno sea más agradable y placentera. Es decir, ser humano para los otros es un poco como ser para ellos un buen suceso.

Y no me voy a alargar más, que luego me lío malamente y no me entiendo ni yo.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Un piropo

Esta mañana una compañera de trabajo, canaria, por más señas, me ha enviado unas fotos de las obras de su casa, en las que aparece con las manos llenas de cemento, en plena faena. Un comentario amable por mi parte ha merecido semejante respuesta, que cuelgo con orgullo ególatra:

«Qué bien se siente la lengua con alguien que la acaricia tanto y tan suavemente como tú. Fíjate, hasta una foto llena de cemento parece hermosa bajo la sombra de tus palabras... miel para los oídos».

viernes, 12 de septiembre de 2008

Un pensamiento de John Henry Newman

Hoy estoy contento, quizá porque el caballero que estos días se pone a hacer música en el Metro, concretamente en Alonso Martínez, tiene buen oído, canta bien, con una voz rasgada a lo Rod Stewart, aunque más melódico, y tiene buen gusto. Esta mañana, por ejemplo, estaba cantando Donna, una preciosa canción de Cliff Richard que yo me sé en la versión que hicieron Los Lobos. Ir camino del trabajo con una sonrisa, tarareando una canción, recordando momentos felices, de eso se trata.

Y esto, no sé cómo ni por qué, me lleva a recomendar hoy un pensamiento de un hombre que, mucho tiempo después de muerto, se ha vuelto inmerso en una estéril pero desestabilizadora polémica. Desestabilizadora para los tontos, claro, que creen necesario justificar su propia condición apuntando a su carro a personajes más ilustres que ellos. Pero, ¿de qué estás hablando? Del pobre John Henry Newman, cardenal de la Iglesia católica, converso del anglicanismo, hombre de probada rectitud y vastísima inteligencia que ahora un grupo de gentecilla ha decidido poner ante su mirilla para tacharle de ¡homosexual! Nunca creeré semejante patraña, desde luego, y menos cuando la afirmación carece de todo fundamento sólido, pero, en cualquier caso, si lo fue, que repito que no, su pensamiento, su trayectoria vital, sus escritos, son los que son. Y tienen joyas como esta:

«Hay que trata las cosas de este mundo de manera que nos recuerden que hay otro mundo más grande» (John Henry Newman).

Me parece que esta recomendación del cardenal, sabia en su fundamento y en la sencillez de su trazado, es algo que olvidamos o simplemente no tenemos en cuenta en muchos momentos. ¿Cuántas cosas de este mundo las consideramos tan cotidianas, anodinas, superfluas, menores, que no les damos la más mínima importancia, no porque no la tengan, sino porque simplemente no reparamos en ellas? Y sin embargo, son cosas de este mundo, cosas que tendríamos que mirar como referentes de un mundo más grande, más generoso, más justo, más pleno, más feliz.

Todo, desde el sonido del despertador o los mundanos placeres de la ducha o del desayuno, hasta el hecho de tener un trabajo o un señor que canta en el Metro, o el aire fresco de la mañana y el aire acondicionado en el despacho, debería ser contemplado con otros ojos, y así veríamos detrás un mundo más pleno. Y de eso se trata, de formar parte de esa plenitud.

Todo, y todos, puede ser contemplado como un buen suceso para nosotros, y también nosotros podemos ser un buen suceso para los otros.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Un pensamiento de Jonathan Swift

Después de tener aguantar los típicos manidos tópicos de la depresión posvacacional y la vuelta al cole/curro como un sufrimiento, comienza de nuevo este envío periódico. He de confesar que yo no creo que exista tal depresión posvacacional, a no ser que uno sea de los que se deprime por todo lo que no se puede cambiar y que se sabe de antemano: las rosas se marchitan pase lo que pase, y es del género bobo deprimirse por ello, pues a una rosa primorosa sucede otra rosa, quizá con espinas, pero con más belleza si cabe en su incipiente corola. Por otro lado, la vuelta al cole/curro puede molestar y hacer llorar a algunos, sí, lo vemos todos los años en los telediarios (¡estos periodistas!), pero también es lo que hay; mientras no descubramos que la diosa Fortuna nos ha acariciado el paquete, digo el bolsillo, no hay modo de evitar la vuelta al curro. Y no todo es amargo, seguro, en esa vuelta. Además, qué caralho, los sabores amargos, como la tónica o la cerveza, acaban por gustar, por mucho que engorden y amarguen, y no siempre podemos andar con lo picante, que lo que entra acaba por salir, ni con lo dulce, pues correríamos el riesgo de ser inflados algodones rosas en lugar de personas razonables. ¡Ay, no te líes, que has prometido ser ágil como el vuelo de una libélula y breve como la vida de una gota de agua encima de una roca al sol en el Kalahari!

Voy a comenzar el curso con una aguda frase de un tipo rápido y ágil:

«La mayoría de las personas son como alfileres: sus cabezas no son lo más importante» (Jonathan Swift).

Pues mira, es verdad. Hay mucha gente que es como un alfiler: si no emprendes con ella una relación como es debido, corres el riesgo de que te pinche y te haga daño, incluso hasta sangrar. O de que salgan de su boca dolorosas agudezas que laceran tus oídos. O incluso de que te utilice de acerico para descansar sus punzantes ideas, o de muñeco de vudú para exorcizar sus dolores. En fin, que ojo con las personas, que pinchan. Aunque a veces, también es cierto, los alfileres, como las personas, sirven para que dos piezas destinadas a ser cosidas comiencen a juntarse y se acostumbren la una a la otra, por ejemplo.

También es cierto que hay muchas personas cuyas cabezas no son lo más importante. Algunas demuestran con una rapidez inusitada que dan más importancia a otras partes del cuerpo, por ejemplo, por citar sólo las partes que más comúnmente son llevadas al primer plano, las tetas, los músculos, el pene o los pies.

Pero hay otra lectura diferente, pues también hay personas cuya parte más importante no es la cabeza, sino el corazón.

Que seamos de los que damos prioridad a la cabeza o al corazón, o a una sana conjunción entre ambas, o a otras partes del cuerpo, y que seamos lacerantes y punzantes objetos o útiles enseres para restaurar la desunión, en fin, qué tipo de alfileres seamos, depende de nosotros mismos.

jueves, 24 de julio de 2008

Ayúdame, de Gandhi

Esta hermosa oración de Gandhi es, sin duda, un auténtico programa de vida. Ayúdame, Señor, a intentar al menos ponerlo en práctica...


Ayúdame a ser como soy.
Ayúdame a decir
la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras
para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición a los demás
por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo
y a no juzgarme como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza
y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito,
déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente,
dame valor para disculparme.
Y si la gente me ofende,
dame valor para perdonar.
¡Señor, si yo me olvido de ti,
nunca te olvides de mí!

(Gandhi)

viernes, 18 de julio de 2008

Un pensamiento de Anthony de Mello (y otro de Alain)

Buenos días, queridos amigos. Bienvenidos al último Pensa antes de que comiencen las anheladas (an-, prefijo negativo, heladas, gélidas, frías) vacaciones veraniegas.

Como hoy es el último, la frase-cita va dedicada a todos vosotros.

«Tú santificas todo aquello que eres capaz de agradecer» (Anthony de Mello).

Pues efectivamente, queridos amigos. Quiero daros las gracias, de veras, por aguantar el tirón y leeros este bodrio semanal durante todo el año. Gracias por contestar, y gracias por hacerlo siempre de buenas, sin contrariar a nadie, sino, más bien, con una amabilidad desbordante y cordial. Gracias también por no haber contestado a aquellas cuestiones que os han parecido molestas, incómodas, contradictorias, difíciles. Gracias por vuestros ánimos para seguir adelante. Gracias por las informaciones que me habéis hecho llegar, sin las cuales, en ocasiones, no hubiera podido rellenar la mitad de estos folios semanales. Gracias por lo bien que me habéis tratado siempre, cuando os he visto, e incluso cuando no os he visto (que es lo más frecuente, no porque yo sea invisible, sino porque cada vez es más difícil para todos sacar momentos comunes), que sé de buena tinta que no es habitual que ninguno de nosotros hablemos mal unos de otros. Eso, precisamente, es mayor motivo de agradecimiento: gracias por vuestra bondad, gracias por vuestra amabilidad, gracias por vuestra amistad.

