viernes, 13 de febrero de 2015

Un pensamiento de Ovidio


No ando yo últimamente muy inspirado. Será la gripe, que me ha asaltado. O la dieta a pan y agua a la que me tiene sometido mi médico para erradicar los problemas gastrointestinales derivados de esa gripe. Será. El caso es que no estoy fino. Ni para hacer las cosas, ni para expresarme, ni para pensar siquiera. Quiero hacer cosas, y no puedo, siempre hay algo o alguien que me lo impide. Todo me sale del revés. Y se me está amargando el carácter (¡oh, cielos, pero si nunca fue dulce!, ¿qué va a ser de nosotros?).

Me viene a la cabeza esa canción que dice que las cosas como vienen se tienen que tomar. No sé yo. Será mejor preguntar a alguien. Un clásico, por ejemplo. Pero no me voy a Grecia, que ahora las cosas están muy revueltas por allí, mejor un clásico latino. Por ejemplo, Ovidio:

«Se hace ligera la carga que se sabe llevar bien» (Ovidio).

Caramba, pues no sé si me aclara mucho el caballero. 

Llega la enfermedad. Y te cambia los planes. Ya no puedes moverte con libertad, comer a tu aire, beber como si fuera gratis, disfrutar de tus horas con prodigalidad. Ahora tienes que medicarte, guardar cama, seguir una dieta, imponerte unos horarios, modificar tus hábitos. Qué lata. Sí, dice Ovidio, pero se hace ligera la carga que se sabe llevar bien. Y canta: la cosas como vienen se tienen que tomar.

La enfermedad no es tuya, sino de alguien de tu entorno, de uno de tus seres queridos. A partir de ese momento, tus horarios, tus preocupaciones, tus pensamientos, tus oraciones, tu tiempo, tu dinero… se orientan a que la enfermedad de tu familiar le sea lo más llevadera posible… Y a ti también… Puede ser una gran carga, pero dice Ovidio que se hace ligera la carga que se sabe llevar bien. Y canta: las cosas como vienen se tienen que tomar.

Tienes un mal rollo en el trabajo, o con los amigos, o en tu gimnasio, o en tu club de amigos, o en tu asociación de voluntariado… Y te llevas el mal rollo a casa, y lo rumias, y le das vueltas, y andas de acá para allá perdiendo energías, libertad y tiempo en una preocupación y en otra… Menudo cñz. Sí, pero dice Ovidio que se hace ligera la carga que se sabe llevar bien. Y canta: las cosas como vienen se tienen que tomar.

Vale, vale, si todo eso lo entiendo. Pero, ¿cómo aprender a llevar bien la carga? ¿A no deslomarme, a no dejarme los riñones, a no provocarme una contractura o una luxación, a no acabar sudando como un condenado…? ¿A quién le pido que me enseñe a llevar la carga?

Y Ovidio no dice nada. Habrá que mirar a otros que han llevado cargas antes, para aprender de ellos, para ver cómo llevaban su carga. Y si la llevaban bien, tomar ejemplo de ellos.

A ver este, que lleva dos palos atravesados colgados del hombro… Anda, si se ha caído… Otra vez… Y otra, pues anda que… ¿Eh? ¿Que cargue con qué? Vale, vale, lo intento, a ver. Pero no te me despistes, que tengo que seguirte, ¿eh?

 

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