viernes, 26 de junio de 2009

Un pensamiento de Benjamin Disraeli

Buenos días, queridos amigos.

Hoy tengo una compañera en el despacho mientras escribo esto, así que debo ser breve y discreto. Un pequeño problema de empresa con el listado telefónico, en el que los hombres aparecemos todos precedidos del Don, sin especificar nada más que nuestra categoría profesional, y las mujeres del Doña o del Señorita, según sea su estado civil (¿y cómo lo sabrán, digo yo?). Esto, que a algunos puede parecer una bobada, para otros es discriminatorio, o al menos invasor del ámbito privado y de la intimidad.

Y no sé muy bien si después de este incidente, que me ha obligado a redactar primero una nota de protesta de Sindical a Personal, me permite introducir la frase-cita elegida para hoy sin hacer primero un ejercicio de alejamiento, no vaya a ser que un asunto fagocite al otro, o que «unas vellas follas impidan a vista da fraga». Porque la frase-cita nos habla de heroísmo, de ese heroísmo que viene de defender los grandes pensamientos. La dijo nada menos que Benjamin Disraeli, y su expresión concreta fue esta:

«Alimentad el espíritu con grandes pensamientos. La fe en el heroísmo hace los héroes» (Benjamin Disraeli).

El uso del imperativo me hace pensar en un consejo, una recomendación o una orden. Pero casi descarto la orden, salvo el mandato moral, quizá, ya que la persona que me ordena que alimente mi espíritu con grandes pensamientos (ahora vamos con eso) en realidad me está aconsejando, recomendando, ayudando, más que dirigiendo mis pasos. Además, que no todas las órdenes que se reciben son contrarias a la voluntad, o al bien, no, ni mucho menos. No vayamos a caer en el sosismo de tantos que rechazan la firmeza y luego se quejan de que la brisa los ha tirado al suelo… Vemos pues que el imperativo es, en esta caso, recomendatorio y no impositivo, amigable y no dictatorial, razonable y no apisonador.

Y además lo que se nos recomienda es dar alimento al espíritu, algo siempre sano, noble, que sólo puede depararnos bienestar y desarrollo, incluso dentro de la inquietud que puede suponer la introducción de un pensamiento, de un sentimiento, de una emoción nueva. Y darle alimento con grandes pensamientos. Y con ello hemos llegado a la parte difícil de lo que nos cuenta nuestro querido estadista Benjamín, que era británico y no de Israel (los apellidos pueden engañar, ver perfil en el lateral derecho del blog). ¿Qué son, pues, según Benjamín, los grandes pensamientos? ¿Los pensamientos elevados? No, o no sólo, porque en ocasiones los pensamientos elevados, de tanto querer alzar el vuelo, pierden el pie sobre el suelo y por tanto el mínimo de practicidad necesaria para que sean aplicados a la vida de cada uno. ¿Los pensamientos filosóficos? ¿Los altruistas o filantrópicos? ¿Los utópicos?

De todo un poco puede haber, a mi juicio. Grandes pensamientos son aquellos que te hacen elevar la mente, el tono, el espíritu, sin perder de vista la realidad que te rodea; son aquellos que te permiten concebir, pergeñar, diseñar, comprender al ser humano, el mundo y el entorno de una manera más o menos sistemática y unitaria; son aquellos que te hacen mirar al otro, al entorno, con ánimo favorecedor, con amabilidad y generosidad; son aquellos que te provocan la moción del deseo de lo irrealizable, de lo inalcanzable, para hacerlo, al menos, imaginable, tangible, visible.

Grandes pensamientos que te hacen un héroe, como dicen Benjamín, pues quien tiene fe en el amor, en la amistad, en la justicia, en la paz, en la concordia, en la bonhomía, puede, si no pierde el pie, convertirse en un héroe. Definitivamente, la frase-cita de Disraeli me gusta.

viernes, 19 de junio de 2009

Un pensamiento de William James

Buenos días, queridos amigos.

No sé si será el calor, el cansancio acumulado, el dolor de espalda o la desidia prevacacional lo que me tiene sin fuerzas para mantener demasiado rato las manos sobre el teclado, y mucho menos la cabeza sobre la frase-cita. Además, las entregas de esta semana de Proverbia.net me han dejado un poco frío, pues pecan bien de inconsistencia fútil, bien de sarcasmo con sobrepeso, incluso de agrura irónica. Así que acudo a las geniales agendas que edita San Pablo, que son creación de un genio poco valorado, y me encuentro la siguiente joya en el día 18 del mes en curso:

«El principio más profundo del carácter humano es el anhelo de ser apreciado» (William James).

