miércoles, 13 de noviembre de 2013

Mi colonia

Una frivolidad, que no todo tiene que ser siempre tan serio. Lo escribí, como todo, hace tiempo, pero creo que nadie o casi nadie lo conoce. Ahí va mi frivolidad, «mi colonia»:


Aspiro el aire cuando paso,
busco mi olor
y sigo mi rastro.

Me parezco
a una novia enamorada
o a una jovencita
en celo.

Mi colonia
me gusta.

sábado, 2 de noviembre de 2013

No es sombrío el cementerio

Así se titula este poema que escribí ya hace muchos años y que hoy, día de difuntos, me ha permitido recordar muchas cosas.

Piedra y cemento,
granito y mármol,
verjas de hierro,
bronce pulido,
alabastro...
Flores marchitas,
polvorientas;
árboles viejos,
cansados;
césped, rosales,
crisantemos,
pensamientos...
Dolor, pasión, duelo,
también esperanza, consuelo.
Cruces, sudarios,
vírgenes,
ángeles...
Tumbas hermanadas.

He llegado al cementerio
rodeado de miradas,
escondido tras mis gafas
negras. Como mi corbata.
Todo era sombrío
a pesar del sol.
Al llegar ante el sepulcro
abierto,
me ha invadido el frío.
Los hombres se afanaban
por helar aún más la escena
con palabras y cemento.
Me ha fallado la fe:
no he podido rezar
y a Dios mismo le he gritado
sin palabras.
No he llorado.
Nada he dicho.
Nada.

Después he querido aislarme,
perdido
entre las tumbas.
Quería estar solo,
pero ellos, los muertos,
con sus nombres, borrosos,
grabados en las lápidas,
con sus estatuas,
con sus frases e inscripciones,
me han acompañado,
hermanando
en su silencio mi dolor.
Poco a poco
he enjugado el llanto
en el sudario pendiente
de una cruz despoblada.
Y las cintas blancas y moradas
de las coronas de flores
han llevado mi oración,
con el viento,
hacia el cielo.
Y me calentaba el sol.

Entonces he comprendido:
no es sombrío el cementerio.
Sólo es sombrío el entierro.

jueves, 24 de octubre de 2013

Al son de la Palabra - Palabras para una presentación

[Presentación del libro Al son de la Palabra, de Pedro Langa Aguilar. Miércoles 23 de octubre de 2013, a las 18 horas]

Señoras y señores, muy buenas tardes a todos.

Permítanme unas breves palabras sobre mí mismo para justificar mi presencia es esta mesa. Lo obvio es que estoy aquí porque me lo pidió el P. Langa y, aunque me quedé muy sorprendido, sobrecogido casi, no pude negarme en reconocimiento al afecto que el P. Langa me profesa, que sobrepasa mis méritos profesionales o personales para participar en esta presentación.



Y este, ¿quién es?

 
No me puedo presentar a mí mismo más que como periodista. Un periodista especializado desde la Facultad en información religiosa, pero que ha ejercido poco tiempo la profesión: mi trayectoria profesional me llevó pronto del mundo del periodismo de medio y de fuente (el diario ABC y un gabinete de prensa diocesano) al mundo editorial. Llevo casi veinte años trabajando en la editorial San Pablo, desarrollando las funciones que me han sido encomendadas al cabo del tiempo y que en la actualidad me ocupan como responsable de promoción.
 
En la editorial, durante muchos años, he sido el responsable de los contenidos de las agendas, concretamente de la de tamaño bolsillo, que lleva por título Mi agenda, y que tiene, además de las lógicas informaciones acerca del tiempo y la liturgia, varias páginas de textos para la meditación. Páginas que he pretendido siempre llenar con todo tipo de poemas, siempre breves, muchas veces sonetos, que acompañaran el tiempo litúrgico para cada año y ayudaran a los lectores a meditar y a orar, o a familiarizarse con la poesía, algo tan poco común.
 
