Hola, corazones. Salgo de casa tan pronto que aún la ciudad está comenzando a desperezar. Es un gran tópico, pero es verdad: caminas por las calles y las pisadas tienen todavía el eco de los pasos nocturnos, dispersos en la oscuridad; suena a lo lejos algún que otro despertador, con su insistente pipipipí, que no parece despertar a la primera a su destinatario; una furgoneta de reparto atraviesa rápida la calle, ahora que no hay tráfico, para repartir su carga (no me he dado cuenta bien de si era furgón de prensa o el panadero que va llevando churros y porras a los bares); en los bares las luces asoman a la calle, ayudando al aroma a café y zumo y al tintinear de platos y tazas a que los transeúntes, aún escasos, entren a hacer su primera consumición del día; tres jóvenes universitarios con latas de cerveza en la mano (por su estado, más bien se diría que son tres latas de cerveza gigantes con aspecto de jóvenes universitarios) dudan si despedirse en el portal o subir a tomar la «penúl...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.