Yo pensaba que un tipo que se llamara Guillermo Jaime no podía ser serio. Porque parece una combinación de Guillermo el Travieso y Jaime el Conquistador, y eso, como poco, es un Casanova, un Tenorio o un Ligachanclas graciosillo. Pero no: me equivoqué. Resulta que llamarse Guillermo no significa necesaria y únicamente ser el famoso personaje infantil de Richmal Crompton. Y apellidarse Jaime tampoco tiene mucho que ver con el monarca primero (el Conquistador).
Resulta que William James, hermano de Henry James, pero no de otros James igualmente conocidos, era un conocido filósofo y escritor nacido en enero (el año es lo de menos: nacer en enero imprime un sello especial, os lo digo yo) que poco tenía de travieso, a no ser que el hecho de ser concienzudo en su razonamiento le viniera por ser reiterativo cuando gastaba bromas en su infancia, y de conquistador, a no ser por el hecho de que luchó para recuperar su propia vida de la depresión y la angustia. Hombre pragmático, no olvidó tampoco el aspecto anímico de la persona.
Y de su experiencia nace, traviesa y conquistadora, esta frase-cita que nos recuerda que todos, lo reconozcamos o no, incluso cuando queramos negarlo con aires de autosuficiencia displicente, necesitamos ser queridos, apreciados. Dicho de otra manera, que es el amor la fuerza motora (motriz) que anima al ser humano a ser eso, humano. Que es el hecho de ser querido y de querer lo que hace, realmente, que la vida merezca la pena hasta combatir contra uno mismo por salvarla, como hizo el padre de la frase-cita.
Que es ese amor, ese afecto, ese aprecio que percibo el que me mantiene a flote en días como hoy, en los que, anegado en un mar de sudor provocado por el asfixiante estiaje y sin posibilidad de nadar más tiempo gracias al cruce de contracturas a la altura de mi omoplato izquierdo, no tiene uno fuerzas ni para juntar unas pocas letras con gracia.
Quedo pues, agradecido, a Guillermo Jaime, por hacerme ver que es el afecto quien me mueve, y a vosotros, que llenáis cada minuto mis depósitos con la gasolina del cariño.

lunes, 15 de junio de 2009

Feria del Libro (y 3)

«El calor aplasta cuerpos
y mentes, anula
cerebros, reseca
gargantas».

Escribí estos versos hace tiempo, y aunque ambientaban algo muy diferente, más relacionado con el hospital y con el tiempo detenido, puede ser imagen también de lo que ocurrió este fin de semana en la Feria del Libro.
Efectivamente, el calor sofocante, asfixiante, aplastante, nos impidió permanecer dentro de las casetas, casi movernos, ni respirar siquiera. Nada podíamos hacer salvo ofrecer un marcapáginas a las pocas personas dispuestas a exponerse al sol y al calor. Mucho menos entretenerlos enseñándoles libros, o hablando con ellos, sin riesgo de tener que llamar al Samur para que atendieran lipotimias o insolaciones.
Exagero un poco, pero lo cierto es que el calor ha sido el protagonista del último fin de semana de Feria. Aunque también nos han ocurrido cosas, como el niño que, ante la pregunta-reclamo para darle un marcapáginas: ¿Has visto una vez una vaca volando?, me respondió: «Sí», lo que su padre corroboró con un: «El el País Vasco, desde luego que sí puedes ver una vaca volar». Normalmente la pregunta-reclamo me sirve para charlar con el niño, para despertar una sonrisa en los padres, que animan a los hijos tímidos a contestar y aprovechan para mirar qué tipo de libros puede vender un tipo que afirma que las vacas vuelan, y a veces hasta para vender algún libro. El domingo salí al paseo dispuesto a repartir publicidad de nuestras novelas juveniles, una preciosa carpetilla con el primer capítulo de cada libro ¡gratis! (más de uno preguntaba cuánto costaba). Aunque yo iba dándoselo directamente a gente joven, alguna que otra persona ávida de recoger todo lo que se da por la calle me lo quitó de las manos (y casi también a los chicos, como hizo una japonesa birlándome un marcapáginas que estaba ofreciendo a un chavalillo; el pobre se quedó pasmado, pero su cara de poker le valió llevarse tres en lugar de uno).
En esas estaba, repartiendo folletos de La hija de la serpiente, cuando se me acercaron dos chicas y me preguntaron en un correctísimo trato de usted si sabía dónde firmaba Aute. Nada más responderles tragando saliva que no, que no lo sabía, otra chica que pasaba a mi lado gritó eufórica y salida de sí: «¡Mira, Sabina firmando!». Glups. Cuatro casetas más abajo, me crucé de frente con Ramoncín. Splurgh. Ni que decir tiene que no fue mi mejor momento, pero, después de esto, ¿quién necesita un emético cuando se sucede semejante conjunción sideral? Una vez repuesto, y a pesar de que tendré que estar varios días a dieta de arroz blanco, regresé a la caseta a vender vidas de santos y cuentos para niños.
Casi a punto de cerrar la caseta el último día, una sonriente y amable Alejandra Vallejo-Nágera nos confirmó que no fuimos los únicos que no vendieron un colín por el calor: ni siquiera El Corte Inglés, que estaba en sombra, alcanzó el mínimo de venta. Aunque no es un consuelo, me quedo con la imagen de que más solo que yo en mi caseta (estábamos dos) estaba la Campos viendo la gente pasar.

