Hola, corazones. Hace frío. O no, según se mire. Cero grados. Algunos dicen que eso no es ni frío ni calor. Quien ha tenido experiencias de frío intenso, quien ha vivido en lugares en los que los cero grados son incluso acogedores, no hace tanto frío. Bueno, puede que tengan razón. Siempre puede hacer más frío, como en Siberia, por ejemplo, o Chicago, o Teruel, incluso... Y no es lo mismo el frío por la calle al salir de casa, bien abrigadito, que el frío por la calle después de haber pasado por un autobús a sesenta grados y repleto de gente (ayer, sin ir más lejos, tuve una sensación de langostino cocido que aún no ha desaparecido del todo). Pero no era eso lo que quería decir del frío. Era un detalle, más romántico, quizá, que ya he mencionado otras veces. Y es que cuando uno va caminando, bien abrigado, con su bufanda al cuello y sus guantes protegiendo las manos, y recibe en la cara una ráfaga de ese aire de la mañana, frío como sólo puede serlo en estas fechas, una lagrimita brota...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.