jueves, 24 de julio de 2008

Ayúdame, de Gandhi

Esta hermosa oración de Gandhi es, sin duda, un auténtico programa de vida. Ayúdame, Señor, a intentar al menos ponerlo en práctica...


Ayúdame a ser como soy.
Ayúdame a decir
la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras
para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición a los demás
por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo
y a no juzgarme como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza
y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito,
déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente,
dame valor para disculparme.
Y si la gente me ofende,
dame valor para perdonar.
¡Señor, si yo me olvido de ti,
nunca te olvides de mí!

(Gandhi)

viernes, 18 de julio de 2008

Un pensamiento de Anthony de Mello (y otro de Alain)

Buenos días, queridos amigos. Bienvenidos al último Pensa antes de que comiencen las anheladas (an-, prefijo negativo, heladas, gélidas, frías) vacaciones veraniegas.

Como hoy es el último, la frase-cita va dedicada a todos vosotros.

«Tú santificas todo aquello que eres capaz de agradecer» (Anthony de Mello).

Pues efectivamente, queridos amigos. Quiero daros las gracias, de veras, por aguantar el tirón y leeros este bodrio semanal durante todo el año. Gracias por contestar, y gracias por hacerlo siempre de buenas, sin contrariar a nadie, sino, más bien, con una amabilidad desbordante y cordial. Gracias también por no haber contestado a aquellas cuestiones que os han parecido molestas, incómodas, contradictorias, difíciles. Gracias por vuestros ánimos para seguir adelante. Gracias por las informaciones que me habéis hecho llegar, sin las cuales, en ocasiones, no hubiera podido rellenar la mitad de estos folios semanales. Gracias por lo bien que me habéis tratado siempre, cuando os he visto, e incluso cuando no os he visto (que es lo más frecuente, no porque yo sea invisible, sino porque cada vez es más difícil para todos sacar momentos comunes), que sé de buena tinta que no es habitual que ninguno de nosotros hablemos mal unos de otros. Eso, precisamente, es mayor motivo de agradecimiento: gracias por vuestra bondad, gracias por vuestra amabilidad, gracias por vuestra amistad.

Suena a despedida, ¿verdad? He ahí.

Pues no. La despedida la pone hoy la frase que acabo de recibir vía Proverbia.net:

«Lo mejor que podemos hacer en favor de quienes nos aman es seguir siendo felices» (Alain, filósofo y ensayista francés).

viernes, 11 de julio de 2008

Un pensamiento de Samuel P. Huntington (y otro de José Antonio Marina)

Buenos días, queridos amigos. Hoy, viernes, es 11 de julio, fiesta de san Benito, patrono de Europa, y día mundial de la población según Naciones Unidas. Desde esta triple circunstancia feliz, os deseo a todos un buen comienzo de fin de semana, una intensa y fructífera experiencia personal y espiritual, y una grata convivencia con vuestros conciudadanos del mundo entero.

Hoy vamos a hacer tarea doble, ya que el día me propone un pensamiento propicio y la Agenda San Pablo, esa maravilla, me ofrece dos frase-citas en lugar de una, o por el precio de una. La primera, relacionada con la población y, de alguna manera, con la realidad fundacional de Europa no sólo como continente sino como protagonista de la historia del hombre:

«En un mundo con múltiples civilizaciones, la vía constructiva consiste en renunciar al universalismo, aceptar la diversidad y buscar rasgos comunes» (Samuel P. Huntington).

Dejo las cuestiones sobre alianza de civilizaciones para comentaristas más preparados que yo. Desde mi humilde atalaya de no se sabe qué ni dónde ni para qué, sólo quiero apuntar a la tercera de las premisas o condiciones que propone mister Huntington: «buscar rasgos comunes». ¡Qué pocas veces hacemos cosa semejante! Porque, volviendo a mí mismo, es decir, a mi tema favorito, ¿qué rasgo en común tienen las hordas invasoras de portales vecinales conmigo?, ¿qué une a los saltadores profesionales de semáforos con un este humilde peatón (bueno, humilde, lo que se dice humilde, tampoco es cierto, más bien desafiante)?, qué me identifica con esos millonarios que llevan brillantes en las orejas y rosarios al cuello y que cobran millones de pesetas sólo por dar patadas a un balón y decir bueno no sé, no, hemos ganado porque hemos metido un gol y los otros no y si no hubiéramos metido un gol no habríamos ganado? ¡Humanidad, ven en mi ayuda, y hazme reconocer en cada persona con la que me cruzo a un ser humano, a un prójimo, a un hermano!

La otra frase es tan sobria, tan sencilla, tan natural, que ni siquiera la voy a comentar, simplemente la reproduzco y os invito a sonreír con ella y a comentarla, si lo deseáis:

«La forma más inteligente de ser feliz es la bondad» (José Antonio Marina).

viernes, 4 de julio de 2008

Un pensamiento de Carlos Fuentes

Buenos días, mis queridos amigos. Hemos comenzado la temporada de verano, con nuevo horario, lo que significa que tengo menos tiempo por las mañanas.


A lo largo de mi existencia, he habido noticias que, por razones muy diversas, me han impactado, me han calado muy hondo y las tengo siempre muy vivas en el recuerdo, en ese almacén de emociones en el que metemos un poco de todo sin saber muy bien por qué. Es el caso, por ejemplo, del ataque argentino sobre las Malvinas, que me asustó enormemente, el de la muerte de Teresa de Calcuta, que, aunque anunciada, me hizo llorar en un acto de oración a Dios, o el del cruel asesinato de Miguel Ángel Blanco. Esta semana la noticia me ha emocionado tanto que cuando la leí en el periódico no pude contener las lágrimas en el metro-sauna de Madrid. Se trata de la liberación de Ingrid Betancourt, cuyo secuestro recuerdo ya vagamente, pero que en su momento también me impresionó. Ha sido una noticia tan feliz, tan maravillosa, que hoy no puedo menos que dedicarle a ella mi pequeño batiburrillo de reflexiones. Y para ello, para esa reflexión, acudo a una frase de Carlos Fuentes.


«No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres» (Carlos Fuentes).


Es la búsqueda de la libertad la que nos hace libres. La Iglesia nos ha dicho siempre que es la verdad quien nos hace libres. Pero ambos conceptos, libertad y verdad, son algo buscado más que tenido, deseado más que poseído, esperado más que disfrutado. De ahí que Carlos Fuentes pueda decir que es precisamente en la búsqueda de la libertad donde encontramos la libertad. Porque, en el fondo, la libertad está dentro de nosotros. Sólo hay que saber buscarla.


Y si hay alguien que sabe de libertad es Ingrid Betancourt. Una mujer que ha sido libre ante la política y la corrupción de su país, ante el dominio económico del narcotráfico, también ante el amor; ante la misma guerrilla que la ha tenido en un selvático secuestro durante tantísimo tiempo. Una mujer que ha sido, es y será libre, y que ha recuperado –¡bendito sea Dios!– la libertad física que le habían hurtado. Debo felicitarla a ella, y admirarla, y admirar y felicitar a sus familiares (madre, hijos, exmarido…). Y desde luego, al ejército colombiano, que ha hecho una operación impecable.

¡Bravo!

jueves, 3 de julio de 2008

Feria del Libro - Fotos

Aunque tarde, aquí hay una pequeña muestra de la febril actividad de la caseta 201 en la Feria del Libro 2001. Firma Andrés Guerrero, autor de Cuatro cuentos de ciudad. Las fotos son de Elena Muñoz, cuyo portal literario está linkado en el lateral. En el público, igual reconocéis a alguien...