viernes, 17 de mayo de 2013

Un pensamiento de Julio Cortázar

 
Oigo y leo cosas en ocasiones que provocan en mi cuerpo un encadenamiento de reacciones a cual más extraña y negativa. Primero se me abren los ojos, exageradamente, mientras los hombros tienden a subir y encogerse ligeramente y la mandíbula desciende hasta dejar mi boca abierta como un pozo. Luego mis oídos, mi cerebro y mi boca se vuelven hacia el lugar del que proviene el sonido, las palabras que he oído, y mis ojos afinan su mirada sobre lo que estoy leyendo, si es el caso, como diciendo con extrañeza inmensa: ¡¿Qué!? A esto pueden seguir sensaciones de sudor frío, temblores, inquietud y desazón, algo así como lo que me pasa cuando veo sin querer (queriendo nunca) una escena de una película de miedo, o intensos mareos, seguidos de náuseas y espasmos estomacales, provocados sin duda por el asco que me da lo que veo, leo u oigo.
 
Y no se crean, son noticias que reciben tratamiento casi de normalidad. Cosa que me aterra y asquea más si cabe. Analizadas luego, fríamente, las noticias, veo en muchas de ellas un intento de manipulación de las conciencias no tanto por parte de su difusor, sino sobre todo del protagonista de la noticia. Ya sea un cargo público utilizando su cargo para modificar la realidad de todo un país según su distorsionado (y a veces extorsionador) punto de vista, ya un científico apelando a la utilidad y economía de ciertas prácticas que dejan desprovista de humanidad a la raza humana, ya un personajillo infinitesimal atribuyéndose la supremacía moral que le da la máxima de haz lo que te dé la gana si te lo pasas bien y te proporciona pasta y tías…
 
No quiero comentar las noticias, no es mi intención, pues no tengo la sangre fría ni la capacidad de análisis necesaria para hacerlo bien. Tampoco es lugar este blog, pues no nació para eso. 
 
Aunque la frase-cita, en parte, es un reivindicación de mis sentimientos cuando leo, oigo y veo ciertas noticias: no tengo palabras, porque no alcanzaría a decir…
 
«Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma» (Julio Cortázar).
 
Seguramente esta frase-cita no quiere decir lo que yo he entendido o he creído entender. Don Julio es un señor al que nunca he conseguido comprender muy bien, que yo soy más simple, más de sota, caballo y rey que de andar saltando números por el suelo, que siempre me caigo…
 
Pero comparto con él, con esta frase, la sensación de que hay cosas que no se pueden decir con palabras, porque las palabras, y mira que son maravillosas, y mira que hay, no alcanzan. Mejor, porque uno, en su infinita nesciencia, no conoce la palabra certera que expresa el sentimiento con la oportuna adecuación.
 
Por eso muchas veces la mirada silenciosa, detenida, al rostro de la persona amada, o a su nuca, si está sentada al otro lado, expresa más, y más rápidamente, que el te quiero te necesito no puedo vivir sin ti que podria yo si nada tiene sentido cuando no estas… 
 
Por eso muchas veces nos quedamos absortos, viendo el amor propio o ajeno en una pareja que pasa, en un gesto del padre a su hija, en un rostro cansado de la vida al que acompaña o dirige una mano ajena, casi siempre transatlántica, con la paciencia que a otros nos falta.
 
Por eso muchas veces suplimos la palabra con el sonido armonioso que se eleva como el humo del incienso hacia donde nuestro corazón anhela y nuestra palabra tropieza…
 
Por eso…
 
No sé si era esto lo que don Julio quería expresar con su frase-cita. Es lo que yo, al leerla, he entendido, o he creído entender. 
 
Pero no quiero que este silencio de palabras sea la excusa para dejar de intentar expresarnos, para desistir en la búsqueda de la palabra justa, o la más aproximada, la palabra que exprese, si no el cien por cien de nuestra alma, sí el máximo posible. 
 
«Que no nos baste, nunca, decir que nos hemos quedado en plan puntos suspensivos, o sea, en plan sin saber qué decir…»
 
El empobrecimiento de la capacidad verbal de la gente, condesando a modo de ejemplo en ese «en plan», me subleva y me entristece tanto, que no me extraña que me miren como a un energúmeno violento o a un friki Sheldon Cooper cuando corrijo diciendo: 
 
«Querrás decir que nunca nos conformemos con quedarnos en blanco, sin saber qué palabra decir porque no tenemos confianza en nuestra capacidad de acceder al diccionario…».

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