Suena a despedida, ¿verdad? He ahí.

Pues no. La despedida la pone hoy la frase que acabo de recibir vía Proverbia.net:

«Lo mejor que podemos hacer en favor de quienes nos aman es seguir siendo felices» (Alain, filósofo y ensayista francés).

viernes, 11 de julio de 2008

Un pensamiento de Samuel P. Huntington (y otro de José Antonio Marina)

Buenos días, queridos amigos. Hoy, viernes, es 11 de julio, fiesta de san Benito, patrono de Europa, y día mundial de la población según Naciones Unidas. Desde esta triple circunstancia feliz, os deseo a todos un buen comienzo de fin de semana, una intensa y fructífera experiencia personal y espiritual, y una grata convivencia con vuestros conciudadanos del mundo entero.

Hoy vamos a hacer tarea doble, ya que el día me propone un pensamiento propicio y la Agenda San Pablo, esa maravilla, me ofrece dos frase-citas en lugar de una, o por el precio de una. La primera, relacionada con la población y, de alguna manera, con la realidad fundacional de Europa no sólo como continente sino como protagonista de la historia del hombre:

«En un mundo con múltiples civilizaciones, la vía constructiva consiste en renunciar al universalismo, aceptar la diversidad y buscar rasgos comunes» (Samuel P. Huntington).

Dejo las cuestiones sobre alianza de civilizaciones para comentaristas más preparados que yo. Desde mi humilde atalaya de no se sabe qué ni dónde ni para qué, sólo quiero apuntar a la tercera de las premisas o condiciones que propone mister Huntington: «buscar rasgos comunes». ¡Qué pocas veces hacemos cosa semejante! Porque, volviendo a mí mismo, es decir, a mi tema favorito, ¿qué rasgo en común tienen las hordas invasoras de portales vecinales conmigo?, ¿qué une a los saltadores profesionales de semáforos con un este humilde peatón (bueno, humilde, lo que se dice humilde, tampoco es cierto, más bien desafiante)?, qué me identifica con esos millonarios que llevan brillantes en las orejas y rosarios al cuello y que cobran millones de pesetas sólo por dar patadas a un balón y decir bueno no sé, no, hemos ganado porque hemos metido un gol y los otros no y si no hubiéramos metido un gol no habríamos ganado? ¡Humanidad, ven en mi ayuda, y hazme reconocer en cada persona con la que me cruzo a un ser humano, a un prójimo, a un hermano!

La otra frase es tan sobria, tan sencilla, tan natural, que ni siquiera la voy a comentar, simplemente la reproduzco y os invito a sonreír con ella y a comentarla, si lo deseáis:

«La forma más inteligente de ser feliz es la bondad» (José Antonio Marina).

viernes, 4 de julio de 2008

Un pensamiento de Carlos Fuentes

Buenos días, mis queridos amigos. Hemos comenzado la temporada de verano, con nuevo horario, lo que significa que tengo menos tiempo por las mañanas.


A lo largo de mi existencia, he habido noticias que, por razones muy diversas, me han impactado, me han calado muy hondo y las tengo siempre muy vivas en el recuerdo, en ese almacén de emociones en el que metemos un poco de todo sin saber muy bien por qué. Es el caso, por ejemplo, del ataque argentino sobre las Malvinas, que me asustó enormemente, el de la muerte de Teresa de Calcuta, que, aunque anunciada, me hizo llorar en un acto de oración a Dios, o el del cruel asesinato de Miguel Ángel Blanco. Esta semana la noticia me ha emocionado tanto que cuando la leí en el periódico no pude contener las lágrimas en el metro-sauna de Madrid. Se trata de la liberación de Ingrid Betancourt, cuyo secuestro recuerdo ya vagamente, pero que en su momento también me impresionó. Ha sido una noticia tan feliz, tan maravillosa, que hoy no puedo menos que dedicarle a ella mi pequeño batiburrillo de reflexiones. Y para ello, para esa reflexión, acudo a una frase de Carlos Fuentes.


«No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres» (Carlos Fuentes).


Es la búsqueda de la libertad la que nos hace libres. La Iglesia nos ha dicho siempre que es la verdad quien nos hace libres. Pero ambos conceptos, libertad y verdad, son algo buscado más que tenido, deseado más que poseído, esperado más que disfrutado. De ahí que Carlos Fuentes pueda decir que es precisamente en la búsqueda de la libertad donde encontramos la libertad. Porque, en el fondo, la libertad está dentro de nosotros. Sólo hay que saber buscarla.


Y si hay alguien que sabe de libertad es Ingrid Betancourt. Una mujer que ha sido libre ante la política y la corrupción de su país, ante el dominio económico del narcotráfico, también ante el amor; ante la misma guerrilla que la ha tenido en un selvático secuestro durante tantísimo tiempo. Una mujer que ha sido, es y será libre, y que ha recuperado –¡bendito sea Dios!– la libertad física que le habían hurtado. Debo felicitarla a ella, y admirarla, y admirar y felicitar a sus familiares (madre, hijos, exmarido…). Y desde luego, al ejército colombiano, que ha hecho una operación impecable.

¡Bravo!

jueves, 3 de julio de 2008

Feria del Libro - Fotos

Aunque tarde, aquí hay una pequeña muestra de la febril actividad de la caseta 201 en la Feria del Libro 2001. Firma Andrés Guerrero, autor de Cuatro cuentos de ciudad. Las fotos son de Elena Muñoz, cuyo portal literario está linkado en el lateral. En el público, igual reconocéis a alguien...








viernes, 27 de junio de 2008

Un pensamiento de Heráclito

Hoy no tengo demasiadas ganas de hacer toda esa filosofía barata a la que os suelo tener acostumbrados, así que me he ido a la Agenda de San Pablo, he tomado la frase más corta que he encontrado en los días cercanos al presente, 27 de junio, y os la presento sin más:

«Si no se espera, no se dará con lo inesperado» (Heráclito).

Mira qué gracioso. Si no se espera, no se dará con nada, ¿no? ¿O hay que esperar lo inesperado, como dicen otros por ahí? De entrada, dejemos claro que no estamos hablando de esperar al autobús, sino de esas esperanzas que vienen a satisfacer anhelos íntimos y profundos. Si esperas, y tu esperanza es firme, está basada en sólidos principios, y no es una iniquidad para ti y para tus semejantes, es muy posible que la esperanza se cumpla. Pero a las esperanzas, a todas las esperanzas, hay que ayudarlas, poniendo los medios a nuestro alcance para su cumplimiento. Si no, se convierten en vanas utopías quiméricas e imposibles. Y aun poniendo todos los medios, a veces las esperanzas no se cumplen, o no al menos de la manera que ansiábamos. En esos momentos, quizá, es cuando aparece lo inesperado a lo que alude Heráclito. Lo inesperado que puede ser una solución distinta, un desenlace contrario o desviado de nuestra previsión inicial, pero que acaba satisfaciendo igualmente, o mejor, si cabe, esa íntima inquietud, ese profundo anhelo, ese deseo.

lunes, 23 de junio de 2008

Manifiesto por la lengua común

Desde hace algunos años hay crecientes razones para preocuparse en nuestro país por la situación institucional de la lengua castellana, la única lengua juntamente oficial y común de todos los ciudadanos españoles. Desde luego, no se trata de una desazón meramente cultural –nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el chino y el inglés- sino de una inquietud estrictamente política: se refiere a su papel como lengua principal de comunicación democrática en este país, así como de los derechos educativos y cívicos de quienes la tienen como lengua materna o la eligen con todo derecho como vehículo preferente de expresión, comprensión y comunicación. Como punto de partida, establezcamos una serie de premisas:

1) Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, pero sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas –el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay diversas realidades culturales pero sólo una de ellas es universalmente oficial en nuestro Estado democrático. Y contar con una lengua política común es una enorme riqueza para la democracia, aún más si se trata de una lengua de tanto arraigo histórico en todo el país y de tanta vigencia en el mundo entero como el castellano.

2) Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüisticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas co-oficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc… en detrimento del castellano (y mucho menos se puede llamar a semejante atropello “normalización lingüística”).

3) En las comunidades bilingües es un deseo encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la lengua co-oficial, junto a la obligación de conocer la común del país (que también es la común dentro de esa comunidad, no lo olvidemos). Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no impuesta. Es lógico suponer que siempre habrá muchos ciudadanos que prefieran desarrollar su vida cotidiana y profesional en castellano, conociendo sólo de la lengua autonómica lo suficiente para convivir cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible de las manifestaciones culturales en ella. Que ciertas autoridades autonómicas anhelen como ideal lograr un máximo techo competencial bilingüe no justifica decretar la lengua autonómica como vehículo exclusivo ni primordial de educación o de relaciones con la administración pública. Conviene recordar que este tipo de imposiciones abusivas daña especialmente las posibilidades laborales o sociales de los más desfavorecidos, recortando sus alternativas y su movilidad.

4) Ciertamente, el artículo tercero, apartado 3, de la Constitución establece que “las distintas modalidades lingüísticas de España son un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”. Nada cabe objetar a esta disposición tan generosa como justa, proclamada para acabar con las prohibiciones y restricciones que padecían esas lenguas. Cumplido sobradamente hoy tal objetivo, sería un fraude constitucional y una auténtica felonía utilizar tal artículo para justificar la discriminación, marginación o minusvaloración de los ciudadanos monolingües en castellano en alguna de las formas antes indicadas.

Por consiguiente los abajo firmantes solicitamos del Parlamento español una normativa legal del rango adecuado (que en su caso puede exigir una modificación constitucional y de algunos estatutos autonómicos) para fijar inequívocamente los siguientes puntos:

1) La lengua castellana es común y oficial a todo el territorio nacional, siendo la única cuya comprensión puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles.

2) Todos los ciudadanos que lo deseen tienen derecho a ser educados en lengua castellana, sea cual fuere su lengua materna. Las lenguas cooficiales autonómicas deben figurar en los planes de estudio de sus respectivas comunidades en diversos grados de oferta, pero nunca como lengua vehicular exclusiva. En cualquier caso, siempre debe quedar garantizado a todos los alumnos el conocimiento final de la lengua común.

3) En las autonomías bilingües, cualquier ciudadano español tiene derecho a ser atendido institucionalmente en las dos lenguas oficiales. Lo cual implica que en los centros oficiales habrá siempre personal capacitado para ello, no que todo funcionario deba tener tal capacitación. En locales y negocios públicos no oficiales, la relación con la clientela en una o ambas lenguas será discrecional.

4) La rotulación de los edificios oficiales y de las vías públicas, las comunicaciones administrativas, la información a la ciudadanía, etc…en dichas comunidades (o en sus zonas calificadas de bilingües) es recomendable que sean bilingües pero en todo caso nunca podrán expresarse únicamente en la lengua autonómica.

5) Los representantes políticos, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características. En los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales.

Firmas (orden alfabético): Mario Vargas Llosa, José Antonio de la Marina, Aurelio Arteta, Félix de Azúa, Albert Boadella, Carlos Castilla del Pino, Luis Alberto de Cuenca, Arcadi Espada, Alberto González Troyano, Antonio Lastra, Carmen Iglesias, Carlos Martínez Gorriarán, Jose Luis Pardo, Álvaro Pombo, Ramón Rodríguez, Jose Mª Ruiz Soroa, Fernando Savater...

Y un servidor: Álvaro Manuel Santos Iglesias

viernes, 20 de junio de 2008

Un pensamiento de Isabel Gómez-Acebo

Queridos amigos, buenos días a todos. Anoche, como viene siendo habitual los jueves, tuve que solicitar casi por escrito a unos jóvenes estudiantes provistos de vasos de plástico llenos de combinado y una especie de cigarrillos oscuros liados a mano que tuvieran la amabilidad de retirarse del acceso a las viviendas, si no les resultaba excesiva molestia. Dado que tuvieron a bien tomarme a choteo, me puse en contacto con los servicios municipales de protección al ciudadano, que me dijeron vagamente que ya irían a ver qué pasaba. Tal respuesta no me satisfizo suficientemente, con lo que me vi en la obligación de recordarle al agente sus funciones y desearle que lo que estaba ocurriendo en mi casa pasara también, todos los días del año, en la suya propia. Al salir de casa esta mañana, el efecto de ambos sucedidos era devastador. He tenido que sortear todo tipo de objetos (principalmente envases semivacíos) para salir de casa. Lo que me ha motivado a volver a llamar al servicio municipal, que me han dado fe de que enviaron una patrulla y pusieron una denuncia contra un grupito, pero que la noche ha sido toledana en toda la ciudad. No suelo ser de duda metódica, pero algo me dice que lo que está ocurriendo, más bien, es una mezcla de escurrimiento de bulto y vuelta de cabeza hacia otro lado por parte de las autoridades, sean esta del ámbito que sean, más preocupadas por permanecer asentadas sobre sus asientos y asientas.

De ahí que al mirar la Agenda de San Pablo me haya venido de perlas la siguiente reflexión, pregunta retórica en este caso, pronunciada por una de las teólogas españolas de más renombre (pero, ¿hay teólogas españolas de renombre? No en el grado de renombre de Hans Urs von Baltasar, ni siquiera en el de Olegario González de Cardedal, pero sí, haberlas haylas).

«¿Es posible que baste con que desviemos la vista, con que ignoremos a tantas personas y a tantas realidades y que dejen de existir?» (Isabel Gómez-Acebo).

Me consta que la pregunta de Isabel Gómez-Acebo no se refiere a la realidad mundana y pseudotrivial que me afecta a mí, sino a otras de repercusiones mucho mayores, que tienen que ver con la dignidad del ser humano, con la vida, con la situación de pobreza y exclusión social, con un largo etcétera de situaciones verdaderamente comprometedoras.

Pero en cualquier caso, la respuesta, aplicada la pregunta a cualquiera de las situaciones que se plantee, es doble. Por un lado, están los que contestan a la teóloga que sí, que si ellos no ven el problema, el problema no existe, y entonces el mundo es feliz. Es el caso, y perdonadme la frivolidad, que es un mero recurso cuasiestilístico, de esas Mujeres desesperadas por satisfacer las necesidades de su cuenta corriente y de su libido, o hablando finamente, de su potorro, y que no ven, ni por asomo, otras necesidades más perentorias en su entorno y en el mundo, ese mundo que algunos se empeñan en llamar aldea global (los mismos que se empeñan en hacer que esas mujeres tengan el mínimo interés para medio mundo, y que no siempre lo consiguen, pero eso es otra cosa).

Por otro lado, están los que dicen que no, que apartar la vista sirve de muy poco, que no ver las cosas no las hace desaparecer, sólo desdibuja la realidad, como un cuadro puntillista. Apartar la vista no elimina a las hordas de diversión, siguen ahí, a la puerta de casa. Y llevárselas de ahí sirve poco, sólo, me temo, para que sea otra la persona que sufra molestias y proteste. Hay que hacer algo más. Apartar la vista no sirve para que se sigan emitiendo por televisión bodrios como los problemas uterinoeconómicos de un grupo de amargadas, sólo sirve para no verlas. Pero siempre habrá quien las vea y quien las emita (y quien las produzca). Hay que hacer algo más. Apartar la vista no hace que las situaciones de opresión, de deshumanización, de pérdida de la dignidad humana desaparezcan. Sólo nos convierte en opresores, deshumanizadores, humilladores. Hay que hacer algo más.

