miércoles, 29 de agosto de 2012

Momentos de sabiduría en Catalunya Cristiana

La revista Catalunya Cristiana, en su número del 26 de agosto, en sus ediciones castellana y catalana, publica una breve reseña de mis Momentos de sabiduría. He aquí la catalana:

 

lunes, 13 de agosto de 2012

Curs(i)o de decoración floral

El Calendario Camino, Verdad y Vida 2012. Un santo para cada día, es un calendario tipo «taco» que contiene una hoja por día: en el anverso, información referente al día en curso; en la trasera, una página de información de diversa índole. Entre esas páginas hay doce, una para cada mes, que están dedicadas a la decoración floral y que han sido escritas por un servidor. Como fuera que ya muchas de ellas han visto la luz (sólo quedan sin «salir» las del último cuatrimestre), creo que va siendo hora de que las publique, como hijas mías que son, en mi blog, con el título genérico de «curso cursi».

Enero: Claveles y otras flores
Tradicionalmente se ha identificado el mes de enero con los claveles. Originarios de Asia, los Dianthus o claveles son flores resistentes y duraderas, de vivos colores y suave perfume. Se dice que simbolizan el orgullo, la belleza, la admiración y la gratitud. Federico García Lorca, en su obra Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, en el poema «Lo que dicen las flores», señala lo siguiente: «Dice el jazmín: “Seré fiel”, y el clavel: “Apasionada”». Un buen ramo de claveles de un tono cálido colocados en un jarrón alto alegrará cualquier rincón de tu casa en las frías tardes de enero.
Puedes hacer también un bonito ramo de anémonas de jardín colocadas en un vaso pequeño con abundante agua, con una composición sin follaje en la que las flores queden bastante juntas. La anémona, conocida como flor del viento, puede ser blanca, roja o de tonos azulados.
También puedes encontrar strelitzias, comúnmente conocidas como «esterlicias» o aves del paraíso, que resultan muy llamativas en un jarrón alto de cuello abocinado, o anthurium rojo, en este caso en jarrón alto de cuello estrecho.

Febrero: Iris y mimosas
En febrero comienza la época de floración del iris, planta bulbosa también conocida como lirio, cuyos colores más frecuentes son azul, malva, blanco y amarillo. El iris simboliza la fe, el valor y la sabiduría. Combinado con eucaliptus, con sus hojas en un tono verde-plateado y su fragante aroma, los iris, morados y blancos, formarán un bonito ramo. Es conveniente disponer primero en el jarrón el eucaliptus, para que sus tallos, al cruzarse, ofrezcan una sujeción más segura a los iris, de tallo más delicado y flexible.
También la mimosa (Acacia dealbata), con su espectacular y luminoso color amarillo, está en febrero en todo su apogeo. Su carácter arbustivo y la dureza de sus tallos permiten componer ramos amplios en jarrones rústicos, de latón o de barro cocido, que se pueden complementar, quizá, con unas hojas de helecho.
En un jarrón alto de cuello no muy abierto, para que sus tallos no doblen demasiado, destacan muy bien las gerberas. También en un jarrón estrecho resulta muy aparente un ramo de lisianthus blanco combinado con solidago, flor amarilla también conocida como «vara de san José».

Marzo: Narcisos y lilas
Los narcisos son plantas bulbosas de hojas largas y estrechas y flores blancas o amarillas que florecen a finales del invierno o principios de la primavera. Se los identifica con el renacer de la vida, con el comienzo de un nuevo ciclo, y presentados en ramilletes prometen felicidad y alegría. El ramo resultará aún más vistoso si combina los narcisos amarillos y blancos con unas ramas de hiedra verde oscura.
En marzo ya empieza a ser común encontrar lilas. El lilo (Syringa vulgaris) es un arbusto oléaceo de hojas con el haz verde oscuro y el envés blanquecino y flores pequeñas, violetas y olorosas. Un jarrón de tipo rústico, o bien una regadera o un cubo no muy ancho de latón quedarán espléndidos con un buen ramo de lilas, que no requieren más acompañamiento.
Desde el otoño y hasta bien entrada la primavera podemos encontrar pensamientos, que resultan vistosos y decorativos dispuestos en bouquet en una pequeña copa. Las gardenias, con su característico color crema y sus brillantes hojas verde oscuro, crean un conjunto armónico dispuestas en un búcaro de porcelana blanca.