Desde niño soy aficionado a la poesía, y con el tiempo cada vez más a la poesía de contenido o con connotaciones religiosas. En mis tiempos de mayor compromiso en una parroquia, incluso llegué a componer y publicar varios poemas salidos de mi puño y de mi corazón en la hoja parroquial «Cristo Vive», responsabilidad que tan generosamente cedió nuestro párroco a un grupo de jóvenes. Años después escribí una serie de poemas en torno a la enfermedad y muerte de mi padre, hace ya también mucho tiempo, que incluso me atreví, empujado por mi amiga Piluca, doctora en literatura, a presentar a un concurso sin más resultado que la satisfacción personal de haberme atrevido a presentarlos. Eso sí, todos mis poemas estaban y están escritos en verso libre, pues no he llegado a dominar el arte de la métrica a pesar de tener en mi poder (y haber leído) el Quilis, el mejor manual de métrica existente.
 
Hago mención a los poemas sobre mi padre porque entroncan por su temática con una parte muy importante de la poesía española, sobre todo desde el siglo XX, que es poesía existencial, poesía que se pregunta, en muchas ocasiones con desgarro, por la vida y por la muerte, que lanza un desafío a Dios y del que no siempre obtiene –mejor dicho: no siempre percibe– respuesta. Es la poesía de quienes están, y tomo la expresión de Blas de Otero, «luchando cuerpo a cuerpo con la muerte». Se pueden citar muchos nombres para descubrir la grandeza de esta poesía, pero quizá baste para ello con mencionar a Miguel de Unamuno, León Felipe, el ya citado Blas de Otero, o Leopoldo Panero.
 
 
El autor del libro
 
Sin embargo, si estoy aquí no es por mis méritos, escarbados en mi historia personal, sino por el generoso afecto que me regala el P. Langa. No puedo decir de él nada que no sepan ustedes ya, pues le conocen mucho mejor que yo y desde hace más tiempo, seguramente como feligreses, alumnos o lectores de sus obras. Yo no le conocí hasta la publicación de sus Voces de sabiduría patrística, libro que se presentó en esta misma sala y que con satisfacción profesional y personal he visto una y otra vez reseñado en diversos medios de comunicación. 
 
Nada más conocer al P. Langa quedé impresionado por su persona. Primero por lo más llamativo: su voz (qué gran actor de doblaje hubiera sido si en el cine a los personajes de naturaleza bondadosa, como es él, los hubieran interpretado personajes de físico y voz más contundente que los de James Stewart o Henry Fonda, por ejemplo) y la grandiosidad de su lenguaje y su dicción, que tanto hace evocar a locutores de radio que ya no se conocen. Luego, por su amplia cultura y su facilidad para hablar de todos los temas con todas las personas: lo hace no rebajando el tema, sino, lo que es más difícil y más meritorio, elevando a su interlocutor. Y sobre todo por esa capacidad suya de tomar y mostrar afecto por todas las personas. Un afecto que le ha llevado a convertirse en el segundo mejor promotor de mi libro. (La primera es, o ha sido hasta que su enfermedad se lo ha impedido, mi madre). Le doy las gracias por ello, padre Langa.
 
 
Al son de la Palabra. El libro
 
Pero yo he venido aquí para hablar no de mi libro, como el trending topic del desaparecido Francisco Umbral, sino del libro del Padre Langa: Al son de la Palabra. Un libro que, de entrada, tiene un título muy bien elegido: nos indica que lo que vamos a encontrar en su interior ha sido escrito con el acompañamiento de la Palabra con mayúsculas, amoldado a Ella, y que de Ella y con Ella se hace grato al oído y nos da noticias o ecos de lo que la misma Palabra Es.
 
Se divide el libro en ocho apartados o epígrafes de títulos claros y significativos. No obstante, yo encuentro, más que ocho partes, dos mitades claramente diferenciadas. La primera, que abarcaría los cuatro primeros epígrafes reporta lo que evoca la Palabra, lo que oímos y vemos (o lo que no oímos ni vemos en primera instancia, al escuchar el texto en la iglesia, por ejemplo, pero que acaba resonando en nuestro interior y rebrota con la inestimable ayuda de estos sonetos). Son poemas que siguen el devenir del año litúrgico (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua…), que recogen la experiencia religiosa del ser humano ante los grandes misterios que encierra la Palabra de Dios. 
 
[Permítame un inciso, Padre Langa. No es un reproche, sino una proposición, un reto para una segunda entrega de poemas tan valiosos como los presentes. Muchos de nosotros, estoy seguro de ello, echamos de menos en este tipo de recorridos por el año litúrgico alguna referencia al Tiempo Ordinario, ese tiempo en el que parece que nunca ocurre nada importante, pero en el cual la más pequeña de las semillas se acaba convirtiendo en la más alta de las hortalizas. El tiempo, si se me permite decirlo, de los laicos. Ahí queda ese guante, más petición que desafío...] Sigo.
 