Y ese algo más es lo que la pregunta de Isabel Gómez-Acebo nos invita a considerar, a reflexionar, a movernos. En la línea del compromiso activo por el ser humano. Incluso por las mujeres desesperadas. Incluso, ¡ay!, por los jovencitos irrespetuosos. Menudo rapapolvo que me ha echado la teóloga.

martes, 17 de junio de 2008

Feria del Libro - Anecdotario (III)

Pero, ¡si es Carmelo Gómez!

Fue el sábado 14 por la tarde. Firmaba Carmen Guaita su libro Los amigos de mis hijos. Es su primer libro, y era la primera vez que firmaba. Estaba emocionada. Y había convocado a muchos familiares y amigos para estar arropada en ese importante momento. Entre ellos, una sorpresa: el actor Carmelo Gómez, que es amigo de Carmen y de su familia. Pasó toda la tarde bien ante la caseta, bien en el paseo, frente a nosotros, bien en el chiringuito que hay justo enfrente. Las camareras del local, revolucionadas con su presencia, casi me riñen cuando les dije que estaba en mi caseta, que era amigo de "mi" autora. Logré que nos firmara un autógrafo dedicado a la editorial: en un marcapáginas que representa a una hormiga tumbada, el autógrafo decía: «De cigarra a hormiga, muchos libros y mucho teatro». Al día siguiente, busqué el autógrafo y había desaparecido. Sin darse cuenta, alguien lo dio como un marcapáginas más, sin percibir la firma en el dorso, o lo tiró, al verlo escrito. El caso es que ahora la presencia de Carmelo Gómez en la Feria depende sólo de mi testimonio, pues las pruebas "volaron".

¿Me lo cambias?

Una chica comienza a mirar libros infantiles con interés, apreciando mucho los dibujos, pidiendo consejo, contándome que le gusta leerlos con sus sobrinas y hacer que observen las ilustraciones y pinten. La desesperación casi se apodera de ella cuando, uno tras otro, casi todos los libros que le enseño le encantan. Pero casi no tiene ya dinero en efectivo, no podemos cobrar con tarjeta y falta menos de media hora para cerrar caseta y concluir la feria. Al final se lleva sólo un libro, encarecidamente recomendado, perteneciente a nuestra colección «La Brújula». Y con él, su póster, sus marcapáginas y un puñadito de caramelos. Cinco minutos después, y cinco minutos antes de cerrar la caseta, viene corriendo, con la lengua fuera y acompañada de un chico, pidiéndonos cambiar el libro por otro. Como fuera que nunca me ha pasado nada semejante, me quedé un poco descolocado, pero al final hizo el cambio, pagando la diferencia de precio. Incluso me ofreció devolverme los "objetos promocionales" que entregamos con los libros de la colección «La Brújula». ¡Qué cara debí de poner, qué actitud más poco favorable para que me quisiera devolver hasta los caramelos! Definitivamente, debo corregir ante el espejo mi expresividad.

viernes, 13 de junio de 2008

Un pensamiento de Jacques Dupont

Saludos cordiales, mis queridos amigos. Ayer me pidieron que el de hoy fuera un pensamiento amable, divertido, sonriente. No sé si lo conseguiré, pero por si acaso, puedo comenzar con un pequeño chiste de temática afín a la empresa en la que trabajo, que leí ayer mismo:

¿Cuándo instituyó Jesucristo el sacramento del matrimonio? Cuando dijo: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».

Ahora un poco más en serio, si es que se puede ser serio en momentos así, como este jocundo y buenhumorista tiempo en que nos ha tocado vivir. Me encuentro la frase-cita del día en la agenda de San Pablo, para un día como hoy, que es trece de junio, viernes, y se conmemora a san Antonio de Padua, santo portugués. Y dice así:

«Sería absurdo lamentarse porque la comunidad no nos da lo que esperamos de ella si nosotros mismos no ofrecemos las cosas que la comunidad espera de nosotros» (Jacques Dupont).

Dar a la comunidad lo que espera de nosotros para que nosotros podamos recibir lo que esperamos de la comunidad. Alguno dirá que eso es una revisitación del feudalismo, aquel sistema en el que el señor feudal daba protección a la población a cambio de que esta cultivara sus tierras y le llenara la despensa (vale, es una reducción simplista la que he hecho, pero es por abreviar). También puede ser una versión de otros sistemas de relaciones político-económico-sociales. En el fondo, creo yo, es lisa y llanamente lo que esa señora que nadie ha visto nunca y se responde al nombre de Vox Populi entiende que debe ser la relación de convivencia entre las personas.
Desde la familia, en la que los padres no deben exasperar a los hijos y los hijos no deben desobedecer a los padres (me suena a un tal Saulo), es decir, en la que todos deben respetarse y amarse, hasta las relaciones internacionales (o interplanetarias, que los hay que siguen empeñados en traerse de Marte algún ser verde con el que iniciar una nueva era), en la que los países malos deben acatar las resoluciones de Naciones Unidas y los países buenos deben aportar a Naciones Unidas sus recursos, pero pocos, para que los países regulares puedan seguir mirando cómo comen los países democráticos ricos y cómo pisan los países dictatoriales, sean ricos o pobres.
Y en medio, pues también. ¿Qué espera la comunidad de vecinos de un vecino? Que no arme escándalo, que pague sus cuotas, que sea amable, que no acose ni amenace a nadie, etc. En el momento en que el vecino cumple esas expectativas de la comunidad, puede esperar de esta respeto, tranquilidad, limpieza, discreción. Y a veces cotilleos, pero es harina de otro costal.
Esto que dice monsieur Dupont de que esperemos de la comunidad a la par que ofrecemos a la comunidad es, diría yo, lo normal, lo convencional, lo natural.
Pero hete aquí que hay mucha gente, mucha, que no piensa lo mismo. Por ejemplo, ese grupo de gente que fuma porros y mea donde les sale de ahí mismo, llevan rastas y pantalones de algodón rizado de colorines, no dan palo al agua ni por asomo y pretenden que la comunidad les dé una vivienda digna. Lo que no sabemos es lo que entienden por digna, pues, si por un lado son capaces de meterse a vivir en una casa cerrada hace años, sin abastecimientos (hasta que ellos hacen sus propias conexiones, que por supuesto no son, en absoluto, ilegales) y seguramente sin escobas ni fregonas (eso es de gente que escucha a la Pantoja). Pues digna, aparte de otras consideraciones, es una casa en la que vive una persona digna.
He dicho. Con toda dignidad. Y ahora espero de vosotros, comunidad de lectores del Pensa, que esperabais de mí mi ración semanal de sandez, una respuesta. Y que sea digna.

lunes, 9 de junio de 2008

Feria del Libro - Anecdotario (II)

Bloque dedicado a nuestros autores, que se han hecho amigos y tienen el detalle de ofrecernos su tiempo, su entusiasmo y su trabajo.

Pero, ¡si somos compañeros!

Conversación con Beatriz Roldán, autora de La perforadora que no quería hacer agujeros redondos, que se firmó 26 ejemplares.

—¿Cuánto tiempo llevas trabajando en San Pablo?
—Catorce años.
—Ya son muchos. ¿Y qué estudiaste?
—Periodismo.
—¿En la Complutense?
—Sí.
—Claro, unas cuantas promociones detrás de la mía.
—Pero, Beatriz, si soy mayor que tú; hemos nacido el mismo año, y como yo soy del 3 de enero, tengo que ser mayor que tú con toda seguridad.
—Entonces, entonces... hemos tenido que ir a la misma clase.
—Roldán, Santos... ¡Pues es verdad!

