martes, 29 de diciembre de 2009

Feliz Año Nuevo

Traigo, como despedida del año que acaba y expresión de deseos positivos para el nuevo, un pequeño poema de Jesús Mauleón, sacerdote y poeta, que recogí ya en una de mis Agendas, concretamente la de 2007.

HOY EL AÑO SE RENUEVA

Con prisa de torbellino
nos barre el viento el camino.
¡Año nuevo, vida nueva!
Si la vida se nos lleva,
danos, Señor, tu relevo,
tú, que haces del tiempo cebo
para eternidad que dura.
Danos tu mano segura
para un feliz Año Nuevo.

(Jesús Mauleón).

viernes, 18 de diciembre de 2009

Feliz Navidad




Sé que viene,
sé que está,
sé lo que estoy esperando,
pero no sé, ¡ay!,
cómo será su pelo, cuál
el color de los ojos,
cómo de grandes sus manos,
cómo de aguda su voz
hasta que le rompa el llanto…


Sé que viene,
sé que está,
sé lo que estoy esperando,
pero no sé ¡ay!,
si sabré tomarlo en brazos,
si le asustará mi barba
ni cómo será su voz
cuando me diga papá…


Sé que viene,
sé que está,
sé que lo estoy esperando,
pero no sé ¡ay!,
si mi voz le gustará,
si atinaré con el tono,
si no lo despertaré
aleteando y cantando
mis aleluyas y glorias.


Sé que viene,
Sé que viene,
sé que está,
sé que está,
sé lo que estoy esperando,
sé lo que estoy esperando,
pero no sé, ¡ay!,
pero no sé, ¡ay!,
si temblará su piel
si temblará su piel
cuando mi aliento le llegue,
cuando mi aliento le llegue,
si acariciará mi pelo
si acariciará mi pelo
o si agitará los pies
o si agitará los pies
cuando escuche mi mugido.
cuando escuche mi rebuzno.

Un pensamiento de Heráclito

¡Hola, corazones!

Pensaba estos días que ya iba siendo hora de hablar de la Navidad, que aún no ha llegado, pero está a la vuelta de la esquina y según muchos comerciales televisivos (permítaseme este bonito americanismo) y muchos centros comerciales y tiendas de todo tipo ya está aquí. Pero no sabía cómo, porque no quería la típica frase que dijera algo así como “la Navidad es…” o “Navidad es cuando…”. Y mira por dónde la excelsa Agenda San Pablo 2009, en el 19 de diciembre (mañana, como quien dice), me propone una frase-cita a la medida de mis deseos. Frase antigua pero no por ello o precisamente por ello llena de sustancia. Ved:

«Si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegue» (Heráclito).

Obviamente, este pensamiento de Heráclito no está referido expresamente a la Navidad, es decir, al nacimiento en el mundo y en el corazón de cada ser humano de Dios hecho hombre, más: hecho niño indefenso y pobre. Pero si aplicamos el concepto, le viene al pelo.

Porque, ¿qué hay más inesperado que Dios, que el nacimiento de Dios en el corazón? Muchas cosas, diréis. A quien piense así le recomiendo la lectura de La tourné de Dios, obra que, amén de provocarle al menos una docena de sonrisas, le hará comprender que Dios aparece cuando y donde menos se le espera, y nunca como se le espera. Pero aun así, es de recibo esperarle.

Y claro, cuando llega, si no cuando, como y donde le esperamos, ¿cómo reconocerle? ¿Cómo saber que lo que nos ocurre en un momento determinado es síntoma de un nacimiento de Dios en nuestra vida, de una Navidad? ¿Cómo saber que ese sentimiento nuevo, esa extraña sensación, esa calma después de una discusión familiar en la comida del 25, ese cansancio, ese vaya usted a saber qué, esconde en su interior un estallido de Dios, un vagido de divinidad en forma de niño pobre e indefenso?

Ciertamente, creo que para que la Navidad siga siendo Navidad, y no sólo Navidades, esas bonitas y entrañables fiestas, esas para otros agotadoras y abominables fiestas, con compras y más compras, comidas y más comidas, brindis y más brindis, luces, espumillones, brillos, dorados y estridencias en forma de villancicos…, hay que esperar lo inesperado, como dice Heráclito.

Porque la Navidad es un enorme regalo que se nos hace, pero como lleva tantos envoltorios, tan bonitos y tan bien preparados, muchas veces no los abrimos, para contemplar extasiados los lazos brillantes y los papeles de colores; o incluso los abrimos, para encontrar dentro otro paquete, al estilo de las muñecas rusas, y al final nos perdemos entre tanto envase atractivo y no miramos en el fondo de la caja, no aspiramos la verdadera esencia, no disfrutamos el auténtico sabor de la Navidad.

Así que, amigos, no esperéis nada esta Navidad, y a la vez esperadlo todo, sea lo que sea y venga como venga, pues esta será la única manera de que acabemos reconociéndolo cuando llegue.

