viernes, 12 de junio de 2009

Un pensamiento de Thomas Alva Edison

Buenos días, queridos amigos.

Debéis perdonar mi displicencia, desidia y dejadez, pero he tenido una semana laboral de las de por favor comprad ya las sondas que no tengo tiempo ni de ir al baño. Y además, con la Feria del Libro, esa apasionante actividad que me agota cuerpo, cerebro y disponibilidad horaria. Añado a esto los problemas que muy amablemente han sumado mis vecinas del piso de arriba en forma de aluvión, riada o anegamiento de dos habitaciones de mi humilde morada, asunto que me tiene ocupado y preocupado. Sirva todo esto de excusa, pues, para repetir que tengo la obligación forzosa y conminatoria de la máxima brevedad, y de la doble celeridad en el manejo del teclado. Así que la frase-cita viene sin elegir, es el envío de hoy mismo de Proverbia.net:

«Que algo no funcione como tú esperabas no quiere decir que sea inútil» (Thomas Alva Edison).

Siempre recordaré a este señor gracias a las emisiones televisivas de 300 millones, ese programa cuya sintonía rezaba: «300 millones, 300 millones, es el único buen programa que hace España» (¡y lo emitían y todo!). En él, en una ocasión, una amabilísima locutora de no recuerdo qué nacionalidad nos mostraba una exposición sobre Thomas Alva Edison, nombre que repitió tantas veces que ya todos en casa coreábamos, como si estuviéramos en el colegio recitando tablas de multiplicar delante de Toñi, la profesora: Thomas Alva Edison, Thomas Alva Edison, Thomas Alva Edison.

Pues hete aquí que me encuentro una de esas frase-citas que aparentemente ofrece pocas posibilidades de contradicción. Porque todo, incluso uno mismo, tiene más de una utilidad, dependiendo también de quién sea el que dé uso al objeto (objeto de la acción de uso), y porque todos, y hablo de personas, tenemos gracias a Dios dignidad por nosotros mismos, algo que está por encima de nuestra posible utilidad.

Pero pongámonos por ejemplo ante un aspirador. Por sí mismo, por su propia naturaleza, no tiene una dignidad ínsita o innata. Sin embargo, es un aparato que solemos respetar, ya que suele responder diligentemente a las expectativas de uso que nos hemos forjado de él. Pero cuando el aspirador, como me ocurrió a mí hace un par de semanas, en lugar de recoger el polvo del suelo y guardarlo en su interior, lo recoge por el tubo y lo expulsa luego por las rejillas de ventilación, ejerciendo más que de aspirador de secador de pelo o de difusor de polvo (¿existe eso?) se convierte no sólo en un aparato inútil, sino además en un aparato abominable.

Es decir, que, respetando el sentido que parece ser que quiso dar Thomas Alva Edison a su frase-cita, tenemos que darle la razón; pero también debemos poner en una cuarentena su breve pensamiento. Claro que quizá el aspirador pueda interesarle a una productora de películas de vaqueros, para generar un desierto de Arizona en un momento, o a un artista entregado al reciclaje creativo de los materiales. El próximo día que haya recogida de trastos viejos en mi barrio estaré atento a ver quién se lleva este ya inútil cacharro…

1 comentario:

o´neill dijo...

¿De verdad por el mismo precio de un aspirador puedo tener un difusor del polvo?
Quiero decir si nos atenemos a las definiciones de la RAE...
Difusor: Que difunde.
Difundir: Extender, esparcir, propagar físicamente
Polvo (6ª acepción): Cópula sexual.
Esto es, que de un humilde aspirador ha salido el moderno Casanova: Propagando como un loco la cópula sexual!, y cuando dices que recogen los "trastos viejos" en tu barrio!?