miércoles, 9 de abril de 2008

Gualberto, el cerdito piloto

Hace ya algún tiempo, me encargaron en la editorial la adaptación al verso de la traducción de un pequeño libro infantil. El original inglés también estaba en verso, y la traductora se había declarado incapaz de realizar la adaptación al verso. Entusiasmado por el ofrecimiento, acometí la tarea con mucha ilusión, a pesar de la dificultad, pues la historia argumental ofrecía poco juego: un pequeño cerdito que siempre está lleno de barro y nunca se lava es amonestado por su madre, que le dice que cuando se lave los cerdos volarán; incluso sus amigos, los animales de la granja, le repiten la misma cantinela, así que él, ni corto ni perezoso, se lava y, una vez limpio, se encierra en el cobertizo, se construye unas alas y echa a volar.
Pues bien, al final logré construir un pequeño poema con una estructura rítmica marcada y una rima sencilla pero muy sonora. Lo entregué y el libro siguió su curso: fue maquetado, revisado y enviado a imprenta. Ahora, cuando ha llegado impreso y está listo para salir a la venta, me encuentro que el texto impreso no coincide con el que yo entregué. Como me gusta más el mío, aquí lo dejo:

Era la cerda Roberta
una madre muy atenta
que en brazos siempre tenía
a su más pequeña cría.

Su otro hijo era un cerdo
que se llamaba Gualberto
y andaba siempre muy guarro
revolcándose en el barro.

Oink, oink, chof, plof, splish, splush, glub, glups.
¡Gualberto, no seas marrano, que tú eres un Serrano!

«¡Ay, Gualberto, no seas puerco!
Vas mugriento y apestoso,
todo sucio y asqueroso.
Sal del barro, no seas terco».

Su madre le repetía:
«Pronto el cerdo volaría
si te quisieras lavar
y tu lomo bien frotar».

Oink, oink, chof, plof, splish, splush, glub, glups.
¡Gualberto, no seas marrano, que tú eres un Serrano!

Como puede imaginarse,
a Gualberto le gustaba
en el barro remojarse
y enfangarse hasta la cara.

«Sólo queda una esperanza:
si queremos limpio al cerdo,
aislaremos a Gualberto»,
se dijeron en la granja.

Oink, oink, chof, plof, splish, splush, glub, glups.
¡Gualberto, no seas marrano, que tú eres un Serrano!

«Nadie a mi lado se acerca
porque me dicen que huele.
Pero es que estar solo duele
–piensa Gualberto en la alberca–.

Si por mi apestoso hedor
me he quedado sin amigos,
volverán todos conmigo
al oler como una flor».

Oink, oink, chof, plof, splish, splush, glub, glups.
¡Gualberto, date un buen baño para ser un buen Serrano!

Gualberto en el baño entró
dispuesto a su piel lavar,
con agua y mucho jabón
sus mil manchas a quitar.

Después de una hora o más
de jabones y frotados,
de aclarados y secados,
la suciedad quedó atrás.

Oink, oink, chof, plof, splish, splush, glub, glups.
¡Gualberto, date un buen baño para ser un buen Serrano!

«Ahora que me he lavado
hasta respiro mejor,
y mi pelo perfumado
huele que es un primor».

Junto al prado caminaba
cuando le pasó un tractor
y un gran barrizal borró
la sonrisa de su cara.

Oink, oink, chof, plof, splish, splush, glub, glups.
¡Gualberto, date un buen baño para ser un buen Serrano!

El pobre cerdo Gualberto
se quedó paralizado:
¡otra vez todo embarrado,
de sucio lodo cubierto!

En la granja se reían:
«¡Pues los cerdos volarían
si en vez de en el barro hozar,
tú te quisieras lavar!».

Oink, oink, chof, plof, splish, splush, glub, glups.
¡Gualberto, el aire es sano para ser un buen Serrano!

Gualberto tuvo una idea:
del cobertizo cogió
clavos, madera y brea
y en su casa se encerró.

Allí serraba y cortaba,
martillaba con tesón,
encolaba y embreaba
y cantaba una canción.

Oink, oink, chof, plof, splish, splush, glub, glups.
¡Gualberto, el aire es sano para ser un buen Serrano!

¡Ta-cháán!

Sus amigos en la granja
le miraban extrañados
y le decían: «¡Chiflado!
¡Te vas a romper la panza!».

Gualberto se desternilla
de la risa que le da,
y tomando carrerilla,
de un salto en el aire está.

Oink, oink, chof, plof, splish, splush, glub, glups.
¡Gualberto, el aire es sano para ser un buen Serrano!

Ahora el cerdito apestoso
es feliz porque es famoso
y en su lomo hacia las nubes
todos sus amigos suben,

y ríen con alboroto
cuando vuelan contra el viento.
Y Gualberto está contento
de ser el cerdo piloto.

¡Qué bien que los cerdos vuelen!

1 comentario:

Anónimo dijo...

solo una pregunta ¿el cerdito gualberto, de tu poema, está basado en una persona real?
No sólo es por el nombre que le das,de forma velada incluye tambien su apellido y.... su personalidad!
Se trata de alguien que conoci hace mucho tiempo, y sí, entonces era un auténtico cerdito.
Puede ser todo una coincidencia pero me ha hecho gracia. volveré a leer tu blog