Hola, corazones. Entre el catarro que me he pillado (voy a tener que empezar a tomar más productos de nevera de esos que anuncian los famosos para las defensas, la hinchazón aerofágica, el colesterol, el aporte cálcico, los triglicéridos, las transaminasas y no sé cuántas cosas más, porque últimamente me falla todo; ¿será la edad?) y el desconcierto informativo (¿hicimos huelga el cien por cien de los españoles o sólo la hizo ese «comprometido» «actor» –no sabía cuál de las dos palabras poner entre comillas, así que mejor pongo las dos y que cada cual dude sobre la que parezca– al que dicen que detuvieron ayer por amenazar al dueño de un bar?), no sé muy bien ni dónde estoy (bueno, no, sé sé dónde estoy, y qué día es, era sólo un decir). El desconcierto se cura hablando, escuchando y leyendo; el catarro, con tiempo y cuidados. Tendré que salir menos de casa y aprovechar para leer alguno de esos libros que se van acumulando en caótica columna ascendente sobre mi escritorio. No puede ser...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.