Hola, corazones. Como veis, sigo fiel al saludo, provocado por el positivo influjo de la Igartiburu en mi memoria. Y como no tengo aún presentación a la vista con personaje mediático nuevo, pues así sigo. Espero no aburrir ni empalagar demasiado. Y si a alguno le molesta y se me pone «cobra», le contestaré así: «No te pongas así, corazón…», pronunciado avec douceur . Como esta semana no tengo muchas cosas originales que contar acerca de mi sublime y excelsa persona, aparte de que he retomado la vida cultural (¡qué maravilla, la ópera!) y de que, como todo el mundo, empiezo a estar hasta la coronilla de esta lluvia, de este frío, de este invierno tan invierno, que parece de antes de que cambiara el clima… Me perdí. Como esta semana no tengo mucho que contar, pasaré directamente a la frase-cita, que me la proporciona nuevamente el envío diario de Proverbia.net . En esta ocasión nos vamos al mundo clásico para apreciar o contradecir la sabiduría abscondita en sus entrelíneas. Veamos: «No...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.