viernes, 7 de diciembre de 2012

Un pensamiento de Montesquieu


 
En una semana tan fría, pocas cosas, aparte de encerrarme en casa, al abrigo de la calefacción (aunque la bomba de aire no es lo mejor, es lo que tengo) o bajo el confortable edredón. Todo han sido maquinaciones para estar más calentito. Por ejemplo, cocinando. Nada como un buen rato en la cocina, con la cazuela a fuego lento llena de un sabroso potaje en ebullición, o unas deliciosas albóndigas con tomate y un toque de canela, o un bizcocho subiendo poco a poco, tomando forma y miga, en el horno. Pero la satisfacción más grande no estriba en la factura de dichos manjares, ni en el calorcito tan rico que aportan cuando los haces o cuando los comes. No, lo mejor es compartirlos, y ver la cara de satisfacción de quien come contigo. Eso es grande y no tiene precio.
 
«Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella» (Montesquieu).
 
Esto que dice don Carlos los sabemos bien quienes hemos tenido la inmensa dicha de estar alguna vez cerca o junto a alguien realmente grande. Un padre, una madre, un hermano, un amigo (o muchos), un jefe, un tendero, un rey, un «sin techo»… 
 
Vayamos por partes: «Para ser realmente grandes», dice don Carlos. Grandes de verdad. Según parece, hay grandes de mentira, o personas que son falsamente grandes. ¿Quiénes? «Los que están por encima de la gente», los que se ponen por encima. Y esos, ¿quiénes son?
 
Los «yo estoy haciendo un inmenso sacrificio por vosotros pero lo que no sabéis es que vosotros estáis pagando y yo no, yo engordo mi cuenta corriente». Los digo lo que digo pero hago lo que quiero. Todos sabemos de qué gente estamos hablando. Personas que fingen ponerse del lado de la gente pero en realidad están pisándonos, engañándonos, manipulándonos.
 
Nosotros mismos podemos caer en la tentación de ser falsamente grandes. Podemos mentir, podemo actuar en nuestro propio provecho, haciéndolo de forma maquillada, torticera, falsa, vil.
 
O podemos ser realmente grandes. Tenemos a quién imitar. A quién seguir. Sabemos cómo actuar. Sólo tenemos que estar de verdad con la gente y no sobre la gente, junto a la gente y no por encima de la gente.
 
¿Lo intentamos?

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