viernes, 21 de mayo de 2010

Desconocidas

Ya he hablado en otras ocasiones de Carmen Guaita. Es de esas personas que te atrapa desde que la conoces, que te inspira una confianza y una tranquilidad admirables, y enseguida te encuentras compartiendo con ella cosas que ni siquiera te habías atrevido a reconocer hasta ese momento. Es simpática, amable, bella, inteligente. Ayer un invitado a la presentación de su libro dijo que si tuviera que definirla en una palabra, sería «dulce». No discrepo, pero yo utilizaría otra palabra, un sustantivo: Carmen Guaita es «gracia». Es gracia porque posee un conjunto de cualidades que la hacen agradable, porque además de la hermosura de sus facciones su fisonomía posee un atractivo que emana de su interior, porque es afable en el trato con las personas, porque es benevolente y amigable, porque tiene sentido del humor, porque maneja la escritura (fondo y forma) con habilidad y soltura, porque hablar con ella (o leer sus libros), siempre, de alguna manera, te reconduce, te sitúa en el camino adecuado. Es un largo piropo, quizá, pero es un único halago, sólo que explicado según las diferentes acepciones de la palabra «gracia» según RAE. Y además, la palabra gracia entronca con gratitud, que es algo que Carmen expresa constantemente, y con gratuidad, que es algo de lo que Carmen se vale para repartir su sonrisa por todas partes.


Carmen Guaita ha escrito un libro que se titula Desconocidas y tiene por subtítulo nada menos que la «Geometría de la mujer». En él, se vale del testimonio de 47 personas para acabar trazando un retrato de la mujer –y también del hombre– del siglo XXI. Son en su mayoría mujeres, pero también hombres, de todas las edades (desde jóvenes estudiantes que empiezan a hacerse un hueco en el mundo hasta jubiladas con una larga experiencia de vida a sus espaldas, pasando por todas las edades intermedias, incluso la edad menos cinco de las que no quieren reconocer el paso del tiempo), personas anónimas y personajes conocidos (Lolita, Beatriz Luengo, Juan Antonio Corbalán, Amando de Miguel o Modesto Lomba, por ejemplo), de todos los ámbitos profesionales (el deporte, el espectáculo, la salud, la estética, el transporte, la solidaridad, la comunicación, la defensa, el derecho, la enseñanza, la investigación, la política, la sociología, la biología, el hogar...), que debaten (¿debaten? No: ¡dialogan!) a lo largo del libro sobre la mujer y sus circunstancias, analizando todos los temas: la educación, la maternidad, los valores, la identidad, los hijos, el amor, la amistad, el trabajo, la conciliación, el lenguaje, el desamor, la moda, el maltrato, el paso de la edad, la igualdad en la diferencia, el futuro... El resultado merece la pena. Uno aprende mucho en su lectura, y además reconoce en sus páginas a muchas mujeres (familiares, compañeras, amigas, conocidas…).

De la presentación, ayer, del libro, ya da nutrida cuenta el blog de SP en RD (http://blogs.periodistadigital.com/sanpablo.php/2010/05/20/carmen-guaita-elegida-lautora-del-anor-p), así que no voy a extenderme. Diré, eso sí, que fue un acto entrañable, pues entrañable acaba convirtiéndose todo lo que cuenta con la presencia de Carmen, que tuvo de todo: conversación y diálogo inteligente, elogios y reconocimientos, música y sonrisas, flores y un cóctel en los jardines. Entre los asistentes había periodistas (Isabel San Sebastián, María Vieites, María Ángeles Fernández, José Manuel Vidal), deportistas (Juan Antonio Corbalán, Sagrario Aguado), diseñadores y estilistas (Modesto Lomba, Mario Bellido), políticas (Fátima Peinado), autoras (Beatriz Serrano, Paloma Orozco), y muchas de las personas que han sido entrevistadas en el libro.

Ayer fue, gracias a Dios, otro de esos días en los que el cansancio no pesa, porque es fruto de la satisfacción de las cosas bien hechas.

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