viernes, 29 de julio de 2011

Un pensamiento de Chiara Lubich

Hola, corazones.


Algo diferente flota en el ambiente. Oigo ya el rumor de las olas acariciando la arena, siento ya el frescor de la brisa envolviendo cuerpo, aspiro el olor de campo y de mar, percibo en mis papilas el sabor de los frutos marinos, vislumbro horizontes abiertos de intensos azules y verdes, me envuelve el sopor de las tardes, me invade la alegría del estío. ¿Qué sería de mí sin pasar unos días al año en Santander?


¡Me voy de vacaciones! Durante un tiempo estaré alejado de mis ocupaciones diarias y semanales, y no sé en qué medida afectará mi ocio a este blog. Probablemente no haya pensamientos hasta septiembre, pero sí que puede haber alguna que otra foto, algún comentario viajero, la reseña de algún libro. Quién sabe. Mientras tanto, despidámonos con una frase-cita amable:


«La palabra siempre ha de apoyarse en el silencio, como una pintura sobre un fondo» (Chiara Lubich).


Digo que es amable porque a mí la imagen de esta mujer, una dama italiana de sereno porte, me ha transmitido siempre amabilidad. Y lo que dice es también una invitación a la serenidad, al silencio, a la meditación, a la calma. Una invitación que sugiere que no merece la pena hablar por hablar, que el palabrerío, sobre todo el insustancial, no es válido, que todo lo que se dice necesita haber pasado por un tamiz, el del silencio. Claro que el silencio del que esta noble señora habla no es un silencio vacío, ese que se produce en el aipod entre canción y canción y que hace que invariablemente se compruebe la conexión de los auriculares. No es siquiera el silencio de una gruta en la que sistemáticamente hay que gritar con viva voz un «eo» para que el eco lo devuelva y quedar así con la tranquilidad de que no hay tal silencio.


No, el silencio del que doña Clara habla es el silencio lleno, el silencio pleno, el silencio sentido. Es el silencio del que calla y escucha, el silencio del que medita, el silencio sereno del que pone sus cosas en manos de otro, del Otro, antes de actuar. Es un silencio activo y necesario, un silencio que permite posteriormente seguir hablando y decir –y hacer– sensateces. Si, como dice doña Clara, el silencio es a la palabra lo que el lienzo o el fondo a la pintura, también, de alguna manera, puede ser válida la comparación con el descanso y la actividad: la palabra siempre ha de apoyarse en el silencio, como la actividad en el descanso.


Qué manera de cambiar de tercio. Yo soy así. Y es que ha llegado el momento, de entregarse al silencio y al descanso (a la pintura no, no vaya a ser que me expulsen por mi nula calidad artística) para así, regresar con fuerzas para seguir con mi actividad y con mi voz.


Mientras tanto, es mi deseo que todos los que leáis esto, y todos vuestros familiares, amigos y allegados, alcancéis el máximo grado posible de felicidad y serenidad de espíritu en este período estival. Mil besos.

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