(Y a partir de aquí, no transcribo, pues se sucede una larga lista de nombres para identificarnos, y un montón de detalles y curiosidades). Mientras, el goteo de firmas continúa y Beatriz las atiende con su mejor sonrisa y la inestimable ayuda de su hija Alejandra Fujuan, que imprime diversos dibujos con un tampón en cada libro dedicado.

Firmas con estilo propio

Nuestros autores no sólo firman, sino que cuidan sus firmas aportando detalles originales, alegres, que hacen único su estilo. Por ejemplo, Paloma Orozco Amorós, que va cargada de tampones con dibujos de unicornios, princesas, dragones y demás seres mágicos para imprimir su peculiar sello a cada libro. Algo parecido a lo que hizo también Beatriz Roldán. Andrés Guerrero, como autor e ilustrador que es, firma y dibuja cada dedicatoria, y a veces no sólo en el libro: muchas jóvenes lectoras se iban con un reloj pintado (y firmado) en la muñeca. O Violeta Monreal, que con papeles cortados a mano, pegamento, su colección de figuritas de papel metalizado (estrellas, corazones, notas musicales, flores, mariposas, balones...) y un rotulador convierte cada libro en una obra de arte, personalizada según las indicaciones de sus jóvenes lectores.




viernes, 6 de junio de 2008

Un pensamiento de René de Chateaubriand

Buenos días. Hoy me ha despertado el despertador, cosa que no me gusta y no me sucede muy a menudo, ya que suelo estar despierto antes de que entone su molesta canción de carraca, esperando a darle un liberador manotazo. El manotazo se lo ha llevado, pero no es lo mismo levantarse despierto que levantarse como un zombi sacado de la ultratumba a empellones. Pero el mal humor inicial me lo mitiga siempre la chica que me vende el periódico, con su carita redonda, su larga y negra melena lacia, su dulce sonrisa y su peculiar «grasias». Y al llegar a la oficina y recibir el correo diario de Proverbia.net, ese mal humor inicial ha desaparecido, roto violenta y felizmente (¿puede la violencia ser feliz a veces?) con una gran carcajada. Este es, queridos, el motivo de que hoy la frase-cita tenga mucha retranca. Ved vosotros mismos el porqué de mi carcajada matinal:

«No se debe usar el desprecio sino con gran economía, debido al gran número de necesitados» (René de Chateaubriand).

Pues he aquí que monsieur Chateaubriand, recomienda, con gran maldad, ser bueno. Considera el caballero que existen muchos necesitados de desprecio. Alguno puede opinar que se está sobrando siete pueblos, o que se ha excedido en el recurso a la ironía. Sin embargo, los mismos que opinan eso estarán de acuerdo conmigo en que alguna vez han pensado aquello de que si los necios volaran, no veríamos la luz del sol ni por asomo. Y esto, queridos amigos, es también una forma de desprecio.

Lo que ocurre es que se nos invita a no despreciar rápidamente, enseguida, a la primera de cambio. Hay que saber discernir: puesto que hay muchos necesitados de desprecio, conviene no utilizar este «bien» (suponiendo que el desprecio sea tal, tomemos de momento la palabra bien en su acepción de objeto o valor de cambio) a tontas y a locas, no sea que se agote y luego no podamos ofrecérselo a otra persona más necesitada de él que la anterior. Así, reservando nuestro desprecio para el siguiente (siguiente que, de momento no es más que una hipótesis), estamos consiguiendo un efecto positivo: no despreciar a alguien es el primer paso, el escalón inicial, hacia el respeto a esa persona. Y cuando llegue el siguiente, puesto que somos seres relacionales y siempre podemos conocer a alguien más, habrá ya en el horizonte otro «siguiente», otra hipótesis merecedora de nuestro desprecio, con lo cual la persona que en ese momento considerábamos despreciar queda salva, respetada.

Y así, tacita a tacita, como diría Carmen Maura anunciando café (qué tiempos), no gastamos nuestro desprecio, en espera de que pueda llegar alguien con más méritos para recibirlo. ¿Acumulamos, entonces, desprecio en nuestro interior, con el riesgo de que quedemos llenos de él hasta que nos desborde? NO. Rotundamente no. ¿Por qué? Porque el desprecio no es cuantificable, ni se embalsa como el agua. El desprecio crece cuando lo usamos y disminuye cuando rehusamos utilizarlo. Así, a medida que dejemos de despreciar a nuestros semejantes, nuestra capacidad de despreciarlos disminuirá, y aumentará, consiguientemente, nuestra capacidad de respetar al prójimo.

Y el respeto, al fin y al cabo, está relacionado con el amor.

lunes, 2 de junio de 2008

Feria del Libro - Anecdotario

Sucedidos curiosos que nos ocurren y la mayor parte de las veces nunca quedan relatados. Voy a ir recogiendo estas anécdotas, principalmente las que me han ocurrido a mí, pero también otras. Este espacio se irá modificando a medida que la Feria avance, claro.

«Es mi cumpleaños»

—Oye, ¿cuánto cuesta este libro?
(Un librito de frases y pensamientos minúsculo).
—2,50, caballero.
—¡Huy, qué caro! ¿Tienes los Evangelios?
—Sí, mire, aquí los tiene.
—¿Y me los regalas?
(Cara de póker)
—¿Cómo dice, señor?
—¡Hombre, que me los regales!, que hoy es mi cumpleaños.
(Cara de póker; el resto del público presente, me mira conteniendo la risa):
—Pues, no lo siento, no se lo regalo. Si quiere se lo vendo, pero no se lo puedo regalar.
—¡Pues vaya!
(Se va, mientras el público presente me mira como diciendo: «Lo que tenéis que aguantar»).


Papiroflexia

La pregunta más repetida, año tras año, que nunca somos capaces de contestar afirmativamente y que siempre (y mira que son años sabiéndolo), nos descuadra:

—¿Tenéis libros de papiroflexia?

(Quizá con los años, en que cada vez hacemos más libros educativos e infantiles y diversificamos producto; hasta ahora, somos principalmente una editorial religiosa, y es difícil hacer teología, espiritualidad o hagiografía papiroflexa, un suponer).


¡No!

Pasan dos niños felices, mirando libros en todas las casetas. Con la mejor de mis sonrisas, les entrego a cada uno un marcapáginas: una princesa sentada, leyendo un libro, con el fondo rosa, y un pirata, espada en mano, con fondo azulón. Los niños me sonríen, con la ilusión en la cara porque les han regalado algo (y eso, niños o no niños, siempre nos gusta). Miran hacia donde está su padre, que se precipita sobre ellos, les arranca de las manos los marcapáginas y me los tira sobre el mostrador, mientras repite con ira:

—Libro religioso, ¡no!, libro religioso, ¡no!, libro religioso, ¡no!

¡Cuánto mal puede hacer ese marcapáginas, ese pirata, esa princesa lectora, en la mente de unos niños! ¡Cuánto bien la educativa, cívica y tolerante actitud de su progenitor! ¡Qué lástima!

Y lo peor es el tiempo que tardé en reponerme del soponcio. Que soy muy sentido.


Inmaculada Galván

Un simpático ¡Hola! resuena mientras estoy contando el cambio de un cliente. Al levantar la vista, la sonrisa en los ojos y en la boca de Inmaculada Galván (véase Telemadrid, Madrid-Directo) me alegran el día. Por segundo año consecutivo, Inmaculada pasa por nuestra caseta, saluda, echa un vistazo a nuestros libros, nos habla de sus hijas, dos preciosidades que se parecen mucho a ellas, y la sometemos a la llevadera tortura de dedicar un autógrafo a la editorial en uno de nuestros marcapáginas, que cumplimenta con la misma sonrisa. Y se despide de nosotros hasta otro día, que puede ser este mismo año, o como tarde, seguro, el año que viene...
Con personas como ella al otro lado de la caseta, da gusto trabajar.

viernes, 30 de mayo de 2008

Feria del Libro

Buenos días. Hoy comienza la Feria del Libro de Madrid. Adivinad, pues, de qué vamos a tratar.

«Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer» (Alfonso X el Magnánimo).

«Los libros no se han hecho para servir de adorno; sin embargo, nada hay que embellezca tanto como ellos en el interior del hogar» (Harriet Beecher Store).

«Amar las palabras, tener interés por lo que se escribe, creer en el poder de los libros, esto supera a todo lo demás, y a su lado la vida de uno se queda muy pequeña» (Paul Auster).

Multiplicidad de frase-citas hoy. Frase-citas que nos invitan a leer para adquirir sabiduría y consejo, para saber a qué atenerse, cómo actuar, qué hacer y qué decir, cómo seguir adelante con la propia vida. Y cómo ser recordado como alguien Magnánimo, que no está nada mal.
Frase-citas que nos incitan a comprar libros, aunque sólo, pero no sólo, sea para decorar nuestro salón, nuestro dormitorio, nuestro despacho, nuestra cocina (dónde mejor que la cocina para los libros de Arzak o de Santamaría), nuestro cuarto de baño. Sí, sí, también en el baño: libros breves, como los artículos Humo y muerte de Hitchcock; libros sin palabras, como Zoom; libros divertidos, como los anecdotarios de Martes y Trece; libros de ayuda, como Reformar mi casa; libros de artículos simpáticos, como El primer trago de cerveza; obritas de teatro, como el Morir de Sergi Belbel; libros en cómic, como el catálogo de insultos del capitán Haddock… En fin, libros en el baño.

Y comprar libros no sólo sirve para decorar, sino para que mucha gente, mucha, pueda vivir, comer, pagar la hipoteca, etc.

Frase-citas que invitan, casi, a practicar culto al libro (bueno, vale, pero sin pasarse, que Dios sólo hay uno y dice que le amarás a Él sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, o sea, que le regalarás libros igual que te los regalas a ti mismo).

En fin, mis queridos amigos, hoy comienza la Feria del Libro de Madrid. Y allí os espero, con los marcapáginas más bonitos para recibiros.

Los libros son, después de vosotros, mis mejores amigos. A ellos y a vosotros, gracias. Os quiero. ¡Wuey!

miércoles, 28 de mayo de 2008

Hombre, de Blas de Otero

No siempre tengo tiempo para atender el blog como se merece. Y hace tiempo que quería rendir mi pequeño homenaje a Blas de Otero reproduciendo uno de los poemas que más me ha impactado, desde mis años de estudiante, y que he llevado una y mil veces a la oración haciéndolo, de alguna manera, mío.


Hombre

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser –y no ser– eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

viernes, 23 de mayo de 2008

Un pensamiento de Bertrand Russell

Buenos días, mis amigos. Si, como dice Paul Cézanne, «la naturaleza es el espejo que Dios despliega ante nuestros ojos», y en un espejo se refleja todo lo que se le pone delante menos los fantasmas y los vampiros, resulta que hoy estamos lluviosos (al menos aquí). Y lluviosos remite primero a mojados, por contacto con la realidad, a melancólicos, por arte de la metáfora más clásica y manida, a limpios, por aquello de la ducha matinal con gel y champú, y en ámbitos más agrarios a fértiles o idóneos para el riego de los campos… Pero no son estos los tiros de hoy.

De lo que vamos a charlar esta mañana (si es que este soliloquio tecleado puede recibir el nombre de charla, al menos en su sentido de conversación; sí que lo es, seguramente, en su peyorativo sentido de perorata, sermonazo o rollo raro) es de un pensamiento extenso de un hombre de amplios y diversos saberes. La frase, no podía ser menos, puede encontrarse en la Agenda de San Pablo, precisamente en su edición de este año y en el día de hoy, es decir, 23 de mayo. Y dice así:

«La sabiduría es un cuarto sentido de la proporción, una visión comprensiva de las cosas, una conciencia de los fines, una aceptación serena de los límites, un cultivo de los sentimientos nobles y generosos» (Bertrand Russell).

Ahí es nada, con lo que nos viene Beltrán. Nos habla nada menos que de la sabiduría. Cosa que el libro de los libros (no, la enciclopedia no: la Biblia) necesita un libro entero para despachar, describir y desmenuzar. Y aquí Belt Russell nos lo resume en cinco puntos. Pues vamos a por ellos.

El (un) cuarto sentido de la proporción. Indica el egregio matemático y filósofo que la sabiduría es un cuarto sentido de la proporción, que debe ir necesariamente acompañado de los tres sentidos anteriores. Por ejemplo: una muchacha de, digamos, proporciones consideradas «clásicamente perfectas» (90-60-90) necesita de la cuarta proporción –la sabiduría– para que esa proporción y esa perfección le sirvan para algo. Aunque igual el amigo Belt hablaba de «otras» proporciones…

Una visión comprensiva de las cosas. Bueno, no puedo ponerle grandes pegas a ésta cuestión, máxime si por cosas entendemos objetos. Aunque hay múltiples ejemplos de objetos surrealistas e imposibles, o de diseños increados por imposibles, me parece fácil aplicar la máxima: ver las cosas de manera comprensiva, es decir, intentando comprenderlas y abarcarlas. Otra cosa es, claro, si entendemos por cosas no ya objetos, sino, por ejemplo, situaciones. O emociones. O intuiciones. Ahí ya, lo de ver comprensivamente las cosas requiere un tono mayor. Y no estoy hablando de música. Anda, mira, estoy hablando de lo mismo que Belt, de sabiduría. Pégate a la gente que tiene sabiduría, es decir, a la gente que tiene una visión comprensiva de las cosas. Cuéntale a ellos/as lo que te pasa, que te podrán dar una visión comprensiva del asunto. Comprendo.

Una conciencia de los fines. Pues mira, más de lo mismo, que hay que ir abreviando. Las cosas, las intenciones, las acciones, los hechos, los deseos, los anhelos, las voliciones, tienen uno o varios fines. Fines que han de ser contemplados con conciencia, que han de ser conocidos, valorados, sopesados. Mira que voy entendiendo a qué se refiere Belt con esto de la sabiduría, oye.

Una aceptación serena de los límites. Vamos, que si no puedes, no puedes, y deja ya de lamentarte por ello o de intentarlo, que te vas a romper la crisma y de paso nos vas a fastidiar a nosotros. No, eso es aceptación forzada de los límites, y Belt dice aceptación serena. Y para aceptar serenamente algo, primero hay que haberse dado cuenta de ello, y hay que conocerse bien, para saber a qué atenerse. Belt, eres un hacha.

Un cultivo de los sentimientos nobles y generosos. Veamos. ¿Por qué han de entrar los sentimientos nobles y generosos, objeto claro del corazón y virtudes propias del espíritu, en un concepto del intelecto? Precisamente, chato, si te acabas de contestar (me diría Belt). ¿Qué sabiduría hay cuando se elimina el sentimiento, cuando desaparecen los sentimientos? ¿Qué sabiduría hay en la vileza, la bajeza, la ruindad del sentimiento, del ánimo, de la acción? ¿Qué sabiduría hay, finalmente, en la usura, la roñosería, la tacañería, la antipatía, el egoísmo?

Belt nos da, pues, una estupenda lección. Hemos de suponer en él la sabiduría de la que habla. Y nosotros que lo aprendamos.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Padre

Ángel Santos Bobo (09/11/1926-21-05-1999)


PADRE

¡Qué difícil decir «padre»!
Suena antiguo,
a respeto viejo y temeroso,
a desván y polvo.
Es hablar en blanco y negro.

Yo prefiero el color
del mar bajo la espuma blanca,
del folio inmaculado,
de la tinta en el papel,
del marco dorado del caballo
–ahora es mío, ¿sabes?–;
y el caqui, y el azul,
y el gris. Todos muestran
con discreta opacidad
el sencillo buen hacer
que honra a un padre.

