viernes, 5 de noviembre de 2010

Un pensamiento de Walter Scott

Hola, corazones.

Ando hoy que no me hallo porque duermo sin dormir en mí y tan profundo sueño espero que desespero porque no espero. No es del todo cierto, pero quiero ponerme teresiano, que siempre me ha sonado muy bien, como muy mía de mis adentros más íntimos, esa especie de contradictio animae tan tereabulense. En realidad, he dormido bastante bien, y me he levantado con el despertador, y no antes, como suele ser costumbre, con lo cual he derribado de un manotazo todo cuanto había en la blanquinívea mesilla de noche (lo de blanquinívea se refiere a su color, albo, pero también a su minúsculo tamaño, propio de la casita del bosque donde la bella dama se refugió de las inquinas de su hermosa y a la vez malvada madrastra). Esto, como el hecho de no encontrar el periódico en el quiosco (¿por qué el periódico que yo compro es el único que llega después que yo pase a saludar a la quiosquera?) y de tener que correr, contra toda prescripción médica, calle Alcalá abajo para no perder el autobús, me ha puesto en situación de ligera pero sólida desesperación e impaciencia.

Hasta que he abierto el correo electrónico y Proverbia.net me ha regalado esta frase-cita, propia del refranero más tradicional, o de consejos cervantinos, gracianescos, donjuanmanueleros o incluso sanfranciscodesalesianos. Ved, ved:

«El que sube una escalera debe empezar por el primer peldaño» (Walter Scott).

Pensamiento profundo donde los haya que Proverbia.net sitúa en el casillero de la paciencia. Ya digo que a mí la frase-cita de Sir Gualterio Escocés me recuerda mucho al clásico y rotundo refranero español, a adagios como «El que no tiene cabeza tiene que tener pies» –que uso mucho, sobre todo cuando debo volver sobre mis pasos para recuperar algo que me había dejado olvidado en casa–, como «Vísteme despacio que tengo prisa» –también muy mío, sobre todo cuando no atino con el ojal correspondiente a cada botón de la camisa–, o incluso como «El que quiera peces, que se moje el culo» (no comment).

Pero si no tienen nada que ver, me diréis. Pues puede, pero yo sí le veo una cierta relación. Una relación que quizá nos hace sonreír: ¿cómo es posible que algo tan perogrullesco, tan evidente, tan simple, se nos tenga que decir tantas veces? ¿Cómo, añado yo, reflexión tan obvia ocupa el tiempo de Sir Gualterio, que debería estar pensando, más que en escaleras, pies y peldaños, en caballeros, lanzas, pañuelos, damas y gestas, o en Errol Flynn y Virginia Mayo, la ojijunta, como poco? Muy sencillo: porque lo obvio es verdad. Aunque también se puede empezar a subir una escalera de dos en dos peldaños (pero el primero está ahí, y ha cedido parte de su podium al segundo, como cuando empatan dos medallistas olímpicos en el oro).

¿Por qué Proverbia.net clasifica la frase-cita en la categoría de «paciencia», y no en la de «orden» (un peldaño, dos peldaños, tres peldaños, como los globos, hasta alcanzar el primer rellano, y así sucesivamente), o el de «método» (levanta el pie, apóyalo sobre la superficie del peldaño, impulsa tu cuerpo en un movimiento ascendente en la dirección de la pendiente de la escalera)? ¿No será que lo que quiere decirnos Sir Gualterio no es tanto qué y cómo debemos hacer para subir una escalera, sino, en términos generales, que cualquier acción que emprendamos debe tener un comienzo adecuado, lógico y sólido? ¿A ver si va a ser eso y yo no me estaba enterando de la misa, la media? Cachis...

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