viernes, 12 de junio de 2009

Un pensamiento de Thomas Alva Edison

Buenos días, queridos amigos.

Debéis perdonar mi displicencia, desidia y dejadez, pero he tenido una semana laboral de las de por favor comprad ya las sondas que no tengo tiempo ni de ir al baño. Y además, con la Feria del Libro, esa apasionante actividad que me agota cuerpo, cerebro y disponibilidad horaria. Añado a esto los problemas que muy amablemente han sumado mis vecinas del piso de arriba en forma de aluvión, riada o anegamiento de dos habitaciones de mi humilde morada, asunto que me tiene ocupado y preocupado. Sirva todo esto de excusa, pues, para repetir que tengo la obligación forzosa y conminatoria de la máxima brevedad, y de la doble celeridad en el manejo del teclado. Así que la frase-cita viene sin elegir, es el envío de hoy mismo de Proverbia.net:

«Que algo no funcione como tú esperabas no quiere decir que sea inútil» (Thomas Alva Edison).

Siempre recordaré a este señor gracias a las emisiones televisivas de 300 millones, ese programa cuya sintonía rezaba: «300 millones, 300 millones, es el único buen programa que hace España» (¡y lo emitían y todo!). En él, en una ocasión, una amabilísima locutora de no recuerdo qué nacionalidad nos mostraba una exposición sobre Thomas Alva Edison, nombre que repitió tantas veces que ya todos en casa coreábamos, como si estuviéramos en el colegio recitando tablas de multiplicar delante de Toñi, la profesora: Thomas Alva Edison, Thomas Alva Edison, Thomas Alva Edison.

Pues hete aquí que me encuentro una de esas frase-citas que aparentemente ofrece pocas posibilidades de contradicción. Porque todo, incluso uno mismo, tiene más de una utilidad, dependiendo también de quién sea el que dé uso al objeto (objeto de la acción de uso), y porque todos, y hablo de personas, tenemos gracias a Dios dignidad por nosotros mismos, algo que está por encima de nuestra posible utilidad.

Pero pongámonos por ejemplo ante un aspirador. Por sí mismo, por su propia naturaleza, no tiene una dignidad ínsita o innata. Sin embargo, es un aparato que solemos respetar, ya que suele responder diligentemente a las expectativas de uso que nos hemos forjado de él. Pero cuando el aspirador, como me ocurrió a mí hace un par de semanas, en lugar de recoger el polvo del suelo y guardarlo en su interior, lo recoge por el tubo y lo expulsa luego por las rejillas de ventilación, ejerciendo más que de aspirador de secador de pelo o de difusor de polvo (¿existe eso?) se convierte no sólo en un aparato inútil, sino además en un aparato abominable.

Es decir, que, respetando el sentido que parece ser que quiso dar Thomas Alva Edison a su frase-cita, tenemos que darle la razón; pero también debemos poner en una cuarentena su breve pensamiento. Claro que quizá el aspirador pueda interesarle a una productora de películas de vaqueros, para generar un desierto de Arizona en un momento, o a un artista entregado al reciclaje creativo de los materiales. El próximo día que haya recogida de trastos viejos en mi barrio estaré atento a ver quién se lleva este ya inútil cacharro…

martes, 9 de junio de 2009

Un pequeño gran avance

Me cuenta Luis Guitarra, cantautor y promotor de la asociación «Como tú, como yo», que recibe de diversos colegios y centros educativos mensajes en los que se da cuenta de las actividades relacionadas con la paz realizadas por los alumnos. Actividades que han salido de nuestra colaboración: al DVD con el vídeoclip y la canción Desaprender la guerra, tema central de su tercer disco, Desaprender, se unió la guía didáctica que preparamos conjuntamente. Hoy mismo he recibido un mensaje de Luis:

«La respuesta ha sido muy buena. Ya se han distribuido casi 900 DVDs y unas 350 guías impresas y con los fondos recibidos desde septiembre de 2008 se ha apoyado principalmente la construcción de un Centro Comunitario para la Paz en San Pedro Sula (Honduras)».