Padre también suena a Dios.
Y aunque sé que ahora
están juntos
y nunca han vivido
muy lejos,
a veces siento reparo
por decir dos veces «padre».

Yo siempre dije «papá»,
que es palabra familiar,
cómoda y sencilla,
con la que puedo lo mismo
obedecer o negar,
discutir, acariciar,
ordenar e incluso herir.

Pero hoy...
Hoy «papá» se queda corto.
Hoy digo «padre»
y a los dos les llamo.
Hoy sólo «padre»
sonará en mis labios.


I. PADRE


HABITACIÓN

La habitación es un vagón de ferrocarril
y el tren no va a llegar a su destino
antes de las tres semanas
(Jorge Riechman)


La habitación es la cabina
de un extraño carrusel.
Es la montaña rusa
–cruel sube y baja–
en la feria oscura del alma.
Ha sido también hotel
de noches sin sueño,
de días cansinos que enseñan
paciencia
a la fuerza.
Salón donde las visitas
–pastas y bombones
envueltos en sonrisas–
dan al tiempo un ritmo
diferente
cada hora.
Ha sido el horno –el calor
de un hospital lo cuece todo
a fuego lento–
que ha hecho madurar
desazón y unidad,
la respuesta al miedo.
Y también
el salón de la modista
y un despacho improvisado.
Ha sido, ante todo,
circunstancia obligada:
he encontrado ante la cama
un espejo en que mirarme,
un otro yo.


PIERDE EL AIRE

A mi hermana

Pierde el aire
en el vacío,
cuesta abajo,
en la montaña rusa.

Todo cambia en un segundo.
Roto el horizonte,
oscuro túnel,
veo ya el pasaje del terror.

Llega el aire
a duras penas
para andar,
llorar y maldecir.
Y otras sombras
caen, como un torrente
opaco y transparente,
sobre el rostro.

[Es dura la tarea del doctor.
Cualquier palabra que diga
–«inesperada sorpresa»,
«mantener la calidad de vida»...–
es aséptica, y tan fría
como un témpano de hielo
a la deriva.]

La garganta envuelta en nudos
esboza fiera, digna, una sonrisa:
Nuestro deber es triunfar:
¡la cama sigue ocupada!


CÓMO PUEDE EL MAL

¿Cómo puede el mal
quedar oculto?
¿Cómo puede, sibilina,
esconderse la cizaña?
¿Cómo puede asomar sólo
cuando el tiempo se ha pasado,
cuando es tarde?

¿Qué mal perverso es peor
que el que a oscuras desarrolla
y a hurtadillas se reparte,
infiltrado en el cuerpo
hasta la muerte?

¡Enfermedad maldita!
Aunque puedas vencer,
aunque hayas vencido,
morirás algún día.
Aunque sólo el veneno
pueda ahora matarte,
aunque arrastres contigo
a miles de enfermos,
morirás algún día.

Y será tu muerte
redención y alegría
para quienes tú mataste.


SEMANA SANTA

Semana Santa, tiempo de pasión.
Salen pasos a la calle
y se arropa a Cristo muerto
con sudarios de silencio y de tambores.
(Y a su Madre se la aclama
con piropos de azucena.)
El dolor del Viernes anticipa
la resurrección. Y nos trae
la primavera una esperanza:
brota de nuevo la vida.
Sangre y agua del costado herido
prefiguran
el regreso de la vida.
Es la Pascua.

En la cama está el calvario
del dolor. La enfermedad
cercena las entrañas
y atraviesa el cuerpo el sufrimiento
con su lanza.
Ilusión y fortaleza
manan del costado abierto
y rebrota la alegría:
la curación es posible.
Vuelve a casa la esperanza.
Es la Pascua.

El hombre pasa a Dios...

Adiós...


DIÁLOGO

–Ay, ay, ay, ay, ay.
¡Ay!

–¿Qué te pasa, papá?

–Ay, que no puedo más,
ay, ay, ay, ay,
¡que no puedo más!

–Ten paciencia. Verás
cómo puedes. Tú sólo
ten paciencia y espera.
Tú sólo
ten paciencia y espera.

–¡Que no puedo más!

–Ten paciencia. ¿Quieres
agua? Sí. Bebe. Verás
cómo luego estás mejor
[¡Dios, por favor!].
Así. ¿Quieres
más?

–¡Ay, si no puedo más!


EL CALOR

El calor aplasta cuerpos
y mentes, anula
cerebros, reseca
gargantas.
Inquietud. Sin cesar
resuenan letanías
de avemarías.
Un reflejo azul
al otro lado de la cama.
Y suena un grito, rebelde:
«¿Es que no vas a decir nada?».
Corta el aire el sobresalto.

«Está hablando con Dios»,
alguien susurra.

Una lágrima se escapa.
Y rueda.


LLEGÓ EL DÍA

Sucedió.
Llegó el día.
No hay más tiempo
para él.
Ni para nadie.
Casi no hay tiempo
ni para llorar:
llama a tus tíos,
avisa al portero,
llama a un amigo
que corra la voz,
abraza, besa,
contén el aliento,
sofoca el sollozo,
vuelve a abrazar;
contrata la esquela,
contacta la iglesia
para el funeral,
contesta llamadas...
Abraza de nuevo,
vuelve a besar,
desata otra vez
el nudo en tu garganta,
atiende a la gente:
«¿cómo estás?»,
Bien, gracias
«lo siento»,
Gracias
«come algo»,
Gracias
«si me necesitas...»,
Gracias
«no te digo nada»,
Gracias
«¿cómo ha sido?»,
«¿sufrió mucho?»,
«era lo mejor»,
«ahora descansa en el cielo»,
«ya estará con Dios»...
Él te oiga.

Y luego, ya solo,
en la cama,
de noche,
libera el sollozo,
derrama tu llanto,
expulsa el dolor contenido
y deja más tarde
que el sueño te venza.
Porque hay que seguir...


NO ES SOMBRÍO EL CEMENTERIO

Piedra y cemento,
granito y mármol,
verjas de hierro,
bronce pulido,
alabastro...
Flores marchitas,
polvorientas;
árboles viejos,
cansados;
césped, rosales,
crisantemos,
pensamientos...
Dolor, pasión, duelo,
también esperanza, consuelo.
Cruces, sudarios,
vírgenes,
ángeles...
Tumbas hermanadas.

He llegado al cementerio
rodeado de miradas,
escondido tras mis gafas
negras. Como mi corbata.
Todo era sombrío
a pesar del sol.
Al llegar ante el sepulcro
abierto,
me ha invadido el frío.
Los hombres se afanaban
por helar aún más la escena
con palabras y cemento.
Me ha fallado la fe:
no he podido rezar
y a Dios mismo le he gritado
sin palabras.
No he llorado.
Nada he dicho.
Nada.

Después he querido aislarme,
perdido
entre las tumbas.
Quería estar solo,
pero ellos, los muertos,
con sus nombres, borrosos,
grabados en las lápidas,
con sus estatuas,
con sus frases e inscripciones,
me han acompañado,
hermanando
en su silencio mi dolor.
Poco a poco
he enjugado el llanto
en el sudario pendiente
de una cruz despoblada.
Y las cintas blancas y moradas
de las coronas de flores
han llevado mi oración,
con el viento,
hacia el cielo.
Y me calentaba el sol.

Entonces he comprendido:
no es sombrío el cementerio.
Sólo es sombrío el entierro.


POEMA TRUNCADO

Languidecen en las hojas
del cuaderno
inacabados bocetos.
Clásicos perfiles
parecen esperar
un lápiz
que termine su mentón
y dé vida a su mirada
perdida, ausente.
Y un labriego y su carreta
a duras penas recorren
un camino sin trazar
que nunca verá el final.