Abril: Margarita y olivo
El mes de abril significa el estallido de la primavera. Este tiempo se identifica con la margarita, una flor sencilla y modesta que personifica la alegría y la inocencia infantil. Solas o acompañando a otras flores, como lilium, alstroemerias, crisantemos o gerberas, componen ramos alegres y coloridos, tanto en un solo tono (resultan muy vistosos los colores «fuego», como el rojo o el naranja, quizá con algún toque de solidago amarillo) como en combinaciones de dos o tres colores, o incluso en ramos «primavera» multicolor.
La cercanía del Domingo de Ramos, fecha en la que es tradicional bendecir ramos de olivo, palma y romero, nos permite aprovechar dichos ramos para hacer una bonita combinación de distintos tonos de verde, tanto en seco como en un jarrón con agua o en un centro con esponja húmeda.
Continúa siendo tiempo de lilas, que pueden resultar muy llamativas combinadas con tulipanes, rosas o blancos, por ejemplo, en un jarrón de latón o de gres. Los tulipanes también combinan estupendamente con ramas de ciruelo, melocotonero u otros frutales en floración.

Mayo: Lirios y rododendros
Mayo, el mes María y de las flores, se identifica de una manera expresa con los lirios, ya que estos se asocian también a la Virgen María. Los lirios blancos representan virtud, y también dulzura, humildad, pureza de corazón y honor. Federico García Lorca, en Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, los identifica con la esperanza. En general, los lirios no necesitan más compañía que a sí mismos para conformar un espléndido centro o jarrón.
Continúa siendo un buen momento para los tulipanes, de todas las formas y colores, que pueden disponerse en vasos altos y estrechos o bien en jarrones tipo globo con el cuello estrecho.
Mayo resulta un momento privilegiado para los muguetes o lirios del valle, con sus blancas florecillas péndulas en forma de campana y de maravillosa fragancia dulce. Solos, o acompañados de muscaris o nazarenos, con sus llamativas flores azules, resultan muy agradables en un jarrón no muy alto.
Resultan impactantes por su forma, colorido y tamaño los rododendros, bien solos o acompañados de azaleas.

Junio: Rosas y peonías
Junio es el tiempo de las rosas, quizá la flor más rica en simbología (según sea su color tiene un significado distinto, y según el número de flores que componen el ramo, el mensaje varía), que suele significar belleza y perfección. La vistosa majestuosidad de esta flor aconseja que los ramos le cedan todo el protagonismo; conviene que su acompañamiento sea discreto, como el helecho; menudo, como el solidago amarillo o la paniculata blanca; ligero, como las espigas de gramíneas; o elegante, como las hojas de aspidistra dobladas. Aunque se suelen preferir los ramos monocolores, últimamente triunfan las rosas bicolores, que combinan dos tonos en sus pétalos, lo que da más vivacidad si cabe al ramo.
Las peonías, con flores de agradable aroma y hojas segmentadas de color verde intenso, dispuestas en un jarrón rectangular o cuadrado de cristal, tipo acuario, forman una composición densa, sofisticada y suntuosa.
Si se busca un estilo más campestre, se puede hacer una combinación blanquivioleta en un jarrón de latón o de barro mezclando unas ramas de espino albar con campánulas o con ipomeas.

Julio: Delfinium y calas
El delfinium (Delphinium ajacis), también conocido como espuela de caballero, es una planta alta y estilizada, con flores en formación espigada o arracimada, y con vivos colores que van desde el púrpura oscuro al blanco crema, pasando por toda una gama de diferentes matices de azul. La flor del mes de julio simboliza un corazón abierto y un afecto ardiente, a la vez que su estilizado aspecto sugiere una sensación de ligereza y frescura, muy adecuado para el estiaje. Disponga un buen ramo de delfinium en tonos blancos y azules en un vaso alto y grande.
Los altramuces son plantas leguminosas de flores arracimadas en color azul, rosa, blanco o violeta. En un recipiente de cobre, por ejemplo una regadera, reúna un ramo de altramuces blancos y combínelos con digitales de color púrpura claro, y unas pocas ramas de helecho.
Las azuladas flores del aciano forman una bonita combinación con el perifollo, de menudas flores blancas dispuestas en umbela. Si busca una composición más elegante, disponga en un jarrón alto de boca no muy ancha un ramo de calas blancas con hojas de aspidistra.

Agosto: Gladiolos y hortensias
El gladiolo es una planta iridácea que supera fácilmente los 60 cm de altura. Flores muy comunes en agosto, aunque pueden florecer todo el año en climas cálidos, su nombre procede del latín gladius, que significa espada. En consonancia con su etimología, al gladiolo se le identifica con valores como la fuerza y la integridad moral, pero también con el engreimiento. Como si de espadas en liza se tratase, disponga en un jarrón alto los gladiolos cruzándolos en forma de aspa.
La hortensia, con sus grandes hojas y sus flores agrupadas en corimbos en tonos que van del rosáceo al morado, resulta igualmente vistosa. Disponga un ramo de hortensias no demasiado frondoso en un jarrón de cerámica de boca ancha y adórnelo con un poco de hiedra.
En el corazón del verano, las flores de agosto ofrecen múltiples opciones decorativas. Prepare, por ejemplo, un ramo de zinias en un recipiente de cobre, o disponga tres o cuatro girasoles en una tinaja grande o algún recipiente rústico. Una combinación de liatrix malvas con lirios blancos harán un efecto sorprendente acompañados de ramas de agracejo cayendo a lo largo del jarrón.

