Buenos días, queridos amigos. Cuando oigo hablar de sabiduría oriental, la mayor parte de las veces me salen algo parecido a sarpullidos, pero no visibles, sino en el interior íntimo de mi misma mismidad anímico-espiritual. Porque, vamos a ver, ¿dónde encuentro yo, más simple y soso que un folio en blanco, algo de sabiduría en frases como «la rana croa en el estanque y las luciérnagas zumban en primavera»? Quizá la haya, no lo discuto, pero no alcanzo a comprender el asunto. Ni siquiera cuando me entregado al ejercicio literario del sudoku, digo, del haiku, me han salido frases incomprensibles, sino simplemente versos, más o menos monos (eso lo diréis vosotros: buscad “poema” en las etiquetas del blog y acabaréis encontrando los haikus, entre otras cosas), pero perfectamente asumibles por la fría llaneza del castellano medio o del extremeño estándar, por poner sólo dos ejemplos. Pero esta vez he encontrado una de esas frases que sí que tienen comprensibilidad. Y es que, claro, no es lo...
Nacido para ofercer un Pensamiento para cada semana, con un comentario personal, diferente, quizá original, no renuncio a que vuelva a su ser. De momento, será una colección de textos y vuelcos personales de todo tipo.