Y feliz Navidad a todos (aunque colgaré un crismablog un día de estos).

viernes, 11 de diciembre de 2009

Un pensamiento de santa Maravillas de Jesús

¡Hola, corazones!

Me gusta el saludo, creo que lo voy a adoptar como propio. Aunque no, no me voy a dejar melena rubia (¡¿justo ahora, que me acabo de cortar el pelo!?) ni me voy a dedicar a contar semana tras semana lo que le ha pasado a los famosos, ni siquiera a «mis famosos particulares», que no tienen por qué ser conocidos fuera de mi entorno y del suyo, pero cuyas son especialmente interesantes, al menos para mí y para ellos. En fin.

Estamos en Adviento, y pensaba comenzar a introducir frase-citas sobre la esperanza para acabar lanzando un mensaje de plenitud y felicidad para desearos unas Fiestas de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo especialmente intensas y fructíferas. Pero el envío de Proverbia.net no me ha ayudado mucho, ya que complica mucho la cosa con un pensamiento de Napoleón I sobre la virtud y el vicio. Así que he recurrido a la Agenda San Pablo 2009 y he caído en la cuenta de que hoy, 11 de diciembre, víspera de la Virgen de Guadalupe, es santa Maravillas de Jesús. Y como tenía pensamientos de ella, seleccioné uno para este día. He aquí, pues, un pensamiento de santa Maravillas de Jesús:

«Cuando se reconocen con humildad las culpas y faltas que podamos tener, se borra todo» (santa Mª Maravillas de Jesús).

Unos amigos míos tuvieron hace ya mucho tiempo la feliz idea de ironizar con la palabra “se”, dándole categoría de nombre de persona, de persona concreta. Cuando en un grupo o una reunión que está preparando un evento complicado, por ejemplo, alguien comienza a decir: “Pues es fácil, se hace esto, se hace esto otro, se coloca esto allí, se quita eso de allá, etc.”, es el momento de llevar a cabo esa personalización: “Pues es fácil: Se hace esto, Se hace esto otro, Se coloca esto allí, Se quita eso de allá…” y los demás miramos cómo Se lo hace todo.

Viene esto por el “se” del final de la frase de la santa: “se borra todo”. El único Se que lo borra todo, o que lo «lava todo», según poema humorístico-religioso de Lorenzo Gomis, es Dios nuestro Señor. Los demás “Ses” sólo podemos olvidarlo, o a lo sumo intentar olvidarlo, nada más. Lo que sí es cierto es que si la primera parte de la frase se cumple, la segunda también, al menos delante de Dios nuestro Señor.

Ahora bien, el problema está en las veces que “Se” reconoce con humildad las culpas y faltas que tiene. Imaginemos que “Se” soy yo: ¿De verdad que “Se” (yo) reconoce(zco) mis culpas y faltas, y encima con humildad? Hum, difícil. Primero porque eso de andar por ahí reconociendo culpas y faltas no está nada bien visto ni se lleva mucho, que digamos. Máxime si son las culpas y faltas de uno mismo, y no las del otro o la otra (igual da). Ahí quizá sí: las culpas y faltas de otro son fáciles de reconocer, señalar, recalcar, destacar… Pero las propias, ¡ah, las propias! Eso es harina de otro costal y tóner de otra impresora... Y encima nos dice la santa que “Se” tiene que reconocer sus propias faltas y culpas (o culpas y faltas) con humildad. Humildad, ¿qué será eso? ¡Pero si “Se” (yo) es (soy) muy humilde! (:-) [:-O {:-> (podría seguir con las caritas ladeadas, pero ya me entendéis).

Así pues, esta frase de la santa es una quimera: primero, “Se” tiene que reconocer sus culpas y faltas, cosa harto difícil, y hacerlo además con humildad, como quien no quiere la cosa. Y luego, sólo si “Se” ha hecho esto, el otro “Se”, el “Se” superior, y también el Ser Superior, es decir, Dios nuestro Señor, lo borra todo. Yo confío y espero en la infinita bondad y misericordia de Dios nuestro Señor, y creo que lo borrará todo aunque este “Se” que soy yo no logre reconocer con humildad, de la que carezco, mis culpas y faltas. Pero quizá intentarlo sea suficiente…

viernes, 4 de diciembre de 2009

Un pensamiento de José Ortega y Gasset

¡Hola, corazones!

Hoy el despertador ha sonado justo cuando debía sonar y el agua de la ducha estaba a la temperatura correcta; hoy el café y la tostada sabían a gloria y el pantalón que me compré ayer me sienta divinamente; hoy la quiosquera también me ha sonreído y he venido sentado en el Metro leyendo las noticias más amables de cada página (desgraciadamente, he tardado poquísimo en llegar a la programación de televisión). Hoy me han deseado suerte y un buen fin de semana cuando he comprado el cupón de la ONCE y me han saludado al entrar en la oficina.