Languidecen los legajos
de papeles,
inconclusas redacciones.
Artículo y conferencia
esperan una mirada
que se pose sobre ellos
y remate con un punto
su existencia.
Y esa carta con su sobre
nunca llegará a destino.


QUE NADIE ME DIGA

«No será fácil», pensaba.
«No será fácil», decían.
No lo es.

Pesan las heridas
como una losa.
Y las palabras dichas,
y los silencios,
y las palabras ciegas
y sordas, las que no dije,
pesan.

Y que nadie me diga
cuándo ha de callar mi llanto,
cuándo ha de cesar mi luto, cuándo
la pena se acaba.


II. HOMENAJES Y SECUENCIAS


LA BODA

Una aureola de amor
rodea siempre a la novia
en el día de su boda.

La sombra del ala negra,
la negra sombra de muerte
no ha oscurecido la tarde
ni acelerado la noche.
El soplo de negro viento,
el negro amago de nubes,
no han oscurecido el día
ni enfriado corazones.
La negra lluvia de noche,
el agua de lluvia negra
no ha disipado la fiesta
ni matado la alegría.

A la novia la miraban
todos los ojos dulces,
toda la energía amable,
toda la justa esperanza,
el cariño y el amor
de toda la gente buena.
Tiene hoy doble aureola
en el día de su boda
más grande que el ala negra,
más fuerte que el negro viento,
más densa que negra lluvia,
más dura...
que negra muerte.


TESTIGO

(Ángel)

Quiero ser yo quien se quede
esta noche.
Deja que sea yo quien vele,
que escuche
el inquieto resuello,
que espere en silencio,
¿rezando?,
a la muerte.
Poco a poco el respirar
se hace sereno.
Entonces se estremece
mi sosiego: ya es la hora.
¡Oh Dios!,
¿qué ha de pasar
por mi cabeza
cuando es la muerte
quien camina
ante mis ojos?
Míralo.
Este trance lo atraviesa
solo, ¡solo!
Y solo lo contemplo.


LA SOLEDAD

La soledad es guardar silencio
sin nadie al lado
y es mirar el vacío
y es hablar a las nubes.

La soledad en el alma se acompaña
de rezos, lecturas y palabras,
de imágenes, de gente y de recuerdos.
Pero sigue siendo sola.

La soledad es un cuerpo abandonado,
un espíritu que vive
sin su mitad natural
y se resiste al desgarro.

La soledad se mitiga con tiempo
y compañía, con palabras,
con amistad y con hijos,
con la risa de un niño
y el pensar en el mañana.

Pero al final, y aunque duela,
sigue siendo sola
la soledad.


EL AMOR

A mis otras hermanas
(y a mis otros hermanos)

A veces el amor
es acompañar en silencio una mirada,
es hundirse en el fondo del dolor
y quedarse quieto, allí,
llorando apenas.

A veces el amor es contemplar absorto
la nada ajena, propia porque se ama.
Y también es consolar con la mano,
suavemente acariciar
un profundo vacío.

A veces el amor es afanarse
por hacer brotar la risa cuando el llanto
es permanente. Y entretener con palabras,
y dejar solo al amado, y callar.

A veces el amor es ser amigo,
es ser hermano del hermano,
es ser familia.
A veces, casi siempre, el amor
es compartir calor y miedo.


LA PRIMERA NAVIDAD

Brilla la estrella
en la noche oscura
sobre el portal.
Vienen pastores
cantando,
¡parecen ángeles!
Sonríe el Niño
mientras María
abriga el cuerpo
de su chiquillo.
José medita:
Está extrañado
de que la gloria
quiera alojarse
en su familia.


* * *

–¡Este año
yo no quiero Navidad!
¡No puedo!

–¡Pero este año,
más que nunca,
Navidad es necesaria!
Aunque nos duela
su ausencia,
aunque nos falten
las fuerzas.

Este año seré yo
quien casque nueces,
tú quien pele
las granadas.
Ya habrá quien corte
el turrón.
Este año haremos
postre, como siempre.
Cenaremos juntos
con la mesa engalanada.
Y vestiremos el árbol
con lazos y gominolas,
y pondremos, como siempre,
un belén en cada cuarto.
Escucharemos también
villancicos alemanes.

Miraremos hacia el cielo
esperando que aparezca
la primera estrella.
Y vendrá con ella el Niño
con los libros,
y los Reyes nos traerán
nuevos regalos.
Y reiremos con los niños,
como siempre.

–Y lloraremos.

–Lloraremos.
Pero estando
todos juntos,
seremos este año,
como siempre,
más que nunca,
una sagrada familia.


LISTA DE PRÍNCIPES Y EL REY, SU ABUELO

Para David.
Y para Pablo, Celia,
Beatriz, Rocío y Javier

¡Tenía el joven príncipe
la mirada tan profunda!
Abismal. Y silenciosa
como un lago en invierno.
Todo –el palacio, el mar,
las pinturas, las personas–
hacía que en su garganta
se hicieran nudos de agua
cada vez que recordaba
huellas del rey, su abuelo.

Soñaba el príncipe alto
(parecía alabardero)
que en el cielo generales
necesitaba el ejército
de los ángeles de Dios.
Y que allí quedaba al mando,
en el Estado Mayor,
su abuelo, general rey.

Miraba a lo alto risueña
la mayor de las princesas,
con vestidos azul cielo.
Y murmuraba en inglés
que en esa estrella tan bella,
esa que reluce tanto
y con distinto color,
vive ahora el rey, su abuelo.

Mientras la princesita
que jugaba en el jardín
vio un conejito correr
y esconderse en los arbustos.
«¡Conejito, ven!», llamó.
«Conejito me llamaba
–dijo sacando los dientes
con sonrisa de conejo–
cada día el rey, mi abuelo».

Y la princesa más joven,
rubio rocío temprano,
descubrió que en su palacio
habían puesto un retrato
del príncipe de perfil.
«Es mi hermano –dijo ella–,
que pinta casi tan bien
como el que ha pintado este,
mi abuelo, el pintor rey».

El más pequeño de todos
los príncipes del rey nietos
no hizo nada y nada dijo
(todavía era pequeño).
Pero él estuvo también
dormido sobre los brazos
de su rey y de su abuelo.


EPÍLOGO


ERES UN ÁNGEL

Hay rumor de lo eterno
en la vida que fluye
(Ernestina de Champourcin)

La vida sigue en curso
y vuelve el agua brava
a su sereno cauce.
Ha cesado la tormenta
y luce el sol esta mañana.
Mas las huellas de tu paso
han quedado en el camino.

Detrás de cada puerta
palpita vivo un museo
en tu memoria.
En cada corazón reviven
enseñanzas y consejos.
Asomado a la ventana,
contemplo cómo la vida
me devuelve tu mirada
a cada paso, en cada hoja
que agita el viento.

Tu recuerdo sigue vivo
y el rumor de tu presencia
hace brotar la esperanza
en el futuro trazado.
El sacudir de tu ala
ha rozado apenas
mi sonrisa.

Eres un Ángel.

O dos...


ORACIÓN

No te puedo reprochar
el no haber tenido dicha
permanente. Nadie tiene.
Tampoco puedo acusar
a tu voluntad de hierro
de forjarme solamente
en el dolor y en el llanto.
Has dejado que en mi vida
se uniera el cardo y la rosa,
la sonrisa y la tristeza,
esperanzas y quebrantos.
Y ciego he sido, e ingrato,
cuando he visto natural
lo que es regalo del cielo,
como un lamentable penar
algún dolorcillo vago.
Pero ahora que este duelo
ha hecho carne de mi alma,
ahora que mi costado
mana abierto sangre y agua,
quiero agradecerte, Dios,
los azúcares y mieles
que disueltos he bebido
en la noche y la amargura.
Y aunque solo y gris yo vea
algún día el horizonte,
sabré que tras la sequía
siempre vendrá tu Jordán
a regarme las orillas.