Septiembre: Áster y dalias
El áster es una bella flor considerada como un talismán de amor y símbolo de elegancia. Septiembre es su mes, pues su floración se produce, en casi todas sus variantes, entre finales de verano y el otoño. Tanto el áster de Escocia, también conocido como «cielo estrellado», con su flor rosácea o violeta, como el áster de China, cuya flor, de pétalos en forma de tubo, puede tener color azul, rosa, rojo o violeta, son una elección acertada para realizar una decoración floral.
La dalia, flor que debe su nombre al botánico Andreas Dahl, discípulo de Linneo, es una planta compuesta de vistosas y aromáticas flores de vivos colores. Disponga las dalias en un jarrón clásico de boca ancha de la siguiente manera: coloque primero seis dalias ligeramente recostadas con los tallos entrecruzados para que así sirvan de sujeción al resto de las dalias en posición vertical.
Si desea una decoración más rústica, es el momento de mezclar angélica, con sus características flores verdeamarillentas en forma de paraguas, con algunas ramas de zarza o de alguna especie de rosal arbustivo.

Octubre: Caléndulas y gerberas
Brillantes y coloridas, las grandes flores anaranjadas de la caléndula la convierten en la quintaesencia de las flores de la estación otoñal. También conocida como maravilla, la caléndula simboliza la gracia y el afecto. Su aromático follaje, de un color verde fuerte, permite que sus ramos no requieran otro acompañamiento para componer un precioso ramo lleno de frescura y vivacidad.
La gerbera, también conocida como margarita africana, es una planta herbácea, vivaz, en roseta, cuyas flores tienen un diseño similar al de la margarita o el áster, de colores muy diversos. En floristería su tallo suele alambrarse, para favorecer que se mantengan enhiestas por más tiempo. Las gerberas resultan muy llamativas solas o en ramos uniformes, en un jarrón alto de cuello no muy ancho, o como acompañamiento en ramos compuestos con margaritas, alstroemerias, lilium y otras flores.
Aún es tiempo de gladiolos; aproveche la ocasión y disponga varias varas a diferentes alturas, haciendo una composición simétrica en forma de óvalo.

Noviembre: Crisantemos
Símbolo del sol, el crisantemo es una flor muy apreciada en Extremo Oriente, de donde procede. De hecho, si en Japón se la considera representación de la perfección, en toda Asia, por influencia de Confucio, es la flor asociada a la meditación. El crisantemo, tradicionalmente utilizado en Occidente como ofrenda floral en el día de Difuntos, significa optimismo, felicidad y longevidad. La amplia variedad de crisantemos, de diferentes especies, formas y colores nos permite también una enorme riqueza de ramos. Pueden combinarse, por ejemplo, crisantemos anastasia, tan delicados como hermosos, con eucalipto, o con acebo, en composiciones que no deben resultar muy recargadas ni pesantes. Los crisantemos pompón, como también los crisantemos anastasia, que puede encontrar fácilmente en las floristerías, combinan magníficamente con margaritas y gerberas, por ejemplo.
Este puede ser también un buen momento para adornar un florero estilizado con una rama de orquídea, que puede durar entre dos y tres semanas y aportará un toque de delicadeza y refinamiento a su hogar, o con anthurium rojo.

Diciembre: Poinsetia y heléboro
La poinsetia, conocida también como flor de Pascua, está íntimamente ligada a la Navidad, al igual que el acebo o el abeto. El intenso rojo de sus hojas simboliza la alegría y la felicidad. Las macetas de poinsetia, tanto las de hoja roja como las de hoja blanca, aportan viveza y color al hogar.
La Navidad, y diciembre en general, son meses fríos que requieren calidez y luminosidad. Es buen momento para componer ramos con diversos tipos de follaje (acebo, muérdago, eucalipto, hiedra, tejo, tuya, ciprés...), salpicados con llamativos rojos, naranjas y blancos de claveles, rosas o gerberas, por ejemplo, y alguna vara de ipericum granate.
El heléboro, o rosa de Navidad, es una planta de vigorosa floración en épocas de temperaturas frías. Sus hermosas flores, blancas o rosáceas, con su intenso follaje verde, permiten conformar también un bonito centro de mesa o un elegante jarrón. Si busca una formación más original y exótica, puede hacerse con algunas amarilis rojas y combinarlas con algunas ramas de tejo, o disponer varias esterlitzias adornadas con hojas de aspidistra.