La segunda parte contiene, a mi juicio, la poesía más personal (aunque también hay mucho del autor en la primer parte), más honda de sentimiento y más libre de expresión. Una poesía que es fruto de su propia experiencia o que, como dice en la introducción, plasma «sentimientos a menudo ajenos (…) aunque yo aquí los reviva y haga míos (…). Responden al interior de no pocas almas que uno ha ido encontrando por la vida (…) y que han acabado por tomar cuerpo en la evocación lírica». Algo que hace que, en este libro, todos podamos vernos reflejados, pues seguro que encontramos en sus páginas algún verso, alguna imagen, que refleje nuestra propia vivencia espiritual.
 
Merece la pena hacer una pequeña mención a la métrica. Pedro Langa utiliza el soneto, la estrofa más perfecta según muchos autores. En catorce versos, un soneto empieza y acaba un relato, un pensamiento, deja una huella en el alma y provoca una emoción en el lector. Un buen soneto es siempre algo redondo, cerrado, pleno. La imagen no es mía, sino de mi amiga Carmen, profesora de literatura: el poeta tira una piedra a un lago en calma: al penetrar en el agua, la piedra genera un vacío, abre un espacio en el agua que luego se cierra tras de sí. Eso es el soneto. Una estructura cuya rima comienza a descender en los cuartetos (en espiral ABABABAB, o escalonadamente ABBAABBA) y se cierra en los tercetos, que siempre vuelven a ascender. La piedra que queda en el fondo del lago es la impresión en el alma, el recuerdo de lo leído, y las ondas concéntricas de la superficie son la emoción, el escalofrío que se siente al leer el soneto. 

 
El contenido (los poemas)
 
José Luis Tejada es un poeta de la generación de los 50 que tiene una importante Poesía religiosa recogida en un libro titulado precisamente así. En el prólogo, su hijo, Pablo Tejada Romero, hace una sencilla descripción de los distintos tipos de poesía religiosa que puede sernos de utilidad. Vamos a establecer un diálogo entre el prólogo de Tejada y el poemario de Langa para comprobar que de todas las categorías de las que habla el primero podemos encontrar ejemplos en el libro del segundo:
 
«Podemos entender por poesía religiosa la que trata de los temas en que el hombre busca y narra el encuentro con Dios y, en Él, su salvación».

«Dime que nada grande se ha perdido,
porque tú mismo sigues a mi lado
pendiente con tu amor de mi cuidado,
aunque en la barca estés como dormido».


«La poesía trascendente es la que ahonda en los misterios del ser y de su sentido tras la muerte»:

«Sin rumbo fijo y con destino incierto
trota el corcel alado de la historia
en pos de novedad a campo abierto, 

sin comprender que sólo en esa noria
de amor y besos a tu rostro muerto
se hace el hombre alabanza de tu gloria».

«La poesía mística busca transmitir por el arte los encuentros con lo inefable».

«Te quiero así, te quiero todo mío
cuando en la iglesia rezo o en el coro
intuyo en ti a mi Dios anonadado. 

Sobre un cielo de nubes, –¿desvarío?–,
te canto una y mil veces y te adoro,
Señor Jesús, por mí sacramentado».

«A veces la experiencia religiosa se aúna con la tradición popular y surgen villancicos o letras para el cante».

«Duerme, Dios niño, en brazos de María,
bendita Madre que, al rayar la aurora,
oyó dichosa su primer aliento».

«La poesía devota se inspira en una advocación divina o mariana».

«Prendados de tus ojos, desde este duro suelo
queremos invocarte, paloma voladora,
llamarte a cada paso, decirte en cada hora,
que no nos abandones, oh Virgen del Consuelo».

«Y finalmente la poesía religiosa también puede estar destinada a la oración personal o comunitaria…».

«Pon esos ojos tuyos amorosos
en la pobreza de mi ser perdida
por un ancho desierto de ilusiones. 

Vuelve los míos faros luminosos
radiantes de calor, llenos de vida,
prestos a prodigar consolaciones».