Noticia que comparto con alegría con todos a través de esta ventana abierta a la que cualquiera puede asomarse. A continuación, y por si deseáis ampliar información o contactar con Luis Guitarra o con a asociación «Como tú, como yo», adjunto sus direcciones de internet, y la del blog de la canción, en el que se da cuenta de algunas de las actividades y propuestas educativas sobre la paz.

http://www.luisguitarra.com/
http://www.comotucomoyo.org/
http://www.luisguitarra.com/guiadesaprender/index.php

lunes, 8 de junio de 2009

Feria del Libro 2009 (2)

Fin de semana fresco, cosa que se agradece estando en zona de sol de tarde, pero que puede significar (sólo puede) menos afluencia de público. Una mínima tormenta a las nueve de la noche el sábado despejó el final del día. Nivel de ventas aceptable, funcionó bien el ordenador e incluso el datáfono (ya sé cobrar con tarjeta). No hubo tampoco estridencias dignas de mención en la relación con el público (por vez primera no tengo anécdotas más o menos frikis que contar): todos preguntaron y pidieron cosas coherentes y todos recibieron la mejor información posible y nuestra sonrisa como respuesta. Mucha gente nos pregunta por las bases del concurso, bien porque ven el cartel y les entra curiosidad, bien porque lo saben y vienen directamente a preguntar. Varias profesoras que se llevan, además de sus compras, un tropel de catálogos variados para poder acceder mejor a nuestra amplia gama de producto (sueno demasiado comercial, me temo). Buena relación también con mi colega, que es un tío muy majo con el que este año estoy conectando muchísimo mejor. Eso me tranquiliza. En las firmas, muy buen nivel por la mañana (Silvia Corella y Paloma Orozco, sábado y domingo, respectivamente), y óptimo el sábado por la tarde: Violeta Monreal, que es un encanto de mujer y una magnífica artista con el papel, bate todos los récords: 34 y 35 ejemplares vendidos de sus dos títulos. Sus dedicatorias, llenas de fantasía, con recortes de papel a mano hechos en el acto y dibujos, mientras charla con los niños, llama poderosamente la atención del público: tuvimos llena la caseta toda la tarde, y Violeta no pudo parar ni un segundo hasta la hora del cierre. El domingo no hubo firmas, ya que Apuleyo Soto, un gran hombre, un divertidísimo autor, está convaleciente y no pudo acudir a su cita. Yo me pude escapar a la firma de Javier Fonseca, un genio de la novela infantil de espionaje y aventuras con bilingüismo y olores. Resumen: otro gran fin de semana, muy cansado, pero muy interesante. En la foto que acompaña, las manos prodigiosas de Violeta Monreal dedicando un libro con un gatito colorado.

viernes, 5 de junio de 2009

Un pensamiento de Edward George Bulwer-Lytton

Buenos días, queridos amigos.

Circunstancias que no viene al caso relatar han hecho que hasta esta misma semana no me haya puesto a elaborar las deliciosas agendas que preparo todos los años desde hace ya tiempo. Lo que significa que no he tenido tiempo de nada, que me ha pillado el toro y que tengo la obligación forzosa y conminatoria de la máxima brevedad, y de la doble celeridad en el manejo del teclado (ustedes perdonarán mis erratas). Así que la frase-cita viene sin elegir, es el envío de hoy mismo de Proverbia.net:

«Es difícil decir quién hace el mayor daño: los enemigos con sus peores intenciones o los amigos con las mejores» (Edward George Bulwer-Lytton).

Desconocido señor este para mí hasta este preciso instante: es un escritor inglés (1803-1873). Y creo que tiene razón en que los enemigos son capaces de grandes maldades cuando utilizan contra ti sus peores intenciones. Aunque también pueden equivocarse y hasta favorecerte, siempre y cuando tú seas capaz de prever sus peores intenciones y preparar una defensa capaz no sólo de repeler el ataque, sino de aniquilar sus huestes. Este es, en definitiva, el juego de la guerra y la estrategia que tan bien hemos aprendido jugando al Risk (aniquilar al ejército verde; conquistar América del Sur y Oceanía; dominar Asia…).

