viernes, 16 de octubre de 2009

Semana de la Pobreza

Buenos días, queridos amigos.

No siempre la improvisación tiene la última palabra en este mi espacio semanal. En esta ocasión voy a aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid (gran río, que ha albergado un mundial de piragüismo, y gran ciudad, que vio nacer a ilustres personajes y a otros que no llegamos ni siquiera a la categoría de personajillos) y que las agendas contienen efemérides para recordar una: celebramos estos días la Semana contra la Pobreza, ya que hoy, 16, es el Día mundial de la alimentación, mañana, 17, el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza en el mundo, y el domingo, 18, el Domund.

Así que con este compromiso seleccionaré la (mejor, las) frase-citas de hoy, que casi no comentaré, y de hacerlo lo haré de forma menos irreverente que lo que acostumbro a hacer. Corresponden a las fechas mencionadas en la Agenda San Pablo en curso. Y dicen así:

«Porque vamos a morir, tenemos que abrazarnos con ternura; porque vamos a morir, las personas que tienen hambre han de comer hoy; porque vamos a morir, tenemos que compartir nuestro pan» (Ivone Gebara).

«Abolir la pobreza no es una utopía irrealizable, sino que es nuestra máxima y urgente obligación ética» (Pierre Sané).

«Si queremos darle salud y vigor al cristianismo tiene que ser desde la solidaridad con los pobres» (Jacques Gaillot).

Tres frases contundentes para tres días señalados por un objetivo común: desterrar la pobreza de la faz de la tierra.

Ivone Gebara, que es una teóloga brasileña, nos habla en un tono casi perentorio de la necesidad vital de compartir el pan con quien no lo tiene, de vivir con solidaridad, con amor, nuestras relaciones con los demás. Yo entiendo su rítmico «porque vamos a morir» más bien como la característica que no debemos olvidar, que nos iguala y por ende nos impele (o debería) a ver al otro como igual, a compartir, a amar.

Pierre Sané es senegalés; ha sido secretario general de Amnistía Internacional y trabaja en la UNESCO. Él nos marca el objetivo, abolir la pobreza, pero no nos da el cómo (compartir, como dice Ivone), ni el porqué (porque vamos a morir), sino que advierte de que es una necesidad, una urgencia, una obligación ética. Esto de la obligación ética es una redundancia, aunque quizá sea necesaria, dada la excesiva dureza de mollera y corazón con que podemos toparnos. No olvidemos que la ética es una parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. Como hemos reducido la moral a la moral católica, y por tanto la hemos rechazado por caduca, obsoleta, intransigente, intolerante y antiprogresista, no nos damos cuenta de que la moral es la ciencia que trata del bien en general y de las acciones humanas. Así que cuando el sr. Sané nos dice que abolir la pobreza es una obligación ética nos está diciendo que nos pongamos las pilas, que comencemos a comportarnos, a actuar, con ese fin, que es un fin bueno en sí mismo. Y no una utopía irrealizable, como a veces se nos quiere hacer ver la cosa.

Por último, el obispo francés Gaillot da un giro de perspectiva y enfoca el problema, al menos aparentemente, desde la fe, desde el compromiso cristiano. Compromiso cristiano que nos obliga, que nos mueve o debería movernos a ser siempre solidarios con los pobres. ¿Por qué? Porque sufren. Porque son humanos. Porque su sufrimiento y su humanidad son, deben ser, los nuestros. Y sólo desde la pobreza, desde ese compromiso real y profundo con los pobres, con los oprimidos, con los abandonados, sólo desde ahí se vive en verdad el cristianismo, con fe vigorosa y espíritu sano.

Acabar con la pobreza es obligación ética y moral, es vocación de fe, es llamamiento universal, al que todas las voces deberían unirse, compromiso en el que todas las manos deberían trabajar unidas. ¿Utopía? Necesidad. Porque vamos a morir.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En el fondo las frases que propones nos remiten a la vida. Erradicar la pobreza es apostar por la vida, por la de millones de personas: primero los 1.020 millones de hambrientos y segundo por la vida de todos los que consentimos que esa realidad sea tan tozuda y vaya en aumento. Es inmoral, consentirla un crimen y una degradación del ser humano. Cada uno llevamos nuestra cuota de responsabilidad.
Creo que Mons. Gaillot se equivoca o al menos se queda corto, pero entiendo que puede ser por eso de sintonizar con el mayor número posible de grupos y grupúsculos. A lo peor es que no ha leído Caritas in Veritate (CiV), no tiene que ser por solidaridad con los pobres. Tiene que ser por: a) mandato evangélico, esto debería bastar, pero como no es así tenemos b) porque para ejercer la caridad primero es imprescindible ejercer la justicia, "no puedo dar a otro de lo mío -caridad- si previamemente no le doy lo que es suyo -justicia-" (CiV 6) y como esto tampoco basta tenemos c) la responsabilidad, la comunión con todos los hombres y a través de eso llegamos, dejándonos por el camino todas las razones de peso que veraderamente importan, a la solidaridad que es la última y más débil de todas ellas, por supuesto estoy hablando en el caso de los creyentes. Cristo no habló de solidaridad, habló de responsabilidad, de justicia y de caridad.