A esta clasificación de Tejada yo añadiría quizá dos categorías más:

Una, la poesía descriptivo-contemplativa (aunque quizá podría quedar englobada en la poesía de carácter orante que acabamos de mencionar): se trata de aquella en la que el poeta trata de situarse, y con él al lector, dentro de la escena que no sólo está retratando, sino que pretende revivir para contemplarla y orar con ella. 

«Y fue al partir el pan, aquel fragmento
del puro instante en que al mirar te vieron,
cuando aquellos discípulos sintieron
que desaparecías como el viento».

Por último, yo encuentro en este libro muchos ejemplos de un tipo de poesía religiosa que es descripción de un estado del alma, consejo espiritual, diálogo personal o entre poeta y lector, que no hace sino describir, poner en palabra el sentimiento propio o ajeno. Del poeta o de aquellos a quienes, en su condición de sacerdote, ha tenido ocasión de escuchar hasta hacer suyas sus tribulaciones, sus dudas, sus ocasos y sus amaneceres. Son aquellos poemas en los que podemos ver reflejados nuestros propios sentimientos, nuestra propia vivencia, y en los que se nos ofrece un consejo, una esperanza, una salida. Sólo dos ejemplos, y con esto termino:

«Nunca te consideres ya vencido,
porque, en la vida, el que persiste y ama
sabe de luchas, de bregar, de fama,
por más que a batallar no haya salido».

«No malgastes el tiempo en vanas prisas
con las fuerzas erradas, imprecisas,
que, a la postre, conducen al abismo. 

Procura ser, más bien, inteligente,
embrida juntos corazón y mente,
y verás que al final eres tú mismo».

Nada más. Sólo me queda volver a agradecer al P. Langa su libro, que es excelente, y la oportunidad que me ha brindado de estar aquí, entre ustedes, hablando de él. Y a ustedes les agradezco su infinita paciencia con esta mi intervención y les animo, de corazón, a que lean Al son de la Palabra. Un libro de los que ayudan a crecer.

Muchas gracias.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Letanías de los santos

Una de las actividades a las que me dediqué este verano fue a escribir algunos trabajos que tenía más o menos pendientes o desarrollar sobre el papel (léase teclado/pantalla) ideas que hacía tiempo que me rondaban la cabeza. Entre estos trabajos, preparé unas letanías de los santos, pues ya llevaba yo tiempo comentando en el coro, por ejemplo, que las letanías que cantábamos me parecían una selección un tanto aleatoria de nombres.

Esto que viene a continuación es el fruto de ese trabajo: unas largas, larguísimas letanías de los santos. Obviamente, no están hechas para ser recitadas enteras, sino para que cada cual, según sus necesidades, intereses, devociones particulares, etc., elija aquellos campos que prefiera. De ahí que haya puesto muchas categorías, con una media de cuatro nombres por cada una, para que sea fácil añadir, cambiar, suprimir, adaptar... El texto entre corchetes, además, puede suprimirse.

He intentado, en la medida de lo posible, que haya santos de ambos sexos, de diversas procedencias geográficas, primando los españoles e hispanoamericanos, y de todas las épocas históricas (ordenados siempre cronológicamente). He intentado, asimismo, respetar aquellos santos que cuentan con memoria litúrgica, libre u obligatoria, en la liturgia de la Iglesia.


Señor, ten piedad. * Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. * Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. * Señor, ten piedad.

Santa María, * Madre de Dios y Madre nuestra, * Ruega por nosotros.

San José, * Su santo esposo, * Ruega por nosotros.

Santos Miguel, Rafael y Gabriel, * Santos arcángeles de Dios, * Rogad por nosotros.

San Juan Bautista, * Precursor de los caminos del Señor, * Ruega por nosotros.

Santa María Magdalena, Santos Pedro y Juan, * Testigos de la resurrección del Señor, * Rogad por nosotros.

Santos Marcos, Mateo y Lucas, * Santos evangelistas de Dios, * Rogad por nosotros.

Santos Pablo, Santiago, Andrés y Bernabé, * Santos apóstoles del Señor, * Rogad por nosotros.

Santos Zacarías e Isabel, Ana y Simeón, * Cantores de las maravillas de Dios, * Rogad por nosotros.

