jueves, 18 de marzo de 2010

Un pensamiento de George Herbert

Hola, corazones.

Ya sé que hoy es jueves, pero mañana es festivo y no trabajo, ¡y además de voy de viaje! Estaré todo el fin de semana, desde esta tarde hasta el lunes por la noche, en Alemania.

Así que hoy tenemos que ser breves, que el deber me llama y el deseo de evasión me acompaña. Pasemos, pues, sin más preámbulos, a la frase-cita seleccionada para esta semana, que ha sido tomada de la magnífica Agenda San Pablo 2010, concretamente del 20 de marzo:

«No todo resbalón significa una caída» (George Herbert).

No tengo otra que felicitar a Jorge Heriberto por su claridad expositiva y por lo certero de su afirmación. Efectivamente, ya lo dice el refranero, ese constructo de sabiduría popular en el que una aseveración y su opuesto encuentran verosimilitud en el lenguaje corriente: «El que tropieza y no cae, avanza dos veces».

[Un inciso: existe un divertido juego de palabras relativo a los refranes, que consiste en añadir a cada una de las dos partes del refrán dos expresiones según la siguiente fórmula:
Primera parte del refrán + “debajo de las sábanas”,
Segunda parte del refrán + “entre la piernas”.
En el caso que nos ocupa, el refrán quedaría así: «El que tropieza y no cae… debajo de las sábanas, avanza dos veces… entre las piernas». Se puede hacer incluso con la frase-cita, ved: « No todo resbalón… debajo de las sábanas significa una caída… entre las piernas». ¡Hala!
Procaz, pero extremadamente divertido. Probadlo. No hay refrán que no tenga su equivalente en el tálamo].

Volvamos a la excelente frase-cita de Jorge Heriberto (quizá con otro humor le hubiera puesto a caldo por decir perogrulladas evidentes, pero hoy mi mente vuela hacia otros aires, y eso me da una perspectiva diferente de las cosas). Es evidente lo que dice, y todos hemos podido comprobarlo en vivo y en directo, en nuestras propias carnes. ¿Quién no se ha tropezado por la calle con una baldosa suelta (anda que hay pocas en esta querida ciudad nuestra, tiene el récord olímpico en trompicones a cuatro tiempos) y al final, en vez de caer, ha dado dos o tres pasos hacia delante en vez de uno? ¿Quién no ha resbalado alguna vez en las grises aceras nevadas (en cuanto llegan cuatro peatones y la pisan, la blanca nieve se convierte en gris pista de patinaje)?

En un sentido algo más figurado, me figuro que todos me entenderéis, cuando alguien «tiene un desliz» (¿hay palabra más fina y delicada para referirse a ello?) no se cae, sino que, normalmente, se avanza hacia una nueva vida. Claro que hay que tener una mentalidad especial para entender como mero «desacierto o indiscreción involuntaria» (RAE) algo que suele tener tanto de acierto…

No todo error es irreversible, no toda falta es incorregible, no toda tacha es imborrable, no todo fallo es imperdonable. Es más, creo que Jorge Heriberto quiere recordarnos que tenemos que seguir adelante en nuestro proyecto de vida, levantándonos en nuestras caídas (esto lo añado yo), incluso cuando nos encontremos sobre suelo poco firme y resbalemos. Es, en el fondo, un mensaje de ánimo y de optimismo, de denuedo y de coraje.

Así que caminemos, tarareando, si queréis, aquello de Luis Aguilé: «Camina, camina, no mires atrás…».

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