Con lo de las amistades no estoy del todo seguro. Lo cierto es que, como de ellas no tiendes a protegerte (¿quién se protege de quien bien le quiere y sólo bien le desea?), es posible que, por desidia, nesciencia o simple torpeza sean capaces de infligirte un daño mayor que tus enemigos. Claro que, ¿cuántos de esos amigos continúan, después de sus actos perniciosos y nocivos para ti, siendo tus amigos? ¿No pasan más bien a ser tus enemigos, o al menos unos meros conocidos con quienes ya no deseas tener más trato que la insípida conversación de ascensor, a lo sumo?

Por todo ello, y con la obligación de la brevedad como garrote en la nuca, espada de Damocles sobre la coronilla y pistola ante el pecho, tengo que decir que coincido plenamente con este señor, Edujorge (esto suena a croata), y repito con él que es difícil decir quién hace el mayor daño.

Y antes de acabar, pido disculpas a mis amigos, o a los que me consideran ex-amigo, si les he causado algún trastorno por desidia, nesciencia o torpeza, que de todas estas cualidades abundo.

martes, 2 de junio de 2009

Feria del Libro 2009

Comenzó la Feria del Libro 2009 y lo hizo sin tormenta el viernes, cosa que agradezco personalmente al cielo en nombre de Doña Elena.
La caseta más divertida de la Feria es (no conozco otra) la 282. Caseta de sol por la tarde, lo que significa calor infinito, más lejos del bar y lejísimos de los urinarios instalados para la Feria que las que hemos ocupado en años anteriores. Lo cierto es que llevábamos demasiado tiempo teniendo suerte en lo sorteos: no sólo nos tocaba caseta de sombra por la tarde, sino que además estaba en una zona cobijada por altos y frondosos árboles.
Muchas firmas este año, y de momento con un muy buen nivel: 28 libros, entre sus dos títulos, firmó Norma Sturniolo, y 25, también entre sus dos títulos, aunque la mayoría de Contigo aprendí, su libro estrella, Carmen Guaita. Estas fueron las firmas en las que yo no estuve presente. Pero sí vi firmar 25 veces su único título a Kiko Lorenzo y Beatriz I. Amann, esa encantadora pareja que bien podrían ser dibujos de un buen cómic (por cierto, Kiko y Bea aprovecharon para darnos una buena noticia, que sea enhorabuena) y 12 veces a Beatriz Roldán (exacto, mi compañera de clase en la carrera). Beatriz me presentó a María, una amiga suya, periodista también, que resultó ser compañera de trabajo de mi cuñado Peter, periodista también. No hace falta mucho klínex, al parecer, para encontrarnos todos juntos en la misma esquina. Las cámaras de Cuatro pasaron por delante de la caseta y no quisieron entrevistar a Beatriz, quizá estuvieran buscando otro tipo de autores más amarillos, pero no hay duda de que no hay en la Feria título más original que el de su libro: La perforadora que no quería hacer agujeros redondos.
Hemos tenido varias visitas, entre ellas la de Paloma Orozco, la directora de la colección «La Brújula», que se presentó, floripondio en la frente, para saludar a sus autores; también varios miembros de San Pablo y una famosa, que, a pesar de ir parapetada tras unas enormes gafas oscuras, no pudo evitar ser reconocida por esa sonrisa amable con la que siempre ha presentado y por su voz. Me refiero a Ana García Lozano, que nos compró libros y nos dejó, a petición mía, un autógrafo para la editorial.
Hemos tenido muchas anécdotas positivas, hemos dado a mucha gente el libro que andaba buscando, hemos provocado la sonrisa de muchos niños al darles nuestros divertidos marcapáginas y, en general, creo que la gente ha salido contenta, satisfecha de nuestro trato. Pero también hemos tenido problemas con el programa, que se atora cuando lee ciertos códigos de barras, o con el ratón del portátil (pasar el dedito por encima de la superficie ratonil se me da fatal, que soy del siglo XIX).
¿Lo más llamativo? La señora que pregunta dónde está el Nihil obstat de una Biblia infantil después de haber rechazado unas doce (qué cara, ¡puf, más cara aún!, esa es muy grande, esa es muy pequeña, esta tiene poco texto, esa es muy gorda, esta tiene demasiado texto, esta parece demasiado infantil, esta es poco clara explicando Pentecostés...). Complejo de perdiz que se me quedó, tanto mareo.
No obstante, el balance global es positivo, merece la pena vivirlo. El próximo fin de semana, más...

Con Beatriz. A la izquierda, Alejandra Fujuan.


Beatriz y Kiko con Paloma y su flor.