Santos Lázaro, Marta, María y Nicodemo, * Seguidores y amigos de Jesús, * Rogad por nosotros.

Santos Felipe, Priscila, Timoteo y Tito, * Pioneros en el anuncio del Evangelio, * Rogad por nosotros.

Santos Ignacio de Antioquía, Basilio Magno, Gregorio Nacianceno, Jerónimo, y Juan Crisóstomo, * Santos padres de la Iglesia, * Rogad por nosotros.

Santos Ambrosio de Milán, Agustín de Hipona, Isidoro de Sevilla, Tomás de Aquino y Juan de Ávila, * Santos doctores de la Iglesia, * Rogad por nosotros.

Santas Hildegarda de Bingen, Catalina de Siena, Teresa de Jesús y Teresa del Niño Jesús, * Santas doctoras de la Iglesia, * Rogad por nosotros.

Santos Benito, Cirilo y Metodio, * Santos patronos de Europa, * Rogad por nosotros.

Santas Brígida de Suecia y Teresa Benedicta de la Cruz, * Santas patronas de Europa, * Rogad por nosotros.

Santos Dámaso, León Magno, Gregorio Magno, Martín y Pío X, * Santos vicarios de Cristo, * Rogad por nosotros.

Santos Cipriano [de Cartago], Ildefonso [de Toledo], Bonifacio, Estanislao, Carlos Borromeo y Josafat, * Santos pastores de la grey del Señor, * Rogad por nosotros.

Santos Félix de Nola, Juan de Kety, Juan María Vianney y Josemaría Escrivá [de Balaguer], * Santos sacerdotes del Señor, * Rogad por nosotros.

Santos Pedro de Alcántara, Francisco de Borja, Pascual Bailón, Luis Gonzaga, Martín de Porres y Rafael Arnaiz, * Santos religiosos consagrados al Señor, * Rogad por nosotros.

Santas Escolástica, Rita de Casia, Rosa de Lima, Josefina Bakhita y Teresa de los Andes, * Santas religiosas consagradas a Dios, * Rogad por nosotros.

Santos Hermenegildo, Fernando [III], Luis [IX de Francia], Casimiro [de Polonia] y Tomás Moro, * Santos reyes y gobernantes del pueblo de Dios, * Rogad por nosotros.

Santas Casilda [de Toledo], Margarita de Escocia, Eduvigis e Isabel de Portugal, * Santas soberanas del pueblo de Dios, * Rogad por nosotros.

Santos Julián [el Hospitalario], Geraldo de Aurillac, Benito José Labre y José Moscati, * Santos siervos laicos de Dios, * Rogad por nosotros.

Santas Lidia, Fabiola, Zita y Mariana de Jesús [de Paredes], * Santas siervas laicas de Dios, * Rogad por nosotros.

Santos Tarsicio, Justo y Pastor, Estanislao [de Kostka] y Domingo [Savio], * Santos infantes del Señor, * Rogad por nosotros.

Santas Marina, Eulalia de Mérida y María Goretti, * Santas niñas de Dios, * Rogad por nosotros.

Santas Mónica, Juana de Aza y Gianna Beretta [Molla], * Santas madres cristianas, * Rogad por nosotros.

Santos Isidro Labrador y María de la Cabeza, * Santos esposos ejemplares, * Rogad por nosotros.

Santos Esteban, Hipólito, Sebastián, Lorenzo, Cosme y Damián, * Santos mártires de Cristo, * Rogad por nosotros.

Santas Águeda, Cecilia, Inés, Bárbara, y Lucía, * Santas mártires de Cristo, * Rogad por nosotros.

Santos Pancracio, Emeterio y Celedonio, Eulogio de Córdoba, Pelayo y Fidel de Sigmaringa, * Santos mártires de la fe, * Rogad por nosotros.

Santos Pablo Miki, Agustín Zhao Rong, Andrés Dung-Lac, Andrés Kim y Carlos Luanga, * Santos mártires en tierras de misión, * Rogad por nosotros.

Santos Domingo de Guzmán, Ignacio de Loyola, Felipe Neri, Pablo de la Cruz y Antonio María Claret, * Santos fundadores religiosos, * Rogad por nosotros.

Santas Francisca Romana, Beatriz de Silva, Juana Francisca de Chantal, Vicenta María López Vicuña y María Maravillas de Jesús, * Santas fundadoras religiosas, * Rogad por nosotros.

