El pasado miércoles se me ocurrió ir a visitar a una amiga, pues sabía perfectamente dónde la iba a encontrar, para irme con ella después de tiendas. Después de un rato mirando otras cosas, decidimos orientar nuestra búsqueda a los adornos navideños. Tanto ella como yo somos de llenar la casa, o al menos algún rincón, de cositas con sabor navideño, y preparamos una corona, engalanamos árboles, ponemos belenes y misterios, arreglamos especialmente la mesa de Nochebuena, decoramos puertas… Creamos ambiente exterior para facilitar la celebración, en definitiva. Ambos buscábamos lo mismo, o al menos cosas parecidas: motivos típicos de la Navidad, del anuncio festivo del nacimiento de Dios: ángeles, campanas, estrellas… Y colores vivos, alegres, luminosos, festivos: rojo, plateado, dorado… Tomo prestadas sus palabras para describir la decepción que nos llevamos al ver que, en vez de ángeles, había « 1.500 clases de renos, de peluche, plástico, cristal, metal, madera, fieltro; 800 de...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.