viernes, 6 de febrero de 2009

Un pensamiento de Juan Donoso Cortés

Buenos días, queridos amigos.

Ayer, jueves, recibí de Proverbia.net una frase-cita que me hizo pensar. Como todas, claro, pero esta me llevó a un terreno más personal, más íntimo, más, como si dijéramos, «de tú a tú». Así que hoy no voy a irme con disquisiciones pseudofilosóficas, ni con salidas de pata de banco, sino que me voy a quedar en lo cercano, en lo conocido: el quiosco de la esquina, la panadería de la calle de atrás, la hamburguesería del barrio…

«Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos» (Juan Donoso Cortes).

Perogrullo, dirán algunos. Si no me uno a otra persona, no podremos hacer nada juntos. ¿Seguro? Se me ocurren muchas cosas que se pueden hacer juntos sin estar unidos: cada uno por su lado, con sus sentimientos, sus ideas, su idiosincrasia, su mundo, se junta con otra persona y hacen algo juntos, algo que no implica unión, sino mero y en ocasiones leve juntamiento.

Porque unión, lo que se dice unión, aparte de ser la acción y el efecto de unir o unirse, es la correspondencia y conformidad de una cosa con otra, en el sitio o composición, y también (y esto es mucho más importante) la conformidad y concordia de los ánimos, voluntades o dictámenes. No hay más que acudir a la RAE, que ofrece, perlas aparte, una serie de definiciones de grandísimo interés: en el terreno de lo espiritual (que es mucho más que lo religioso), la unión es el grado de perfección espiritual en que el alma, desasida de toda criatura, se une con su Creador por la caridad, de suerte que sólo aspira a cumplir en todo la voluntad divina. Y en el terreno más «social», digamos, la unión es una alianza, una confederación, incluso una compañía. Hasta en joyería, aparte de la afinidad de perlas, la unión es un anillo o sortija compuesta de dos, enlazadas o eslabonadas entre sí. Qué bonito. La mayoría de las mujeres que conozco llevan en sus dedos o tienen en su joyero (o en esa mano de plástico con los dedos hacia arriba para albergar anillos) una unión, y no sólo un anillo más.

¿Adónde voy con todo esto? Aparte de señalar en tono humorístico-anecdótico que el mero juntamiento no es unión, si no existe en él una conformidad y concordia (de corazón) de los ánimos y las voluntades, quiero entrever que la unión, eso que hace la fuerza, es necesaria para hacer algo. Y quiero intuir que ese algo al que se refiere nuestro querido Donoso Cortés (los que hemos sido aficionados a las hamburguesas baratas en tiempos mozos le tenemos, inevitablemente, mucho cariño, porque su calle alberga un lugar que tenemos muy frecuentado) no es un algo vulgar, soez, basto, zafio, rudo, grosero, sin sentido, vacuo, superfluo. Porque para lograr todo eso no hace falta unión, basta juntamiento. El «algo» al que se refiere Donoso, el que requiere unión para hacerlo realidad, es un algo elevado, productivo, sanante, enriquecedor, generativo, es un algo que eleva mentes y cuerpos hacia un lugar, material, físico, espiritual e intelectual, mejor.

Por eso Donoso, nuestro Cortés Juan, nos invita a unirnos y no a juntarnos para hacer algo. Pero no rechaza que, en esa unión, se pueda producir juntamiento (ojo, no sólo el juntamiento en el que estáis pensando: el hecho de estar todos en una misma habitación, al mismo lado de un mismo murete, es juntamiento), pues el juntamiento, cuando está motivado por la unión, por la concordia y la conformidad, es también algo positivo, enriquecedor, creador.

Así, pues, queridos amigos, comencemos a pensar en que debemos unirnos y juntarnos.

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