Santos Francisco Javier, Pedro Claver, Pedro Chanel, Daniel Comboni y Damián de Molokai, * Santos misioneros del Evangelio, * Rogad por nosotros.

Santos Antonio de Padua, Buenaventura, Bernardino de Siena, Roberto Belarmino y Francisco de Sales, * Santos predicadores de la Palabra de Cristo, * Rogad por nosotros.

Santos José de Calasanz, Juan Bautista de La Salle, Juan Bosco y Pedro Poveda, * Santos educadores de la infancia y la juventud, * Rogad por nosotros.

Santas Ángela de Mérici, Joaquina Vedruna, Juana Jugan y Carmen Sallés, * Santas educadoras de la infancia y la juventud, * Rogad por nosotros.

Santos Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paúl y José Benito Cottolengo, * Santos servidores de los enfermos, * Rogad por nosotros.

Santas Luisa de Marillac, Juana Antida Thouret, Soledad Torres Acosta y Teresa de Jesús Jornet [Ibars], * Santas servidoras de los enfermos, * Rogad por nosotros.

Santos Francisco de Asís, José María Yermo, Luis Orione y Juan Calabria, * Santos abogados de los pobres, * Rogad por nosotros.

Santas Clara de Asís, María Micaela del Santísimo Sacramento, Ángela de la Cruz y Genoveva Torres Morales, * Santas abogadas de los pobres, * Rogad por nosotros.

Santos Juan de Ortega, Domingo de La Calzada y Roque, * Santos auxiliadores de los peregrinos, * Rogad por nosotros.

Santos Bernardo [de Claraval], Juan Diego, Luis María Grignion [de Montfort], Alfonso María de Ligorio y Maximiliano María Kolbe, * Santos servidores de María, * Rogad por nosotros.

Santas Juana de Lestonnac, Catalina Labouré y Bernardita Soubirous, * Santas servidoras de María, * Rogad por nosotros.

Santos Pedro Canisio, Juan Eudes, Claudio de la Colombière, Margarita María Alacoque y Miguel Garikoitz, * Santos devotos del Sagrado Corazón, * Rogad por nosotros.

Santos Pacomio, Antonio abad, Columbano y Bruno, * Santos maestros de vida ascética, * Rogad por nosotros.

Santos Juan de Ruysbroeck, Nicolás de Flue, Juan de la Cruz, Gabriel de la Dolorosa y Pío de Pietrelcina, * Santos místicos de Dios, * Rogad por nosotros.

Santas Gertrudis [de Helfta], María Magdalena de Pazzi, Gema Galgani y Faustina Kowalska, * Santas místicas de Dios, * Rogad por nosotros.

Santos Nereo y Aquiles, Martín de Tours, Juana de Arco y Rafael de San José Kalinowski, * Santos soldados del ejército del Señor, * Rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, * Rogad por nosotros.

Muéstrate propicio, * Perdónanos, Señor.

Muéstrate propicio, * Escúchanos, Señor.

De todo mal, de todo pecado, de la muerte eterna, * Líbranos, Señor.

Por tu anunciación, tu encarnación, tu natividad y tu epifanía, * Líbranos, Señor.

Por tu bautismo, por tu santo ayuno, por tu predicación, * Líbranos, Señor.

Por tu pasión, por tu muerte y tu resurrección, * Líbranos, Señor.

Por tu ascensión al cielo, por la venida del Espíritu Santo, * Líbranos, Señor.

Nosotros, que somos pecadores, * Te rogamos, óyenos.

Para que te concedas la paz y la unión a todo el pueblo cristiano, * Te rogamos, óyenos.

Para que nos fortalezcas y mantengas fieles a tu Palabra, * Te rogamos, óyenos.

Para que… * Te rogamos, óyenos.

Cristo, óyenos. * Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos. * Cristo, escúchanos.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Un poema de José Luis Martín Descalzo

Queridos

Gracias por vuestras oraciones, por vuestra empatía, por vuestras llamadas y por vuestro silencio. Gracias por vuestra cercanía, incluso en la ausencia. Seguid, por favor, aguntándome, sosteniéndome con vuestro cariño como estáis haciendo.

