Hola, corazones. Ayer por la mañana, al pasar junto a la boca de metrosauna por la que antes de pasarme al autobús salía sudoroso y asfixiado todas las madrugadas, un joven repartidor de propaganda me asaltó ofreciéndome uno de los folletos que a duras penas sostenía en sus manos. Como soy de natural miedoso y timorato, y las hazañas sólo se me ocurren a toro pasado, simplemente miré el logotipo abajofirmante del folleto y le di amablemente las gracias al repartidor, rechazando su ofrecimiento. Reconozco que en mi fuero interno me hubieran dado ganas de decirle que no recojo publicidad comercial, ni siquiera la publicidad comercial que proviene de los sindicatos. Sé que con esto me puedo ganar muchos contraadeptos, pero no estoy dispuesto a jugarles el juego cuando ellos lo único que han hecho conmigo es jugármela. Que le pregunten, si no, al enlace que hizo lo indecible (aliteración en zeta) para evitar mi candidatura independiente como representante de los trabajadores de mi empresa....
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.