viernes, 15 de marzo de 2013

Un pensamiento de... ¡ay, no!... ¡HABEMUS PAPAM!


 
¡Silla ocupada!
 
Buenos Aires tiene que traer a la Iglesia un hombre que une en su nombre la lucha contra el dragón y la bendición materna, que procede de la Familia de Ignacio y adopta como papa el nombre de san Francisco, el hermano de la Pobreza y del Sol. ¡Y qué panzada de llorar que me di el miércoles por la tarde, en cuanto supe que había salido el humo blanco como la nieve! Llorar no es malo, ni reconocer haberlo hecho tampoco. Además, nadie me vio, porque estaba solo en casa, delante de la tele y del ordenador, con el mando en una mano y el dedo sobre el recuadro del portátil desde el que se maneja el cursor, cambiando una y otra vez de canal y de medio, para enterarme de todo y escuchar y leer el menor número posible de tonterías. Qué gusto ver la plaza del Vaticano repleta, rebosante de personas expectantes y exultantes a un tiempo. Más gusto, creo, desde que soy capaz de decirme a mí mismo: «has estado ahí, sabes cómo es la plaza, no te engaña lo que ves ahora en la pantalla».
 
Qué grata impresión ver un Papa de blanco, sin las vestiduras rojas bordadas en oro (tan hermosas y tan ceremoniosas, por otro lado, pero que quitan más que añaden), con una cruz oscura, con un gesto tímido, humilde, casi asustado. Qué atractiva sencillez en sus palabras, qué llamada, desde el primer momento, a la oración (en pocos minutos puso a toda la plaza dos veces de rodillas). Cuánto me gusta su nombre, Francisco, así, sin ordinal dinástico, que no necesita parecer un rey (y menos ese rey) ni parece desear ser llamado el uno, o el primero.
 
Qué tentación, madre mía, de dedicarle un Pensamiento, si hasta me han dado la frase-cita, que la publicó ayer el diario El Mundo: «El Señor cambia a los que le son fieles» (Jorge Mario Bergoglio). Pero no, no quiero caer en comentar a la ligera ni esta ni ninguna otra frase suya. Es tiempo de esperar, de acogerle, de escucharle, de dejar que actúe. Y de adherirse.
 
Pero, claro, ahora, ¿cómo me pongo yo a comentar con frivolidad una frase-cita de nadie ante su presencia? No puedo. 
 
Puedo hacer sólo una cosa, y no me gusta demasiado, y me da un poco de pudor. Y es dedicarle al Papa Fancisco una frase, un deseo, un consejo, comunicarle lo que espero de él, lo que me gustaría de él. Digo que no me gusta demasiado hacer esto, porque me he pasado mucho tiempo criticando a todos aquellos que han dicho y escrito en todas partes qué tiene que hacer el Papa, cómo tiene que ser el Papa, qúe tiene que decir el Papa… El Papa es el Siervo de los Siervos de Dios, pero no tiene por qué ir obedeciendo a todo chichiburri que se le ocurra darle órdenes. Y yo no quiero ser ningún chichiburri. Y digo que me da pudor, porque quién soy yo para dar consejos a nadie, menos al Papa. Menos dedicarle un consejo, mejor, uno de mis Momentos de sabiduría.
 
Pues lo voy a hacer. Porque no es un consejo, ni un deseo, ni una orden ni una esperanza lo que hay en estas palabras. Hay una realidad, una definición, parcial, incompleta, de lo que hace y lo que es un Papa. Por eso hoy, para imitar al Papa, a este Papa y a todos los Papas santos, propongo que intentemos seguir el Momento 72:
 
«Hazte conductor y transmisor de consuelo y de esperanza para tus congéneres. Ten siempre a punto la amabilidad en tu palabra, la acogida en tus brazos, el calor en tu mirada».
 
¡Si al menos cumpliera (yo, hablo de mí mismo) una vez al día uno solo de mis momentos, qué diferente sería!

1 comentario:

o´neill dijo...

El miércoles se había perfilado como un día "vulgar", en el cual, llegué a casa dí de merendar a mi hija con Disney Chanel de fondo; y fue cuando mi madre decidió que necesitaba cambiar de cadena ya que llevaba demasiado tiempo en contacto con Mickey Mouse y al cambiar de canal con la intención de ver Ahora caigo, programa cultural donde los haya!!!!! pero que a esas horas es lo que pega! de pronto vimos: FUMATA BLANCA.

Grité: Sí, Habemus papam!; Pon la 1 mamá, pon la 1, (La 1, porque al atenderlos a diario les cojo cariño, no porque fuera la mejor retransmisión)
El caso es que ya nos acomodamos en el salón con un vinito y un picoteo a esperar que saliera el Santo Padre, quién será? entre las dos y con cara de perplejidad por parte de mi hija, apostábamos: va a ser americano, no europeo, se va a llamar Juan Pablo III, no Pablo VII, etc.
Emocionadas y expectantes, hay estábamos 3 generaciones pendientes del nuevo sucesor de Pedro; A las 20.00, no puede más de la emoción y cogí a mi hija en brazos: Vamos, Carmen! que es tu segundo Pápa, y no tienes ni un año!. Así que, yo también lloré cuando anunciaron a Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco.
A mí también me gusta su nombre, la sencillez, el: rezar por mí antes de daros la bendición. Y me gustó recibirlo con mi hija en brazos, ese día cumplía 10 meses, y empezaba un nuevo papado, ¿se le puede pedir más a un día?