No tengo ganas de poner frase-citas, ni de hacer comentarios, ni de nada. Sólo quiero, ¡necesito!, creer que sigo creyendo lo que creo, creer que es cierto lo que dice José Luis Martín Descalzo:

«Y entonces vio la luz. La luz que entraba
por todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.
 
Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.

Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;

tener la paz, la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura».

Gracias 

 

viernes, 30 de agosto de 2013

Una frase-cita de Mario Vargas Llosa


 
Ha concluido mi período vacacional y, por lo tanto, debería entregarme con entusiasmo renovado a comentar interesantes frase-citas y salpicarlas de palabras pseudoinventadas y de anécdotas o curiosidades. Pero no estoy por la labor. No me encuentro preparado. Me hallo en un extraño momento, lleno de incertidumbre.
 
¿Como la incertidumbre de la que habla Mario Vargas Llosa?: «La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar». 
 
No exactamente. No me siento precisamente como un enamorado pensando si logrará o no obtener el fruto más o menos prohibido de su ideal…
 
No, es más bien esa incertidumbre que habla del no saber cuándo ni cómo las circunstancias actuales van a cambiar, pero sí tener la seguridad de que va a haber no uno, ni dos, sino muchos cambios, muchos movimientos, muchas transformaciones. 
 
No sé si la semana que viene podré regresar y comentar una frase-cita de nuevo, así que de momento solo puedo dejaros deshojando la margarita de la que habla el creador de Pantaleón. Con la salvedad de que el último pétalo llegará cuando entréis la semana que viene y veáis si hay o no frase-cita nueva.
 
Hasta entonces, saludos. Y por favor, concededme esta semana un poco de empatía o de oración, lo que más os identifique.
 
Gracias

miércoles, 31 de julio de 2013

Un consejo para el verano

«Aprovechad el verano para útiles experiencias humanas y religiosas» (Benedicto XVI).

Que así sea.

El Pensamiento de la Semana permanecerá en suspenso, salvo sorpresa, hasta septiembre, en que reanudará su actividad. Durante el mes de agosto estaré dedicado, entre otras cosas, a la gestación de un hermanito para mis Momentos de sabiduría. Deseadme suerte, o mejor, deseadme luz.

Feliz verano a todos.

viernes, 19 de julio de 2013

Un pensamiento de Anthony de Mello


 
¿Qué hace uno cuando se le ha escapado la inspiración, cuando no tiene nada ocurrente u original que contar? ¿Callarse? O bajar el listón, y en vez de relatar sucedidos extraordinarios, hacer lo posible por mirarlo todo como un suceso extraordinario, maravilloso, único. Por ejemplo, llevo tres semanas recuperando la inversión con el reintegro en la lotería. En otro momento podría pensar, por ejemplo, que ya me podía tocar el gordo y dejarme de monsergas, que bien me vendría para afrontar ciertos gastos futuros y mejorar la calidad de vida de la gente a mi alrededor. Pero hoy prefiero pensar que al menos llevo tres semanas haciéndome la ilusión por el mismo precio, lo que supone un ahorro y sobre todo multiplica la ilusión: si lo pequeño está conmigo, lo grande está más cerca.
 
En estas estaba cuando me encontré la frase-cita perfecta para un día de poca inspiración como este en el que escribo. Porque es un invitatorio a mirarlo todo con otros ojos:
 
«Tú santificas todo aquello que eres capaz de agradecer» (Anthony de Mello). 
 
Dar las gracias, utilizando esta maravillosa palabra mágica, es de por sí agradable, porque genera casi inmediatamente un mejor ambiente, provoca la sonrisa y ensancha el espíritu de quien la pronuncia y de quien la recibe. Pero es que llega don Tony nos dice que no sólo generamos buen rollito y cosa guay, que no sólo contribuimos a expandir por el mundo la buena educación (con tanta mala baba como hay, nunca viene mal un poco de politeness), sino que además santificamos aquello que agradecemos. 
 
Cuando le das la gracias a un dependiente por haberte enseñado todo el género de la tienda, estás santificando su trabajo. Cuando le das las gracias a la persona que está delante de ti en la escalera mecánica y que se ha apartado para dejarte pasar, estás santificando su gesto, su disponibilidad, su atención. Cuando le das las gracias a una amiga porque te ha invitado a cenar el viernes, estás santificando su amistad, su hospitalidad, hasta la cena que aún no ha preparado.
 
