viernes, 2 de septiembre de 2011

Un pensamiento de san Gregorio Magno

Hola, corazones

Concluyen las vacaciones, comienza de nuevo el curso escolar, laboral, la rutina familiar, etc., y vuelven con ello los topicazos sobre la depresión posvacacional y zarandangas semejantes. Con lo fácil que es asumir que cada tiempo tiene sus ocupaciones, que debemos ocuparnos más de vivir el momento con intensidad, que tenemos un mandato, el del amor, que incluye no sólo amar a los enemigos (si se puede amar a los enemigos, no será demasiado difícil amar a los jefes, ¿no?), sino también amarse a uno mismo. Y autodeprimirse con la chuminada esa del estrés posvacacional no es amor, sino autodestrucción.

Duro vengo. O exigente. Quizá por influencia de los profundos y certeros pensamientos que uno encuentra en la excelsa Agenda San Pablo 2011 (ya a la venta la Agenda San Pablo 2012). Como muestra, ved qué pensamiento nos propone, merced a la selección del editor de las agendas, un pontífice santo como el que celebramos mañana mismo:

«No cree verdaderamente sino quien, en su obrar, pone en práctica lo que cree» (san Gregorio Magno).

Ah, no, eso sí que no. Las creencias son una cosa de la intimidad personal y no tienen por qué salir a la luz ni hacerse patentes en la vida pública... Frases como esta la hemos oído muchas veces, y es una cantinela que a fuerza de repetirla ha llegado a calar en estratos más profundos de lo permisible. Pero no es así, sino más bien como nos exhorta nuestro santo papa magno: «No cree verdaderamente sino quien, en su obrar, pone en práctica lo que cree».

Porque si dices creer una cosa y no la pones en práctica, y no actúas en consecuencia con tus creencias, ¿en qué crees?, ¿qué credibilidad, qué testimonio estás ofreciendo a los demás sobre tu creencia?, ¿qué nivel de coherencia y estabilidad tiene tu existencia íntima y personal? Cero, como dicen ahora los language destroyers.

Recientemente se nos ha invitado a mantenernos firmes en la fe, arraigados en la persona que es el centro de nuestra fe. Una fe que hay que conocer, en la que hay que profundizar, que hay que alimentar. Una persona que hay que frecuentar, a la que hay que seguir, a la que hay que imitar.

Dos papas se unen en el tiempo para recordarnos que la fe sin obras es vana teoría líquida, si no gaseosa, y que las obras sin fe son emplastos sin fundamento. Fe, obras y amor (incluso a uno mismo, el peor enemigo). Creencias que han de obrarse para alcanzar la realidad.

No hay comentarios: