viernes, 20 de marzo de 2009

Un pensamiento de Juvenal

Buenos días, queridos amigos.

Últimamente me afecta la carencia de numen. Y sin musas que me asistan, poco puedo decir que no sea incoherente. Así que al menos seré breve. Hoy la frase-cita, de contenido crítico, es decir, económico (siempre que se habla de economía aparece la palabra crisis, ¿a que sí?) tiene antigüedad pero se conserva joven:

«Es locura manifiesta vivir precariamente para poder morir rico» (Juvenal).

Juvenal afirma algo que también se afirma en la Biblia, por ejemplo, y que nos habla de que la acumulación de riquezas resulta inútil, pues cuando uno menos se lo espera aparece una desgracia que consume los ahorros, un ladrón que nos roba las pertenencias o una guadaña que nos saja los años y los días y deja huérfanas todas esas riquezas acumuladas.

Esto, que entendemos a la perfección con el tema de los dineros y las posesiones, quizá no lo veamos tanto en otros ámbitos. Pero creo que el consejo puede ser igualmente válido. Veamos: Vivir precariamente (privándose, por ejemplo, del jamón y martirizándose a base de sudor en una cinta mecánica) para acumular salud para poder morir ¿sano? ¿o más tarde? Ojo, que no me refiero a mantener unos hábitos de vida prudentemente saludables, sino a aquellas personas que viven obsesionadas con la salud (como con la acumulación de tesoros) y hacen de su vida una experiencia de privaciones y precariedades en aras de la salud. Que los hay.

No sé si Juvenal estaría de acuerdo conmigo, pero me da la sensación de que sí lo está. Porque intuyo que no se refería sólo a la locura de privarse enfermizamente de bienes materiales para acumularlos en un hipotético por si acaso futuro, sino a algo mucho más amplio: no se puede vivir una vida de precariedad y angustia, desde luego no de manera obsesivo-compulsiva, por tener la vista puesta en el horizonte lejano. Ya lo decía el padre Abrahán: Dios proveerá. Y tampoco hay que vivir «acigarrados» (de cigarra, no de cigarro), esperando que todo pase sin mirar el futuro. Hay que aprender del padre Abrahán: Dios proveerá, sí, pero yo tengo que poner la leña, el fuego, el cuchillo…, no lo va a hacer todo Él…

Vivamos, pues, lejos de las locuras manifiestas de vivir precariamente para morir ricos, o de vivir irresponsablemente para morir desahuciados. Todo en su justa medida.

Me temo que hoy estoy un poco espesito…

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