El tiempo se me acorta, la exigencia de brevedad se impone, y el oportunismo me dice que este es el momento de daros las gracias por vuestra amistad, por vuestro cariño, por vuestro tiempo. Que la amistad, el cariño y el tiempo que me dedicáis, quede santificado.

viernes, 12 de julio de 2013

Un pensamiento de Juan XXIII


 
¡Qué barbaridad! ¡Qué de noticias! Últimamente los papeles dan para empapelar muchas paredes. ¿Se pueden empapelar las celdas? Tendré que preguntárselo al prior, o al alcaide… Pero, en fin, no quiero entrar a comentar noticias, y menos a acusar a unos y a otros, ni a decir que todos son iguales. Ni es mi estilo, ni este es el sitio, ni tengo ganas de hacer lo que hace todo el mundo.
 
Yo prefiero quedarme con otra noticia: Juan XXIII, el papa bueno, va a ser canonizado. Recuerdo la alegría que me produjo su beatificación, y la satisfacción y el orgullo de haber escrito y firmado la voz que lleva su nombre en el Diccionario de los santos. Quiere la providencia que los papas no suban a los altares solos, o de uno en uno, sino acompañados, al menos, de otro pontífice. No sé si sus antecesores accedieron solos a los altares (Pío X, por ejemplo), pero al menos con Juan XXIII ni ha sido ni va a ser así: fue beatificado junto con Pío IX y será canonizado junto con Juan Pablo II. Habrá quien piense otras cosas. A mí me encantan ambos emparejamientos, dicen mucho de la comunión eclesial y también de la pluralidad. 
 
Particularmente, tengo a Juan XXIII una devoción especial. Quizá sea debido a que tuve que bucear en su vida y en sus escritos para redactar su voz, y me dejé, si no empapar, sí maravillar por su persona. También a Juan Pablo II le tengo gran cariño: es el único papa al que he tenido cerca, casi hasta tocarle, y el único al que he fotografiado. Como no puedo proponer una frase-cita de ambos, pues me extendería demasiado y ni tengo tiempo ni mis lectores ganas de aburrirse con mis comentarios enciclopédicos, me quedo de momento con una frase de su Diario del alma:
 
«Estamos en la tierra no para guardar un museo, sino para cultivar un jardín floreciente de vida y al que espera un porvenir glorioso» (Juan XXIII). 
 
Cómo enmendarle la plana a todo un Santo Padre Santo? Ni se me ocurriría.
 
Estamos en la tierra no para guardar un museo. Dudo mucho que el Papa Bueno tuviera nada en contra de los museos, del arte, de la conservación de la belleza y del trabajo realizado con primor y maestría. Es la actitud la que corrigen sus palabras, no la tarea. 
 
Estamos en la tierra para cultivar un jardín. Actitud que me atrevería a decir que está en los orígenes del mandato divino a los hombres y mujeres: creced y multiplicaos, y poblad la tierra y dominadla (como domina la sabiduría: conociendo).
 
Estamos en la tierra, todos, no solo los Papas, no solo la Iglesia: todos los hombres y mujeres del mundo, no para guardar un museo, sino para cultivar un jardín floreciente y al que espera un porvenir glorioso. ¡Cuánto por hacer! Cuánta destrucción, cuánta hambre, cuánta miseria, cuánta muerte en nombre de la preservación de la tierra, en nombre de la protección puesta por encima de todo valor, incluso del más importante y primario, que es el valor de la vida.
 
Porque estamos en la tierra para cultivar un jardín floreciente de vida, no podemos consentir que el jardín se marchite, que no florezca, que perezca por falta de riego, por abandono de sus cuidados, por desidia del jardinero. 
 
Si yo me aplicara, como dice el Papa Bueno, en cultivar el jardín que está a mi alrededor, a mi cargo, en cuidarlo, regarlo, desbrozarlo, abonarlo… seguramente tendría a mi alrededor arbustos más bellos, flores más vistosas y olorosas, frutales más generosos, árboles más robustos, hierba más acogedora, sombras más refrescantes.
 
Hagamos el esfuerzo por llevar esta metáfora a nuestra propia vida, a nuestros propios jardines. Pronto veríamos recompensado nuestro esfuerzo como jardineros con un estallido de vida llena de futuro.