¿Me estarán durando los efectos del hechizo del miércoles?

Hoy he aceptado el reto del azahar y he aceptado la primera frase-cita que he visto, que ha llegado esta misma mañana por Proverbia.net y dice así:

«Lo que más vale en el hombre es su capacidad de insatisfacción» (José Ortega y Gasset).

Y lo primero que he pensado es que don José estaba pesimista esa mañana, cuando escribió esto. Pero luego he recapacitado para mis adentros más profundos de mi capacidad cerebral (allí donde casi cubre hasta el tobillo) y me he dicho a mí mismo que seguramente don José escribió esto dentro de un contexto más amplio, con una circunstancia circundante, y que no tenía por qué pensar en un pesimismo sólo aparente al no conocer ese derredor de la frase-cita. Y la he vuelto a leer:

«Lo que más vale en el hombre es su capacidad de insatisfacción» (José Ortega y Gasset).

¡Claro, ya está! La capacidad de insatisfacción humana es valiosa porque sólo cuando el hombre, o la mujer, o el ser humano, incluso los seres caninos, ovinos, bovinos o boquerónidos, percibe la insatisfacción se siente impelido a darle respuesta y se mueve, avanza, idea, inventa, crea, ataca, etc.: hace lo que cree necesario para dar satisfacción a su inquietud. De ahí que la capacidad de insatisfacción sea valiosa, pues es la que nos impele a superarla.

Colijo o infiero (los Cuentos para Ulises de RNE los sábados por la mañana proporcionan un infinito vocabulario y un gratísimo rato de solaz formativo) que Leonardo da Vinci, por ejemplo, era un gran insatisfecho, entonces. Lo ignoro. Quizá podríamos cambiar la palabra insatisfacción por inquietud: esa clase de inquietud que hace que uno busque solución a un problema.

Nonostante, tengo una pequeña objeción a la frase-cita de don José, con permiso de la osadía que voy a cometer: «Lo que más vale en el hombre es su capacidad de amar y ser amado», entendiendo ese amor no sólo como el profundo amor que surge entre dos personas que funden sus vidas, sino también como el amor que hace que una persona, o un grupo de ellas, dedique su vida y su tiempo, o parte de ellos, a colaborar y mejorar las circunstancias vitales de otras personas. Esa capacidad de amar, sin duda, y la de dejarse amar, son más valiosas que la capacidad de insatisfacción.

¿O es que la insatisfacción íntima del ser humano hace que busque dar y recibir amor y esto todo lo mueva? ¡Huy, qué lio!

jueves, 3 de diciembre de 2009

Papás blandiblup

Mª Ángeles López Romero es una magnífica periodista que a su calidad profesional une otras cualidades que la convierten en un ser excepcional: es una mujer que no teme a los riesgos, o que los afronta con valentía (ser madre de tres hijos hoy día, o haber fundado una empresa periodística son sólo dos muestras de lo que digo), tiene toda la simpatía y el buen humor de una sevillana y es una mujer guapa, con una belleza amable que te hace sentir cómodo. Además de todos estos elogios que le dedico, y además de compartir profesión con ella (aunque ella la ejerce en "medio" y yo, a lo sumo, en "fuente"), lo que me tiene encandilado de ella es que compartimos devoción y admiración por una película, Molokai (véase el vídeo conmemorativo de su cincuentenario en http://www.molokai50.com/), y por el santo en cuya vida se basa la película.

Pues bien, Mª Ángeles ha escrito un fantástico libro que se llama Papás blandiblup y que habla de los padres y madres de ahora, esos que todavía dependen del tupperware de su madre y serían casi capaces de pegar al árbitro si expulsara a su hijo de un partido de fútbol en el cole, esos que inflan a los níños de regalos e incumplen sistemáticamente los castigos, esos padres y madres que son como aquel juguete asqueroso que teníamos antaño: el blandiblup. Un libro francamente recomendable. Yo, desde luego, pienso regalarlo...

Pues bien, ayer se presentó Papás blandiblup en la sede de la editorial. Yallí estaba yo, claro, junto con todos mis compañeros, haciendo equipo (buen equipo) para que todo funcionara a la perfección. Como así fue. A mí me correspondió el honor de recibir a la invitada especial a este acto, Anne Igartiburu, y también entregarle luego un ramo de flores que previamente había encargado, que por cierto, casi olvida (tuve que salir corriendo detrás de ella con el ramo en la mano, como en un anuncio de colonia en campaña de Navidad...). Debo decir que la televisión no le hace justicia, y que es una persona amable y atenta, encantadora y bella.

El día de ayer fue una jornada agotadora, pero que ha merecido la pena, sin duda. Da gusto ver los resultados.



Entregándole un ramo de flores a Anne Igartiburu.



Con Anne Igartiburu junto a la portada del libro.



Con Mª Ángeles López Romero.